Pestañas livianas el volumen que sí queremos
La nueva obsesión beauty apuesta a más movimiento. Descubrí los 5 consejos de expertos para potenciar tu mirada sin perder la comodidad.
Si algo aprendimos en los últimos años es que el exceso ya no seduce como antes. También en maquillaje. Las pestañas siguen siendo protagonistas —porque enmarcan, levantan y transforman la mirada— pero ahora el foco está en cómo se sienten, no solo en cómo se ven.
La tendencia global marca un cambio claro: menos rigidez, más movimiento. Volumen, sí. Pero liviano. Flexible. Natural. Ese efecto que realza sin endurecer la expresión y acompaña tanto un look minimalista de día como un make up más intenso de noche.
“Las miradas excesivamente cargadas quedan atrás para dar paso a pestañas con presencia, pero livianas”, explica Luli de la Vega, Make Up Artist de Maybelline New York. “El volumen sigue siendo el beneficio más buscado, pero hoy tiene que ir de la mano con la comodidad, porque el verdadero impacto está en una mirada auténtica”. En otras palabras: queremos que se note el efecto, no el producto.
Cómo lograr pestañas con volumen (pero sin peso)
1. Empezá desde la raíz
Aplicá la máscara con movimientos en zig-zag desde la base hacia arriba. Esto deposita producto donde realmente suma densidad y evita que las puntas se sobrecarguen.
2. Pensá en capas, no en cantidad
Trabajá la primera capa en forma de abanico, dividiendo el ojo en tres zonas. Así lográs separar y definir desde el inicio.
3. Respetá los tiempos
Alterná entre un ojo y el otro. Mientras uno seca unos segundos, aplicás en el otro. Podés sumar hasta tres capas sin que el resultado se vea pesado si mantenés ese ritmo.
4. Efecto mirada alargada
Peiná las pestañas hacia afuera para lograr un efecto foxy, sutil y moderno.
5. No olvides las inferiores
Aplicalas con el cepillo de costado y movimientos suaves. Aportan apertura inmediata sin necesidad de delineados intensos.
Por qué esta tendencia conecta con el momento actual
La búsqueda de ligereza en las pestañas no es casual. Es parte de un cambio más amplio: elegimos rutinas que nos acompañen, no que nos incomoden. Buscamos vernos bien sin sentirnos disfrazadas. Queremos impacto, pero también bienestar.
En un contexto donde el autocuidado se volvió prioridad, el maquillaje deja de ser máscara para convertirse en herramienta. Y esa es, quizás, la verdadera tendencia: productos que potencian lo que ya está ahí. Porque cuando la mirada se siente libre, se nota.
Si algo aprendimos en los últimos años es que el exceso ya no seduce como antes. También en maquillaje. Las pestañas siguen siendo protagonistas —porque enmarcan, levantan y transforman la mirada— pero ahora el foco está en cómo se sienten, no solo en cómo se ven.
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