Maniobras peronistas

Redacción

Por Redacción

Los convencidos de que, una vez terminado el mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al oficialismo actual le resultará imposible retener mucho poder, suelen pasar por alto el hecho de que los dos presidenciables con mayor intención de voto, Sergio Massa y Daniel Scioli, han formado parte del gobierno kirchnerista y pertenecen al mismo movimiento político, uno que a través de los años siempre ha ofrecido a compañeros coyunturalmente caídos en desgracia oportunidades para reincorporarse. Frente al previsto hundimiento de la fracción kirchnerista, distintos dirigentes peronistas están esforzándose por asegurarnos que, las apariencias no obstante, el “proyecto” de Néstor Kirchner y su esposa tiene muy poco que ver con el resto del movimiento. Los llamados disidentes están reeditando lo que hicieron ellos mismos o sus precursores a finales del siglo pasado, cuando Carlos Menem dejaba de suministrarles votos en cantidades adecuadas. En aquella ocasión lograron lo que se habían propuesto; luego de un interludio en que una coalición de radicales y centroizquierdistas procedentes del peronismo intentó en vano manejar lo heredado de los menemistas, reconquistaron el poder mediante un “golpe civil”. A juzgar por la evolución de las encuestas de opinión, lo lograrán en esta oportunidad sin sentirse constreñidos a violar las reglas democráticas. Con todo, los operadores peronistas aún no han llegado a un consenso sobre la manera más eficaz de minimizar los costos políticos supuestos por el fracaso del modelo populista de Cristina. Para algunos, convendría repudiarlo como algo que les es ajeno; para otros, lo mejor sería fingir creer que sólo necesita algunos retoques apenas perceptibles. Así, pues, mientras que el exintendente de Tigre parece haber roto por completo con Cristina y su entorno, el gobernador bonaerense sigue insistiendo en que es un militante leal que nunca soñaría con oponérsele. Por lo pronto, parecería que la estrategia elegida por Massa de diferenciarse radicalmente de la presidenta le ha dado mejores resultados que los conseguidos por Scioli que, para frustración de sus allegados, ha soportado con estoicismo un tanto burlón las críticas virulentas no sólo de los izquierdistas de Carta Abierta sino también de Cristina misma que, en Río Gallegos hace unos días, lo tenía en mente cuando afirmó que a su entender “es lindo sonreír siempre y decirle a todo que sí” pero a veces es necesario actuar, acusándolo así de no hacer lo suficiente para resolver ya los conflictos laborales que están agitando la provincia de Buenos Aires. De quererlo, Scioli podría recordarle a Cristina que en todas partes del país la industria se ha frenado abruptamente a causa de una gestión económica lamentable pero, fiel al credo pacifista que le ha permitido conservar un grado de popularidad muy superior al de la presidenta o de cualquier otro miembro del elenco declaradamente oficialista, prefiere continuar sonriendo con la esperanza evidente de que, al darse cuenta los kirchneristas de que no tienen otro candidato serio, finalmente opten por dejarle aprovechar los recursos del Estado nacional, lo que le brindaría una ventaja enorme cuando la campaña electoral entre en su etapa culminante. La capacidad realmente notable del peronismo de reinventarse adaptándose sin complejos a circunstancias cambiadas es motivo de gran frustración para la centroderecha de Mauricio Macri y la centroizquierda del Frente Amplio-UNEN. De ser la Argentina un país democrático “normal”, a esta altura la mayoría querría probar suerte con algo nuevo, pero sucede que una proporción muy significante del electorado sigue pensando que la única alternativa aceptable a una fracción peronista que acaba de fracasar será otra del mismo origen. Puede que dicha realidad se modifique en los próximos meses de resultar peor de lo previsto la recesión inflacionaria que tantos estragos sociales ya está ocasionando, pero por ahora los mejor ubicados para aprovechar las deficiencias patentes del gobierno peronista de Cristina son los compañeros Massa y Scioli que, de más está decirlo, no tienen ninguna intención de aliarse, como ha aconsejado el compañero Eduardo Duhalde, ya que en tal caso los hartos de la prolongada hegemonía peronista podrían desafiarla con mayor facilidad.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 9 de junio de 2014


