Malditas AFJP

Redacción

Por Redacción

GUSTAVO CHOPITEA (*)

Uno de los manotazos más audaces y perjudiciales del kirchnerismo a los recursos de los argentinos fue, en su momento, la estatización de los recursos y las carteras de inversión de las llamadas AFJP, lo que ocurrió después de proceder a demonizarlas hábilmente de modo que no se advirtiera que en los hechos, más allá de la retórica, el fervor del populismo y los biombos utilizados, se estaban confiscando los ahorros, esto es, el fruto del trabajo de futuros jubilados y pensionados y, peor aún, destruyendo el único mecanismo que existía de creación de ahorro privado a largo plazo. No obstante, las calles de nuestras ciudades no se llenaron de protestas ni de críticas siquiera, a pesar de la gravedad de lo sucedido. Para lograr su cometido, desde el poder (con el aporte del enorme multimedio oficial) se llenó a la gente de desconfianza acerca del mecanismo de las AFJP. Y se definió al Estado como la única institución confiable en lo que a respetar y mantener íntegros los ahorros de la seguridad social privada se refería. Chile, en cambio, no cometió ese error. Y siguió adelante –con coherencia– con sus AFJP (allí denominadas AFP). Las consecuencias están hoy claramente a la vista. En la última década, pese a las muy graves crisis financieras del 2002 y del 2008 y su impacto sobre las cotizaciones de acciones y bonos, los “multifondos” que han sido administrados por las AFP chilenas desde el 2002 generaron una renta interesante, que oscila entre el 4 y el 6,5% anual según sea el respectivo grado de riesgo escogido por los inversores. Los multifondos caracterizados por la mayor cuota de riesgo generaron, siempre en la última década, un beneficio real para sus inversores del 85% de lo invertido. Los multifondos más conservadores, por su parte, un 46%. Curiosamente, el 60% de los inversores previsionales trasandinos optó por invertir sus ahorros en los “multifondos” de perfiles más riesgosos. Pero muchos, sin embargo, prefirieron distribuirlos entre fondos de perfiles diferentes para así tratar de equilibrar sus propios riesgos. Cabe recordar que, normalmente, los más jóvenes tienden a asumir mayor riesgo, mientras que los inversores que, en cambio, están próximos a retirarse de la vida laboral activa prefieren invertir en los multifondos cuyas carteras de activos son más “conservadoras”. El sistema privado de previsión chileno, creado en 1981, está vivo. Y sano. Chile cuenta entonces con un volumen importante de ahorro privado nacional que puede invertirse y prestarse a largo plazo. Nosotros no. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional


GUSTAVO CHOPITEA (*)

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