Muerte en Dubai

Redacción

Por Redacción

Aunque no existen pruebas contundentes de que el asesinato de un líder de la organización islamista Hamas, Mahmoud al-Mabhuh, en Dubai fue obra del Mossad, tanto las autoridades del emirato como los gobiernos de varios países europeos dan por descontado que se trató de otro operativo del servicio secreto más temido, y más prestigioso, del mundo entero. Como es habitual en tales circunstancias, los israelíes han reaccionado de forma ambigua. Si bien no puede molestarles demasiado que la muerte de uno de los jefes de una agrupación resuelta a exterminarlos sea atribuida al Mossad, no es de su interés enfrentarse ni con Dubai, uno de los escasos países árabes con los que mantiene relaciones diplomáticas, ni con el Reino Unido, Francia, Alemania e Irlanda por haber usado pasaportes copiados de ciudadanos de dichos países. Asimismo, en opinión de los expertos en temas como el espionaje y las operaciones inconfesables que emprenden los servicios secretos, el que según parece hayan participado por lo menos once personas que se permitieron filmar por las cámaras de seguridad que son ubicuas en Dubai, bien refleja cierta falta de profesionalismo por parte de una organización que está renombrada por su capacidad para realizar operaciones de este tipo sin dejar rastros, bien puede tomarse por una señal de que no les preocupaban en absoluto las eventuales repercusiones de ser acusados de asesinar a un individuo notorio en un país árabe. Rodeados como están por enemigos que no disimulan su voluntad de masacrarlos –por el contrario, aprovechan toda oportunidad para subrayarla–, es lógico que los israelíes se hayan sentido obligados a emplear métodos, entre ellos el del “asesinato selectivo” de líderes de organizaciones como Hamas y Hizbollah, que no pueden sino merecer la condena de los gobiernos y el grueso de la opinión pública de países que no tienen que enfrentar amenazas tan graves. Aunque tales asesinatos pueden considerarse menos repudiables que los favorecidos por el gobierno del presidente norteamericano Barack Obama, que últimamente ha diezmado al liderazgo talibán empleando aviones de guerra sin piloto que, claro está, no pueden discriminar entre terroristas peligrosos por un lado y civiles inocentes por el otro, la estrategia israelí ha motivado más protestas. Bien que mal, las acciones israelíes suelen juzgarse conforme a pautas que son apropiadas para las pacíficas democracias europeas, mientras que Hamas y Hizbollah, además de los gobiernos de Irán y de muchos otros países musulmanes, para no hablar de una proporción sustancial de la opinión pública que de acuerdo con las encuestas está a favor de atentados terroristas cuando los blancos son israelíes, se atienen a reglas distintas, ya que desde su punto de vista es legítimo matar con “bombas humanas” a civiles. Según fuentes israelíes, Al-Mabhuh estuvo a cargo de la compra de armas a Irán, país cuyo régimen islamista está proveyendo a sus aliados de Hamas y Hizbollah de misiles que podrían alcanzar cualquier parte de Israel, incluyendo a la ciudad de Tel Aviv y todos los aeropuertos, para usar en cuanto el crónicamente convulsionado Medio Oriente estalle nuevamente, desastre que a juicio de casi todos los observadores es sólo una cuestión de tiempo. Sería por eso que el gobierno israelí habría optado por correr el riesgo de pagar un alto precio diplomático por la eliminación de un personaje presuntamente capaz de causarles perjuicios muy grandes. Asimismo, el primer ministro Benjamin Netanyahu tiene motivos de sobra para querer mostrar que iría a cualquier extremo para defender la existencia misma del Estado de Israel, ya que a esta altura pocos dudan de que si, como parece inevitable, Irán pronto consigue pertrecharse de armas nucleares, se modificará radicalmente la situación estratégica del Medio Oriente, en desmedro no sólo de Israel sino también de los países árabes calificados de moderados. Ante el peligro así supuesto, los israelíes entienden que sencillamente no pueden darse el lujo de dar una impresión de debilidad, pero tampoco les convendría brindar a los europeos y norteamericanos más pretextos para abandonarlos a su suerte, algo que, de confirmarse que el Mossad realmente fue responsable del asesinato de Al-Mabhuh, acaban de hacer.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 768.803 Director: Julio Rajneri Co-directora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación de Editorial Río Negro SA – Martes 23 de febrero de 2010


Aunque no existen pruebas contundentes de que el asesinato de un líder de la organización islamista Hamas, Mahmoud al-Mabhuh, en Dubai fue obra del Mossad, tanto las autoridades del emirato como los gobiernos de varios países europeos dan por descontado que se trató de otro operativo del servicio secreto más temido, y más prestigioso, del mundo entero. Como es habitual en tales circunstancias, los israelíes han reaccionado de forma ambigua. Si bien no puede molestarles demasiado que la muerte de uno de los jefes de una agrupación resuelta a exterminarlos sea atribuida al Mossad, no es de su interés enfrentarse ni con Dubai, uno de los escasos países árabes con los que mantiene relaciones diplomáticas, ni con el Reino Unido, Francia, Alemania e Irlanda por haber usado pasaportes copiados de ciudadanos de dichos países. Asimismo, en opinión de los expertos en temas como el espionaje y las operaciones inconfesables que emprenden los servicios secretos, el que según parece hayan participado por lo menos once personas que se permitieron filmar por las cámaras de seguridad que son ubicuas en Dubai, bien refleja cierta falta de profesionalismo por parte de una organización que está renombrada por su capacidad para realizar operaciones de este tipo sin dejar rastros, bien puede tomarse por una señal de que no les preocupaban en absoluto las eventuales repercusiones de ser acusados de asesinar a un individuo notorio en un país árabe. Rodeados como están por enemigos que no disimulan su voluntad de masacrarlos –por el contrario, aprovechan toda oportunidad para subrayarla–, es lógico que los israelíes se hayan sentido obligados a emplear métodos, entre ellos el del “asesinato selectivo” de líderes de organizaciones como Hamas y Hizbollah, que no pueden sino merecer la condena de los gobiernos y el grueso de la opinión pública de países que no tienen que enfrentar amenazas tan graves. Aunque tales asesinatos pueden considerarse menos repudiables que los favorecidos por el gobierno del presidente norteamericano Barack Obama, que últimamente ha diezmado al liderazgo talibán empleando aviones de guerra sin piloto que, claro está, no pueden discriminar entre terroristas peligrosos por un lado y civiles inocentes por el otro, la estrategia israelí ha motivado más protestas. Bien que mal, las acciones israelíes suelen juzgarse conforme a pautas que son apropiadas para las pacíficas democracias europeas, mientras que Hamas y Hizbollah, además de los gobiernos de Irán y de muchos otros países musulmanes, para no hablar de una proporción sustancial de la opinión pública que de acuerdo con las encuestas está a favor de atentados terroristas cuando los blancos son israelíes, se atienen a reglas distintas, ya que desde su punto de vista es legítimo matar con “bombas humanas” a civiles. Según fuentes israelíes, Al-Mabhuh estuvo a cargo de la compra de armas a Irán, país cuyo régimen islamista está proveyendo a sus aliados de Hamas y Hizbollah de misiles que podrían alcanzar cualquier parte de Israel, incluyendo a la ciudad de Tel Aviv y todos los aeropuertos, para usar en cuanto el crónicamente convulsionado Medio Oriente estalle nuevamente, desastre que a juicio de casi todos los observadores es sólo una cuestión de tiempo. Sería por eso que el gobierno israelí habría optado por correr el riesgo de pagar un alto precio diplomático por la eliminación de un personaje presuntamente capaz de causarles perjuicios muy grandes. Asimismo, el primer ministro Benjamin Netanyahu tiene motivos de sobra para querer mostrar que iría a cualquier extremo para defender la existencia misma del Estado de Israel, ya que a esta altura pocos dudan de que si, como parece inevitable, Irán pronto consigue pertrecharse de armas nucleares, se modificará radicalmente la situación estratégica del Medio Oriente, en desmedro no sólo de Israel sino también de los países árabes calificados de moderados. Ante el peligro así supuesto, los israelíes entienden que sencillamente no pueden darse el lujo de dar una impresión de debilidad, pero tampoco les convendría brindar a los europeos y norteamericanos más pretextos para abandonarlos a su suerte, algo que, de confirmarse que el Mossad realmente fue responsable del asesinato de Al-Mabhuh, acaban de hacer.

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