Los convencidos de que, una vez terminado el mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al oficialismo actual le resultará imposible retener mucho poder, suelen pasar por alto el hecho de que los dos presidenciables con mayor intención de voto, Sergio Massa y Daniel Scioli, han formado parte del gobierno kirchnerista y pertenecen al mismo movimiento político, uno que a través de los años siempre ha ofrecido a compañeros coyunturalmente caídos en desgracia oportunidades para reincorporarse. Frente al previsto hundimiento de la fracción kirchnerista, distintos dirigentes peronistas están esforzándose por asegurarnos que, las apariencias no obstante, el “proyecto” de Néstor Kirchner y su esposa tiene muy poco que ver con el resto del movimiento. Los llamados disidentes están reeditando lo que hicieron ellos mismos o sus precursores a finales del siglo pasado, cuando Carlos Menem dejaba de suministrarles votos en cantidades adecuadas. En aquella ocasión lograron lo que se habían propuesto; luego de un interludio en que una coalición de radicales y centroizquierdistas procedentes del peronismo intentó en vano manejar lo heredado de los menemistas, reconquistaron el poder mediante un “golpe civil”. A juzgar por la evolución de las encuestas de opinión, lo lograrán en esta oportunidad sin sentirse constreñidos a violar las reglas democráticas. Con todo, los operadores peronistas aún no han llegado a un consenso sobre la manera más eficaz de minimizar los costos políticos supuestos por el fracaso del modelo populista de Cristina. Para algunos, convendría repudiarlo como algo que les es ajeno; para otros, lo mejor sería fingir creer que sólo necesita algunos retoques apenas perceptibles. Así, pues, mientras que el exintendente de Tigre parece haber roto por completo con Cristina y su entorno, el gobernador bonaerense sigue insistiendo en que es un militante leal que nunca soñaría con oponérsele. Por lo pronto, parecería que la estrategia elegida por Massa de diferenciarse radicalmente de la presidenta le ha dado mejores resultados que los conseguidos por Scioli que, para frustración de sus allegados, ha soportado con estoicismo un tanto burlón las críticas virulentas no sólo de los izquierdistas de Carta Abierta sino también de Cristina misma que, en Río Gallegos hace unos días, lo tenía en mente cuando afirmó que a su entender “es lindo sonreír siempre y decirle a todo que sí” pero a veces es necesario actuar, acusándolo así de no hacer lo suficiente para resolver ya los conflictos laborales que están agitando la provincia de Buenos Aires. De quererlo, Scioli podría recordarle a Cristina que en todas partes del país la industria se ha frenado abruptamente a causa de una gestión económica lamentable pero, fiel al credo pacifista que le ha permitido conservar un grado de popularidad muy superior al de la presidenta o de cualquier otro miembro del elenco declaradamente oficialista, prefiere continuar sonriendo con la esperanza evidente de que, al darse cuenta los kirchneristas de que no tienen otro candidato serio, finalmente opten por dejarle aprovechar los recursos del Estado nacional, lo que le brindaría una ventaja enorme cuando la campaña electoral entre en su etapa culminante. La capacidad realmente notable del peronismo de reinventarse adaptándose sin complejos a circunstancias cambiadas es motivo de gran frustración para la centroderecha de Mauricio Macri y la centroizquierda del Frente Amplio-UNEN. De ser la Argentina un país democrático “normal”, a esta altura la mayoría querría probar suerte con algo nuevo, pero sucede que una proporción muy significante del electorado sigue pensando que la única alternativa aceptable a una fracción peronista que acaba de fracasar será otra del mismo origen. Puede que dicha realidad se modifique en los próximos meses de resultar peor de lo previsto la recesión inflacionaria que tantos estragos sociales ya está ocasionando, pero por ahora los mejor ubicados para aprovechar las deficiencias patentes del gobierno peronista de Cristina son los compañeros Massa y Scioli que, de más está decirlo, no tienen ninguna intención de aliarse, como ha aconsejado el compañero Eduardo Duhalde, ya que en tal caso los hartos de la prolongada hegemonía peronista podrían desafiarla con mayor facilidad.

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