Más grietas

Desde hace años, el PJ es un aglomerado de políticos con ideas diversas y resistencia a examinarlas.

Redacción

Por Redacción

Si el Partido Justicialista fuera una organización disciplinada, «monolítica», que estuviera firmemente comprometida con un programa político bien definido, la decisión de algunos senadores de separarse de los demás para formar un minibloque aparte sería un asunto de importancia considerable que plantearía a la Alianza gobernante una oportunidad que acaso pudiera aprovechar. Asimismo, de existir buenos motivos para la ruptura, podría desatarse un debate muy útil que ayudaría a la ciudadanía a entender mejor lo que está sucediendo en el seno de la clase política nacional. Pero ocurre que desde hace más de un cuarto de siglo el PJ es un aglomerado de políticos que se caracteriza no sólo por la extrema diversidad de sus ideas sino también por su resistencia a examinarlas, de suerte que la probabilidad de que los senadores Alberto Rodríguez Saá, Eduardo Varizat y Héctor Maya se rebelen formalmente contra la conducción de Augusto Alasino no ha constituido una sorpresa. Por el contrario, lo sorprendente es que hasta ahora, a pesar de la proliferación de líneas internas y de la brecha que se ha producido entre los seguidores del ex presidente Carlos Menem y otros referentes partidarios, ha sido posible tratar a los senadores peronistas como integrantes de un solo «bloque» aunque lo único que los ha mantenido «unidos» ha sido la defensa de ciertos intereses corporativos. Huelga decir que los planteos que están formulándose en el Senado no aportarán nada a la evolución del pensamiento justicialista: lo que importa son las relaciones personales, no las hipotéticas diferencias doctrinarias.

De todos modos, es de prever que en los meses próximos se produzcan más grietas en la bancada peronista del Senado por razones que no tendrán nada que ver con las eventuales discrepancias de los protagonistas en torno a la mejor forma de afrontar los problemas gravísimos que preocupan a la mayoría de los argentinos. Es que no hay un solo senador que no se sienta preocupado por la cercanía de las elecciones del año que viene en las que, por primera vez, serán elegidos directamente por los ciudadanos y no, como ha sido el caso hasta ahora, por otros políticos, cambio éste que algunos enfrentan con tanto temor que ni siquiera intentarán candidatearse. En cuanto a los senadores que sí creen estar en condiciones de agradar a los votantes casi tanto como a los miembros de la clase política de su provincia, muchos saben que les convendrá diferenciarse de sus pares de una bancada cuya reputación colectiva está por el suelo. Por cierto, a pocos los ayudaría ser conocidos por su «lealtad» hacia la figura de Alasino, personaje acusado de enriquecimiento ilícito, causa que podría ser reactivada por la Alianza antes de que se ponga en marcha la campaña electoral.

Según parece, la «disidencia» del senador entrerriano Maya se debe a que considera a su comprovinciano Alasino un rival peligroso en la lucha por conservar su banca, mientras que tanto el puntano Rodríguez Saá como el santacruceño Varizat siempre han sido «rebeldes» a la conducción partidaria nacional. a raíz de las ambiciones de la familia de aquél y los vínculos de éste con el matrimonio antimenemista Kirchner. Puesto que los dos últimos cuentan con bases territoriales relativamente fuertes, su eventual reelección no dependería de la actitud de los jefes formales ni del PJ en su conjunto, ni del «bloque» peronista en la cámara alta. Además, saben que otros senadores están pensando en emularlos a fin de impresionar a los votantes de sus respectivas provincias por su presunta voluntad de anteponer los intereses locales a aquellos de un movimiento tan dividido que a esta altura nadie sabe muy bien lo que representa. Por lo tanto, parece inevitable que el año final del viejo Senado sea agitado por una multitud de maniobras emprendidas por los resueltos a hacer pensar que ellos por lo menos no son como los demás «padres de la patria», lo cual hace temer que la cámara se las arregle para propinarle al gobierno del presidente Fernando de la Rúa más sustos como el supuesto por aquel voto sorpresivo en contra del «ajuste» nacional porque entre los perjudicados se encontraban los empleados – y familiares – de los senadores mismos.


Si el Partido Justicialista fuera una organización disciplinada, "monolítica", que estuviera firmemente comprometida con un programa político bien definido, la decisión de algunos senadores de separarse de los demás para formar un minibloque aparte sería un asunto de importancia considerable que plantearía a la Alianza gobernante una oportunidad que acaso pudiera aprovechar. Asimismo, de existir buenos motivos para la ruptura, podría desatarse un debate muy útil que ayudaría a la ciudadanía a entender mejor lo que está sucediendo en el seno de la clase política nacional. Pero ocurre que desde hace más de un cuarto de siglo el PJ es un aglomerado de políticos que se caracteriza no sólo por la extrema diversidad de sus ideas sino también por su resistencia a examinarlas, de suerte que la probabilidad de que los senadores Alberto Rodríguez Saá, Eduardo Varizat y Héctor Maya se rebelen formalmente contra la conducción de Augusto Alasino no ha constituido una sorpresa. Por el contrario, lo sorprendente es que hasta ahora, a pesar de la proliferación de líneas internas y de la brecha que se ha producido entre los seguidores del ex presidente Carlos Menem y otros referentes partidarios, ha sido posible tratar a los senadores peronistas como integrantes de un solo "bloque" aunque lo único que los ha mantenido "unidos" ha sido la defensa de ciertos intereses corporativos. Huelga decir que los planteos que están formulándose en el Senado no aportarán nada a la evolución del pensamiento justicialista: lo que importa son las relaciones personales, no las hipotéticas diferencias doctrinarias.

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