"Me comí una malaria de casi dos años"

El último ganador del TC habló con "Río Negro".



En el tercer intento, el celular derivó la llamada a la casilla de mensajes. "Te hablo de Río Negro, si me respondés son un fenómeno".

No pasaron más de cinco minutos cuando sonó el teléfono y del otro lado de la línea se escuchaba la voz inconfundible de Marcos Di Palma: "No soy un fenómeno por llamar, es mi obligación. ¿Para el diario o la radio?", pregunta.

Es para el diario, felicitaciones...

- Gracias, entonces puedo hablar tranquilo, vos sacas las puteadas.

¡Qué revuelo hay por tu triunfo!

- Uff. Fue lindo, aún me emociona la gente. Yo soy de brindarme por ellos, pero estás muestras de afecto te mueven el piso. Y estoy feliz.... recontra contento. Me comí una malaria de 686 días, son casi dos años sin triunfos ni podios en el TC.

Armaste tu propio equipo y llegó el triunfo...

- Fue un desafío. Creo que el año anterior la culpa fue mía. Entre el TC, el TC 2000 y el TN casi no tenía tiempo para encarar una prueba con tranquilidad. Me bajaba de un auto y me subía al otro. Qué hacía con tener un gran presupuesto si después no lo podía aprovechar en la pista.

¿Ahora cambió todo?

- Sí. Y para bien. Tengo mi propio equipo, con el respaldo de grandes profesionales y un apoyo importante. El auto pegó un salto ya había sido competitivo en otras pruebas. Y en esta se dio.

¿En la serie largaste al lado del "Flaco" (por Juan María Traverso)?

- Estaba convencido que no nos íbamos a pegar con Traverso. Dimos espectáculo para la gente, que en definitiva pagando su entrada es la que posibilita que hayan pruebas. Ellos se merecían una alegría. Y la tuvieron.

¿Y la final?

- Estaba para andar adelante. Se equivocó (Christian) Ledesma y yo estaba al acecho. Después a cobrar. Ya había tenido otras oportunidades y las dejé escapar. Esta vez no.

Marcos se metió hace rato en el corazón de muchos. Primero de los hinchas de Chevrolet, luego de las otras marcas.

Después de casi dos años de su última victoria, su éxito en Nueve de Julio motivó alaridos, gritos, cánticos, lágrimas y apretujones entre sus hinchas. Logró su noveno triunfo en el TC, poco para alguien que es idolatrado. Fiel a su costumbre, quemó el caucho trasero con varios trompos en la vuelta de honor, por más que ahora lo sancionen.

"Crecí como persona y ahora aprendí a capitalizar los errores. Me fue muy mal en los dos últimos años, pero nunca bajé los brazos. Seguí con las mismas ganas y voluntad. Creo que alcancé la madurez que necesitaba, no podía seguir haciendo macanas", cuenta antes de interrumpir el monólogo con un "esperá en la línea que es la 'Tana' (su mamá) la que me está llamando.

Después de unos segundos, otra vez deja abierta la puerta para otras preguntas, no tiene apuro.

Es difícil ganar, ¿no?

- Yo puedo dar fe de lo que preguntas. Cuando ganaba seguido pensaba "qué fácil es ganar". Qué equivocado estaba. Nunca perdí la confianza porque jamás me sentí el mejor piloto, pero fue brava la malaria.

El personaje, ese que muchas veces le ganó al piloto, asegura que "este año me fijé como meta afianzar a mi equipo. Quiero ganar tres pruebas como mínimo. Recién en el próximo certamen voy a estar en condiciones de pelear el título".

Raúl Bernal rbernal@rionegro.com.ar

 

"Ni se imaginan la plata que perdí"

"Ni se imaginan la plata que perdí en el TC al no tener resultados", cuenta Marcos Di Palma.

El arrecifeño cobra según una escala de resultados. Por ganar, algo más de 40.000 pesos extra van a sus bolsillos. Del segundo puesto para atrás tiene otros valores, cada vez más pequeños en dinero.

"No es una presión el tema de la plata, lo tomo como un desafío", asegura.

El motorista Jorge Pedersoli y el chasista Alberto Canapino también se llevaron un premio extra por el triunfo del menor de los Di Palma, con cerca de veinte mil pesos cada uno.

Así funciona el mundo de Marcos, quien disfruta de un imán inigualable con la gente y una vida diaria llena de curiosidades.


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