Mil caras de Buenos Aires, mil Buenos Aires
Fernando Casullo * / Santiago RodrÍguez Rey **

Cuántas veces puede ser fundada una ciudad? La leyenda cuenta que Roma fue creada por dos hermanos alimentados por una loba y que luego, entre ellos, el odio y la inquina hicieron de las suyas. Después, entre etruscos, romanos y guerras mundiales, tuvo un montón de otros momentos iniciáticos, sucesivos comienzos. La experiencia urbana es tan amplia y vertiginosa que, de alguna manera, las ciudades siempre se están fundando, más allá de los mojones institucionales.
En el caso de nuestra protagonista de hoy, la urbe que desde hace siglos vive su dinámica cotidianidad a orillas del Río de la Plata, a falta de lobos sobran las intrigas. Buenos Aires es prueba de que una sola fundación puede no ser suficiente, y no solo por lo que le tocó a Pedro de Mendoza y a Juan de Garay en la génesis, sino por todo su recorrido posterior. Puede decirse que la ciudad ha tenido múltiples inauguraciones: las españolas, la criolla en 1810, la provincial en 1820, la federal de 1826, la estatal de 1852, la autónoma de 1996, etc. Pero acaso sea la nacional de 1880 la más importante, por la sangre vertida, el impacto político determinante que tuvo ese momento y el legado hasta el día de hoy.
Hace ya 140 años, un 20 de septiembre, desde el entonces pueblo de Belgrano se sellaba el futuro de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y del país. Desde un congreso exiliado por el conflicto entre la Nación y la provincia se cerraba quizás la última cuenta pendiente para consolidar el Estado: darle asiento definitivo a las autoridades nacionales. No por nada, al asumir la primera magistratura tan solo 3 semanas después, Julio Argentino Roca decretaba el inicio del tiempo de la paz y la administración.
Si los años de elecciones suelen ser movidos en la historia nacional, 1880 no podía ser la excepción. Tras la revolución de 1874, fruto de las diferencias en torno a la sucesión de Sarmiento, era de esperar algún intento de frustrar la tercera presidencia a manos de un representante del interior, por más que este fuera el triunfante ministro de Guerra, vencedor del desierto, Julio Argentino Roca.
Camino a las elecciones de abril de 1880, que enfrentarían al zorro con el gobernador de Buenos Aires Carlos Tejedor, se produjeron los primeros chispazos.
A fines de 1879, el presidente Avellaneda expresó su voluntad de federalizar Buenos Aires y en febrero tropas nacionales recorrieron la ciudad, que entonces pertenecía a la provincia.
Recordemos que la cuestión capital no había sido aún resuelta y el gobierno nacional residía de prestado en la provincia y que esta, al regresar a la Confederación tras la reforma constitucional de 1860, había logrado modificar el artículo 3 que rezaba sobre la federalización de la ciudad de Buenos Aires por: “Las autoridades que ejercen el Gobierno Federal, residen en la Ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más Legislaturas Provinciales del territorio que haya de federalizarse.” Los intentos anteriores de definir una sede, ya sea Rosario, Villa María, o la ad hoc “Rivadavia” habían fracasado desde el vamos o habían sido vetadas por Mitre o Sarmiento luego de ser aprobadas por el congreso.
Hace 140 años se cerró una cuenta pendiente: dar asiento definitivo a las autoridades nacionales. Pero la centralidad del conflicto constitutivo no se ha perdido.
Los desencuentros continuarían con el resultado electoral consumado, y ya no habría consejo de notables que frene la escalada entre tejerodistas y nacionales.
El 4 de junio, el presidente Avellaneda trasladaba la capital al pueblo de Belgrano y la grieta quedaba así consumada; la confirmación del resultado de las urnas en el colegio electoral fue quizás el último ingrediente. Los primeros enfrentamientos armados se dieron primero fuera de la ciudad cerca de Luján, y recién hacia el 20 de junio en Buenos Aires en donde las batallas de Barracas, Puente Alsina y Corrales se llevarían la vida de unas 3.000 personas. Hacia el 23 de junio se firmó un armisticio para negociar la paz, entre el enviado de Tejedor, Bartolomé Mitre, y Nicolás Avellaneda.
Fue en aquella negociación que se destrabó finalmente la situación de la ciudad. El 20 de septiembre fue aprobado por el congreso, aun en Belgrano, el proyecto que declaraba a la ciudad como Capital Federal luego de cumplir con el requisito constitucional de que fuera aceptado por la provincia.
El trámite no fue del todo sencillo, como marca por ejemplo la crispada intervención de rechazo de un probo Leandro N. Alem: “Estoy perfectamente convencido de que los perjuicios que sufrirá la provincia de Buenos Aires no los necesita la Nación para consolidarse y conjurar peligros imaginarios, sino que, por el contrario, tal vez ellos comprometan su porvenir”.
De todos modos, la provincia cedió lo ya tomado por Nación y la Ley de Federalización sería promulgada por el nuevo presidente Roca el 6 de diciembre de 1880. Con su ratificación días más tarde por la legislatura porteña, se separaron definitivamente la ciudad de la provincia de Buenos Aires, que estaría a la búsqueda de un reemplazo, hasta la fundación de la masona y modernista ciudad de La Plata.
Desde entonces ha habido proyectos de ensanches y mudanzas que han fracasado o se perdieron entre los pasillos del congreso, pero la centralidad del conflicto constitutivo no se ha perdido y hoy los roces del ayer continúan, porque donde hubo fuego, cenizas quedan.
*Director Licenciatura en Criminología y Ciencias Forenses Sede Alto Valle – Valle Medio Universidad Nacional de Río Negro
**Analista Político y estratega en Marketing Político (UTDT)