“Mala intención u ocultamiento de información”
En la página 8 del “Río Negro” del 28 de enero se comenta una (“tensa”) reunión con organismos de derechos humanos de la que habría participado el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, a quien se le atribuyen expresiones que lo desubican absolutamente de la realidad histórica de nuestro país de los últimos 40 años o significan una confesión que lo pondría en situación de concurrir a los tribunales federales donde se juzguen hechos del terrorismo de Estado que asoló el país entre 1976 y 1983 a aportar los datos que, según sus dichos, posee. Afirma con convicción (y no me he enterado de ninguna desmentida de su parte sobre la citada nota): “Aquí no hubo 30.000 desaparecidos, se arregló ese número en una mesa”. Es, si se quiere, una revelación que lo ubica en una situación de privilegio, pues significa que sería poseedor de un secreto que no muchos comparten pero que hasta ahora ninguno ha revelado en los distintos juicios que se están desarrollando contra quienes llevaron a cabo las más aberrantes violaciones a los derechos humanos, políticos y sociales durante los tiempos del terrorismo de Estado. En busca de la verdad, bien podría tomarse la iniciativa desde algún juzgado o tribunal oral federal de actuar de oficio requiriendo al Sr. Lopérfido que preste declaración sobre lo que, de acuerdo con su afirmación, sabe sobre el particular, porque si afirma que no hubo 30.000 desaparecidos debe tener mínimamente conocimiento de otra cifra que debería aportar en beneficio de la investigación e igualmente informar a la Justicia sobre qué “mesa”, con quién o quiénes y qué clase de “arreglo” se hizo. Aunque lamentablemente ha pasado mucho tiempo desde que por sus dichos se supone que el Sr. Lopérfido posee tan importantes datos, está a tiempo aún de sincerarse ante la Justicia y brindar la información que posee y sus orígenes para que se pueda seguir avanzando en busca de la verdad sobre tan terribles crímenes de lesa humanidad que se cometieron en la etapa más negra de la historia argentina. Si esta tardía “confesión” suya le ha servido para tranquilizar su conciencia por algo que oculta y lo está atormentando, nada mejor que proceder a sincerarse ante la Justicia aportando, además, datos de importancia para la continuidad de su accionar en busca de la verdad. Antonio Oscar Ragni DNI 7.385.689 Neuquén
Antonio Oscar Ragni DNI 7.385.689 Neuquén
En la página 8 del “Río Negro” del 28 de enero se comenta una (“tensa”) reunión con organismos de derechos humanos de la que habría participado el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, a quien se le atribuyen expresiones que lo desubican absolutamente de la realidad histórica de nuestro país de los últimos 40 años o significan una confesión que lo pondría en situación de concurrir a los tribunales federales donde se juzguen hechos del terrorismo de Estado que asoló el país entre 1976 y 1983 a aportar los datos que, según sus dichos, posee. Afirma con convicción (y no me he enterado de ninguna desmentida de su parte sobre la citada nota): “Aquí no hubo 30.000 desaparecidos, se arregló ese número en una mesa”. Es, si se quiere, una revelación que lo ubica en una situación de privilegio, pues significa que sería poseedor de un secreto que no muchos comparten pero que hasta ahora ninguno ha revelado en los distintos juicios que se están desarrollando contra quienes llevaron a cabo las más aberrantes violaciones a los derechos humanos, políticos y sociales durante los tiempos del terrorismo de Estado. En busca de la verdad, bien podría tomarse la iniciativa desde algún juzgado o tribunal oral federal de actuar de oficio requiriendo al Sr. Lopérfido que preste declaración sobre lo que, de acuerdo con su afirmación, sabe sobre el particular, porque si afirma que no hubo 30.000 desaparecidos debe tener mínimamente conocimiento de otra cifra que debería aportar en beneficio de la investigación e igualmente informar a la Justicia sobre qué “mesa”, con quién o quiénes y qué clase de “arreglo” se hizo. Aunque lamentablemente ha pasado mucho tiempo desde que por sus dichos se supone que el Sr. Lopérfido posee tan importantes datos, está a tiempo aún de sincerarse ante la Justicia y brindar la información que posee y sus orígenes para que se pueda seguir avanzando en busca de la verdad sobre tan terribles crímenes de lesa humanidad que se cometieron en la etapa más negra de la historia argentina. Si esta tardía “confesión” suya le ha servido para tranquilizar su conciencia por algo que oculta y lo está atormentando, nada mejor que proceder a sincerarse ante la Justicia aportando, además, datos de importancia para la continuidad de su accionar en busca de la verdad. Antonio Oscar Ragni DNI 7.385.689 Neuquén
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