Mala señal

Que la renuncia de Maccarone al Banco Central se haya debido a presiones de"la plítica" del gobierno causa más preocupación en el país y en el exterior.

Redacción

Por Redacción

Es muy posible que el próximo presidente del Banco Central, Mario Blejer, sea dueño de un perfil que es mucho más apropiado para los tiempos que corren, que aquel de su ya ex jefe, Roque Maccarone, pero el que la renuncia de éste se haya debido a las presiones de los diputados peronistas y de otros integrantes de la llamada «ala política» del gobierno no puede sino causar más preocupación tanto en el país como en el exterior. En efecto, al reeditar de este modo el mismo melodrama que nueve meses antes culminó con la defenestración de Pedro Pou por motivos que tenían más que ver con los prejuicios ideológicos de sus críticos y sus vínculos con el menemismo que con su desempeño profesional, los políticos que lograron desplazar a Maccarone han contribuido a intensificar la impresión de que el país está en manos de populistas irresponsables resueltos a «subordinar lo económico a lo político».

Para impedir que la imagen nada buena que el gobierno de Eduardo Duhalde ya ha adquirido en las capitales más importantes del mundo no se degrade todavía más, Blejer tendrá que actuar desde el vamos con el máximo rigor aun cuando hacerlo lo dejara expuesto al riesgo de verse convertido en el blanco preferido de los dardos de los diputados oficialistas. En tal caso, sus años como funcionario del Fondo Monetario Internacional serían tomados por evidencia de su «incompatibilidad» con el resto del gobierno duhaldista, a pesar de que en buena lógica deberían considerarse una ventaja indiscutible.

Además de conseguir remover a Maccarone, los políticos oficialistas se las han ingeniado para herir a Jorge Remes Lenicov que, antes de la caída del banquero, había insistido en que su eventual «paso al costado» en un momento como el actual no convencería a nadie de que el gobierno estuviera realmente decidido a emprender un esfuerzo serio por hacer frente a una crisis que ya ha cobrado dimensiones alucinantes y que parece destinada a continuar agravándose. Si bien muchos creen que el manejo por parte de Maccarone de las secuelas del «corralito» dejaron bastante que desear, el ministro de Economía entendía que la inconveniencia de alejarlo de su cargo sería mayor que los eventuales beneficios.

Aunque pocos negarían que Remes Lenicov es el mejor gerente económico de que disponen los duhaldistas, la sensación de que antes de actuar se ve obligado a «consensuar» sus propuestas no sólo con el presidente y sus colegas del gabinete sino también con los parlamentarios peronistas, está provocando un malestar creciente porque el ministro encarna el sentido común en un conjunto notorio por su propensión a entregarse al voluntarismo. Puede que en tiempos más tranquilos al gobierno le conviniera anteponer el consenso, por difícil que éste fuera en vista de las particularidades del ala política duhaldista, a la capacidad para obrar con rapidez de forma contundente, pero se trata de un lujo que en las circunstancias actuales no está en condiciones de permitirse.

En los países más avanzados se da por descontado que el Banco Central debería disfrutar de la plena independencia, porque de lo contrario no le será dado cumplir su función básica que consiste en defender el valor de la moneda. Es éste el caso en Estados Unidos, la «eurozona» de la Unión Europea y el Reino Unido, jurisdicciones en que cualquier amago encaminado a reducir la autonomía del Banco Central o su equivalente desencadenaría en seguida una convulsión financiera. Pues bien: si en países notorios por la mesura de los políticos -en el «Primer Mundo» se considera exótica la idea de que los «técnicos» a cargo del Ministerio de Economía son los enemigos naturales del «ala política» de turno- es necesario respetar la independencia del Banco Central, en la Argentina es fundamental. Así las cosas, es fácil entender las razones por las que el espectáculo esporádicamente representado por «dirigentes», a menudo respaldados por algunos medios de comunicación, que por los motivos que fueran deciden dedicarse alegremente a provocar la remoción de un presidente del Banco Central tras otro nos está ocasionando mucho daño que, huelga decirlo, sólo sirve para empeorar todavía más la situación del país y de sus habitantes.


Es muy posible que el próximo presidente del Banco Central, Mario Blejer, sea dueño de un perfil que es mucho más apropiado para los tiempos que corren, que aquel de su ya ex jefe, Roque Maccarone, pero el que la renuncia de éste se haya debido a las presiones de los diputados peronistas y de otros integrantes de la llamada "ala política" del gobierno no puede sino causar más preocupación tanto en el país como en el exterior. En efecto, al reeditar de este modo el mismo melodrama que nueve meses antes culminó con la defenestración de Pedro Pou por motivos que tenían más que ver con los prejuicios ideológicos de sus críticos y sus vínculos con el menemismo que con su desempeño profesional, los políticos que lograron desplazar a Maccarone han contribuido a intensificar la impresión de que el país está en manos de populistas irresponsables resueltos a "subordinar lo económico a lo político".

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora