Análisis: Milei sufre los riesgos de la diplomacia presidencial
La derrota de Trump cambia el eje geopolítico del hemisferio. Los mercados se vuelven más cautelosos ante el riesgo y habrá más auditoría sobre la ayuda al país.
«Río Negro» en Estados Unidos

Antes de compartir la alianza estratégica que todavía mantienen, Donald Trump y Javier Milei coincidieron en un rasgo común: ambos practican la diplomacia presidencial en términos personales.
Acuerdan con otros estados o se distancian de ellos según la afinidad de sus ideas o la cercanía personal con los estilos de liderazgo.
Desde esa perspectiva, Javier Milei viene de tres elecciones fallidas.
En Brasil perdió Flavio Bolsonaro y lo ayudó a salir del país. En Israel, Benjamin Netanyahu quedó debilitado aunque ganó. No es seguro que pueda seguir liderando la coalición de gobierno.
Tres frentes abiertos
Pero el debilitamiento de Donald Trump, el principal aliado estratégico de Milei, tiene al menos tres consecuencias importantes para Argentina.
El eje político del hemisferio se ha equilibrado. Hay una nueva línea de puntos que unirá desde enero el Congreso norteamericano con mayoría demócrata, México al sur del Río Grande y sobre todo Brasil.Contrasta con la ola de gobiernos regionales aliados con la Casa Blanca que se venía imponiendo hasta ahora.
La segunda alarma para Milei viene desde una realidad que es compleja incluso para Donald Trump: la economía.
El modelo económico proteccionista de Trump, sus barreras arancelarias y el impacto en los precios de la energía de su política exterior acaba de recibir un fuerte voto castigo.
La consecuencia en los mercados puede ser de cautela frente a los activos más riesgosos (los de los mercados emergentes) y una expectativa de tasas más altas y retracción económica.
Para una economía como la argentina que apenas ha superado el umbral de la hiperinflación y se normaliza lentamente, esa novedad es una alerta de primer orden.
En tercer lugar, Milei y su equipo deberán redoblar esfuerzos ante el FMI, ahora que los demócratas tienen peso parlamentario para auditar mejor lo que hace la Secretaría del Tesoro a cargo de Scott Bessent.
Son los riesgos -o mejor, las consecuencias- de privilegiar la diplomacia personal por sobre los canales institucionales que existen precisamente para equilibrar esos sobresaltos.
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