Más de lo mismo

Columna semanal

Por Redacción

El disparador

Dos jóvenes caminaban con cierta prisa por el pasillo. Iban tomados de la mano, serios, callados. Ella se detuvo ante el mostrador y, tras disculparse por haber llegado tarde, se anunció con la secretaria del doctor Raúl Mercado. Luego, la pareja divisó dos asientos vacíos en la sala de espera y los ocupó. A su lado estaba Isidoro Reyes hojeando una revista “Caras”, que enseguida dejó sobre una mesita que tenía delante suyo. En el silencio de la sala, la pareja empezó a hablar.

-Algo tiene que cambiar para que nada cambie -dijo ella, que tenía sobre su falda “El Gatopardo”, una novela del italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

– ¿Segura?

– Bueno, más o menos.

– Mmm… -murmuró él, juntando los labios.

– ¿Vos pensás que si algo cambia todo lo demás cambia?

– No sé.

– Porque a veces algo cambia en la superficie, pero todo sigue igual.

– …

– ¿Qué pasa, Gastón?

– Nada, Camila.

– Otras veces, algo cambia y todo cambia.

– ¿Y? -dijo él, seco.

– Nada… Nunca sabemos nada… No sé, me gusta hablar. Pero veo que vos no tenés mucho para decir, ¿no? Claro, Gastón nunca dice nada, eh.

Reyes levantó la mirada. En un televisor, sin sonido, caminaba un león. Era un documental de National Geographic. El rey de la selva avanzaba a paso lento por una sabana interminable, que podía ser en África. Era como si el león fingiera ser inofensivo, estar dormido o tener pereza. De pronto, se comenzó a arrastrar como un soldado cuerpo a tierra. Delante suyo había una manada de búfalos. En un momento, el león se lanzó en carrera y apuntó a uno de ellos, que quedó rezagado mientras el resto huía. Lo persiguió, lo alcanzó y se le lanzó encima. Lo volteó.

“¡Camila Maltempo!”, llamó la secretaria. Reyes resopló al ver que la mujer, que había llegado después que él, ingresaba al consultorio. Unos minutos después, a su lado, el muchacho llamado Gastón comenzó a hablar por celular, en voz baja.

– ¿Qué hacés?

– …

– No, no, todavía no le dije.

– …

– Teneme paciencia, ¿dale?

– …

– No es fácil, es un momento complicado.

– …

– Voy a esperar los resultados.

– …

– Igual las cosas van a cambiar…

– …

– Una cosa lleva a la otra, vas a ver.

– …

– Una cosa cambia y todo lo demás cambia.

– …

– Bueno, chau, besito, chau… Después te llamo.

Apareció la mujer, con el rostro serio, a paso lento. Era como si se hubiera desinflado dentro del consultorio. Gastón la miró, se acomodó el cuello de la camisa y con una media sonrisa le preguntó cómo le había ido con el doctor.

– ¿Con quién hablabas? -dijo ella.

– Nada, un proveedor, más de lo mismo -respondió él, que le dio la mano, mientras se alejaron por el pasillo.

Juan Ignacio Pereyra

pereyrajuanignacio@gmail.com


Exit mobile version