Marilyn Monroe, la mujer de los sueños, en el Borges

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

Por Redacción

APUNTES DE LA CULTURA

Marilyn Monroe, uno de los pocos íconos indestructibles del siglo XX, se exhibe una vez más con su misteriosa belleza y su tortuosa vida, esta vez con una muestra de sus fotos menos conocidas que se presenta en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires.

“Marilyn: La mujer de los sueños”, tal el título de la exposición, está compuesta por noventa fotografías de diversas épocas de la actriz, muchas de ellas tomadas en su trabajo en los estudios cinematográficos como otras anteriores a su salto a la fama. De este período es una foto de propaganda para el Ejército de los Estados Unidos de 1945 que funcionó como virtual trampolín al estrellato de la entonces joven modelo.

Las imágenes pertenecen a la colección de la Bilderwelt Galerie de Berlín y fueron seleccionadas por Blanca Monzón y Reinhardt Schultz.

Muchas de estas fotografías reflejan los años dorados de la actriz en Hollywood y fueron tomadas durante los rodajes de varias de sus películas para ser distribuidas a la prensa, en lo que se conoce como still photos, fotos tomadas en pleno rodaje o en los descansos de la filmación y que sirven para promocionar el filme y sus actores.

Así vemos imágenes de producciones inolvidables como Los caballeros las prefieren rubias (1953), Almas perdidas (1954), La comezón del séptimo año (1955) y el que fuera su último y más logrado trabajo, Los inadaptados (1961), película dirigida por John Huston dos años antes del fallecimiento de la diva en Los Ángeles en lo que, se dijo, fue un suicidio y, se cree, fue un asesinato con marcadas connotaciones políticas.

En las fotos que integran la muestra se puede ver también a dos de sus tres maridos, el dramaturgo Arthur Miller y la estrella del béisbol Joe di Maggio.

Icono absoluto del pop art, Marilyn Monroe ha sido inmortalizada en todas las artes, no sólo en películas y fotografías, sino también en pinturas, canciones y poemas. Como muestra se pueden citar aquella escena del vestido blanco en “La comezón…”, con la falda flotando sobre el respiradero del subterráneo en Nueva York; las multicolores serigrafías que de su rostro realizara Andy Warhol, y los versos que le dedicaran desde el poeta nicaraguense Ernesto Cardenal al cantautor británico Elton John.

La inmutable vigencia de su figura es uno de los testimonios estéticos inconmovibles de la segunda mitad del siglo XX que se prolonga al presente siglo, y tanto su imagen como su persona están ligadas a momentos emblemáticos de la década del 50 y del 60.

No fue sólo una cara y un cuerpo bonitos. Fue esto y mucho más. Su presencia a través de su propia imagen atraviesa parte de la historia más caliente de los Estados Unidos del siglo XX, el siglo en blanco y negro, y permanece milagrosamente en pie en el siglo XXI, el siglo de Internet. Y como todo mito, guarda mil rostros, muchos de ellos desconocidos, que salen a la luz cada año por las investigaciones de sus biógrafos que le insuflan nueva vida a la ya inmortal leyenda.

Como su faceta de pensadora feminista de fuertes ideales, impensada hasta hoy. O como su talento de gran actriz, del cual da testimonio, entre otros, el propio Lee Strasberg, su maestro en el Actor’s Studio. O como la poeta que el gran mundo literario de su época ignoró y que alguna vez escribiera transida por el desamparo del desamor:

Estoy sola, siempre estoy sola

Sea como sea

No hay nada que temer

Salvo el propio miedo


Exit mobile version