Mirando hacia adentro, en horas duras

Redacción

Por Redacción

Licenciado en historia, Carlos Alvarez no ignora que la política argentina deja poco espacio para la reflexión.

No ignora -por caso- que los dirigentes suelen quedar atrapados en instancias donde lo urgente deja de lado lo importante. Tampoco desconoce que la proyección de un líder suele definirse en su voluntad para avanzar en un marco de incertidumbre y hablar de un futuro que ni él puede discernir.

Así es el ruedo de la política en este país, donde las penalidades del fracaso están a la vuelta de la esquina. O donde ser pesimista en ese campo es más rentable que ser optimista.

Munido de este antecedente a modo de experiencia se movió ayer Carlos Alvarez en Cipolletti. Habló desde una situación incómoda para el gobierno que integra. Un callejón donde ante la presión de las circunstancias sólo quedan pocos elementos de opción.

Presión que en estos días deviene de la expansión de la crisis social que amenaza con limar poder.

Ante ese panorama Alvarez defendió el gobierno sin exitismos ni riesgos de caer en un discurso insustancial. No se deslizó a ninguna promesa fácil. Tampoco se atrincheró en la justificación de la herencia recibida como único argumento para explicar lo que sucede.

Lo defendió más buscando el propio frente interno de la simbiosis gobierno-Alianza, que saliendo fuera de ese esquema.

O sea, le importó más el orden y la cohesión que en momentos complejos ofrece ese bloque de poder, que responder a las andanadas que se le disparan desde afuera.

En ese marco optó por hacer de la afirmación de la autoridad del presidente de la Nación una exigencia que debe recorrer la Alianza en toda su superficie. Definió entonces el mecanismo vía el cual lograr ese objetivo: «equilibrios macros» entre el radicalismo y el Frepaso.

«La Alianza no puede ser disfuncional al presidente. La Alianza puede soportar visiones distintas, pero las diferencias no pueden obstaculizar la firmeza del presidente y su gobierno. No se trata de impedir la autocrítica, sino de juntarnos alrededor de un núcleo básico de coincidencias que nos permitan trabajar juntos para el conjunto», sentenció Alvarez en un momento de sus declaraciones. Tarea poco sencilla, por cierto, es la que propone el vicepresidente.

Máxime para desarrollar en una Alianza donde en materia de convivencia entre el Frepaso y la UCR, la dialéctica que alcance la crisis social y el manejo que se le aplique, puede desencadenar instancias inesperadas. Y graves.

Porque el pegamento suele perder consistencia.

Carlos Torrengo


Licenciado en historia, Carlos Alvarez no ignora que la política argentina deja poco espacio para la reflexión.

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