Migraciones: habitar la vulnerabilidad

Adriana Kaufman, Marta Lewin, Clara London*


La hospitalidad se vincula con el reconocimiento de la extranjería del otro y se desarrolla en la ética solidaria de reciprocidad social y protección.


En el mundo crece día a día la cantidad de migrantes y refugiados. La sociedad instauró el Día Internacional del Migrante como testimonio del desamparo que toda migración produce, para ratificar los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Instalarse en un nuevo país, dejar su lugar de origen, sus lazos sociales, vivir en situación de desprotección, ser invisibilizado, son vicisitudes de alto costo emocional. Ser migrante implica habitar la vulnerabilidad.

Jose y Rebeca Grimberg incorporaron en el intercambio entre los psicoanalistas el tema migraciones ya en los años ‘80. Nos hablaron del impacto entre el recién llegado y el grupo receptor; de las ansiedades, los duelos y procesos de elaboración que se sucedían. De los interjuegos, actitudes y reacciones emocionales de quienes migran y del nuevo y del antiguo entorno. 

Acontecimientos que implican cambios importantes en la vida del individuo, como el de la migración, pueden convertirse en factores desencadenantes de amenazas al sentimiento de identidad. La capacidad del individuo de seguir sintiéndose él mismo en la sucesión de cambios forma la base de la experiencia emocional identitaria.Implica mantener la estabilidad a través de circunstancias diversas y de todas las transformaciones y cambios del vivir.

El inmigrante, en su lucha por su autopreservación, necesita aferrarse a distintos elementos de su ambiente nativo (objetos familiares, la música de su tierra, recuerdos y sueños en cuyo contenido manifiesto resurgen aspectos del origen, etc.) para mantener la experiencia del sentirse a sí mismo.

Estas vivencias pueden provenir del conflicto entre el deseo de confundirse y el deseo de diferenciarse para seguir sintiendo el mismo, conflicto que puede originar momentos confusionales por la mezcla entre los dos deseos, dos tipos de sentimientos, dos culturas.

Reubicarse topográficamente en el nuevo territorio y armar un nuevo mapa es una tarea del sujeto que migra. Simbólicamente, se asemeja a operar con instrumentos de medición, se mide lo que se deja, se mide lo que no se posee, se mide lo que se supone se presenta por delante. Las referencias a la topografía y a la cartografía son centrales a la hora de pensar la migración y la pérdida de los puntos cardinales.

También lo son las referencias a la lengua.

La lengua materna es la patria del ser humano. Si nos preguntamos por lo que queda en el sujeto que migra: es la lengua materna. Refugiarse en la lengua materna es sostenerse como sujeto.

Vulnerabilidad desde el punto de vista socio político

El migrante se encuentra por fuera de  una comunidad por el  hecho de no ser nacional. Tiene derecho a tener derechos pero está  a mitad de camino entre asumir su lugar en el orden social instituido y la puesta en cuestión de ese lugar. Como otro, extraño, puede ser inoportuno y perturbar un equilibrio.

Hablar de derechos humanos es incluir al otro en sus diferencias. Es reconocer su diversidad cultural, social, religiosa. El derecho humano es universal y el concepto de membresía política (ciudadano/extranjero) lo vulnera en tanto instaura categorías diferenciales de trato entre seres humanos. Los Estados a través de sus normas, principios y prácticas de incorporación, delimitan quienes poseen categoría de ciudadanos y quienes no. Establecen una frontera política (H. Arendt) que excluye y pone en situación de fragilidad y precarización a quienes son definidos como extranjeros. Pensamos con S. Benhabib que ningún ser humano es ilegal.

Migración cruza lazos con hospitalidad. Las ideas derridianas de hospitalidad y hostipitalidad trabajan en tensión. La hospitalidad se vincula con el reconocimiento de la extranjería del otro y se desarrolla en la ética solidaria de reciprocidad social y protección. La hostipitalidad, un componente de violencia y hostilidad a la que asistimos en las experiencias con la alteridad y lo extranjero, es parte de la hospitalidad. Las manifestaciones anti-hospitalarias son el modo de expresión de aquellos que no toleran lo desconocido de sí mismos.

Quien piensa acerca de lo extraño puede comprender mejor lo propio. Si descubre qué es lo que le resulta extraño podrá saber más acerca de su propia subjetividad. El encuentro con la alteridad del extranjero es el encuentro con lo extraño y la diferencia.      

Pensar en la pureza de las culturas es olvidar que ellas son prácticas humanas complejas que se constituyen a través de diálogos con otras culturas. Lo primero puro no existe. El diálogo con el otro es condición de existencia de la heterogeneidad; es la frontera.

Pensemos que Freud fue un migrante. Perseguido por los nazis tuvo que huir a sus 84 años a Londres, escuchémoslo : “….la recepción que Londres nos reservaba fue cordialísima y los periódicos más serios han publicado breves y amables líneas de bienvenida…..La atmósfera de estos días es difícil de captar, por no decir indescriptible. Al sentimiento de triunfo que experimentamos al vernos en libertad, se suma un porcentaje excesivo de tristeza, pues, a pesar de todo, yo amaba grandemente la prisión de la que me han liberado…Lo deleitoso de cuanto nos rodea….se mezcla con el descontento originado por las peculiaridades del ambiente extraño”

*Miembros de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires

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