Luz Arpajou: diseñar desde la estepa patagónica y volver al origen
La diseñadora neuquina reinterpreta su experiencia urbana en prendas de identidad clara, estética depurada y producción responsable.
Luz Arpajou no nace de una moda pasajera. Su universo se forma entre dos territorios —Neuquén y Buenos Aires— y dos miradas: la del oficio aprendido y la del paisaje abierto de la Patagonia, donde la identidad se vuelve esencial.
“Mi marca parte de mi origen y de todo lo que soy yo como ser, está cargada de mi identidad”, define su creadora, diseñadora y fundadora, Luz Arpajou. Nacida en Neuquén, comenzó a vincularse con el diseño en la Escuela del Hábitat, en su ciudad, y más tarde amplió su mirada en la Universidad de Palermo, en la gran urbe.
Combinó la carrera con experiencias laborales que la marcaron: el vestuario, el trabajo con artistas y el ritmo intenso de la industria. “Siempre me copó trabajar en vestuario, entonces fui desarrollando las dos cosas: formarme para crear una marca y, al mismo tiempo, trabajar en vestuario”, recuerda.
En 2019, después de una experiencia asociativa, decidió iniciar su propio camino. Así nació Luz Arpajou, primero en Buenos Aires, donde tuvo durante años un espacio taller con tienda en Palermo Hollywood. “Fueron más de diez años de trabajo allá, de desarrollo constante de la marca”, cuenta orgullosa. Recién hace un año tomó la decisión de cerrar esa etapa y trasladar el corazón del proyecto a la ciudad que la vio crecer.
El local en Neuquén se abrió hace dos años, mientras Luz aún vivía en Buenos Aires. Con el tiempo, la conexión con el territorio, la familia y el circuito creativo local terminó de empujarla. “Sentía que diseñar desde acá era más sincero conmigo. Después de 18 años en Buenos Aires, me fueron dando cada vez más ganas de diseñar y desarrollar todo desde mi lugar”, dice.
Esa dualidad atraviesa toda la marca. Las prendas de Luz Arpajou se construyen desde líneas simples, con una fuerte presencia de la moldería y una búsqueda cuidadosa de materiales y terminaciones.
“Trabajo con piezas simples, pero con incorporación de diseño desde la moldería, buenas costuras y una silueta contemporánea”, explica. No hay producción masiva: la escala es pequeña y consciente. “No hago grandes cantidades. Me importa cuidar la cadena de valor, la gente que va cosiendo como las modistas y los talleres”, expone.
La paleta de colores es uno de los rasgos más reconocibles del sello. Allí conviven los tonos tierra, secos y orgánicos con el negro urbano. “Hay mucho de la estepa, del viento, de la barda, del río. Pero también está el negro de Buenos Aires, el cemento de la ciudad. Siento que mi paleta tiene un poco de las dos cosas”, describe.
La experimentación ocupa un lugar central en los diseños de Luz Arpajou. Algunas prendas parten de la moldería clásica; otras se construyen directamente sobre el maniquí, más cerca del lenguaje del vestuario. “La moldería está siempre presente, porque es algo en lo que me formé mucho», cuenta. «Me importa que las cosas calcen bien. Pero también me gusta desarrollar piezas únicas, más artísticas, trabajar desde el maniquí, dibujar, bocetar y probar”.
EL VALOR DE LO NATURAL
En cuanto a los materiales, la elección es clara: fibras naturales y procesos que impacten lo menos posible en el entorno. “Trabajo con lino, seda, algodón. Siempre lo más natural posible, dentro de lo que se fabrica y se consigue hoy en Argentina”, describe Luz. Muchas veces se trata de búsquedas puntuales, pequeñas partidas de textiles que se transforman en piezas casi únicas.
Esa lógica se profundiza en la nueva etapa creativa. La colección en desarrollo, presentada por primera vez en el desfile Enhebra en Neuquén, se llama Florandina. “No sé si colección es la palabra, es algo que voy trabajando de a poco”, aclara la diseñadora.
Inspirada por la naturaleza, Luz pasó los últimos días de 2025 y los primeros de 2026 en la montaña, conectándose con la inspiración prístina. Esto la llevó a indagar en flores de la zona. “Encontré una nota que decía que los restos fósiles más antiguos de margaritas se hallaron cerca de Bariloche, con 48 millones de años. Eso me voló la cabeza”, puntualiza sorprendida.
Desde entonces, las flores de la región, margaritas, cardos, girasoles, aparecen en dibujos, estampas, recortes y bordados de Luz Arapajou.
En paralelo, sigue diseñando piezas únicas para artistas, especialmente para shows. Trabajó durante años con figuras del mainstream musical como María Becerra o La Charo y hoy elige hacerlo de manera más selectiva. “Me encanta trabajar con artistas», asegura la diseñadora, quien en la actualidad prioriza la esencia de su marca y apuesta a una moda que no busca imponerse, sino habitarse. Prendas simples, con identidad y un ritmo propio.
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