Naipes difíciles

Sin oposición importante, la UCR rionegrina se entretiene en internas con posibilidades de colisiones fuertes. "Arriaga gobernador no significa UCR al poder", dicen los seguidores del intendente de Cipolletti.

Redacción

Por Redacción

Ha sido un recorrido paradójico.

Porque en el «83, la UCR rionegrina era un sujeto más en la transición política que se ponía en marcha. Importante, pero uno más.

Pero el tiempo cruzó veloz. Entonces, debido a la hegemonía en el ejercicio del poder que logró, aquí el radicalismo se transformó en eje excluyente de la transición.

Y tanto fue el poder acumulado, que la transición se transformó en un instrumento político propio. Manejado a gusto y placer.

Como resultado de esa realidad, el radicalismo confundió nociones muy distintas: partido-gobierno-régimen político.

Y así gobernó.

Es larga la historia de desatinos y arbitrariedades cometidos en el marco de esa confusión.

En toda esa historia y concepción del ejercicio del poder hay que buscar parte del origen de los problemas que sacuden el frente interno del partido.

Problemas muy tangibles en estos días. Y que inquietan a distintas franjas de este bloque en el poder que es la UCR.

El viernes -por caso- el Plenario del Comité Central emitió una declaración. Por primera vez en mucho tiempo en este tipo de elaboraciones, el documento contiene reflexiones directamente vinculadas con la necesidad de mejorar la salud del frente interno mejorando las conductas.

Un caso. En un tramo de la declaración se señala que el escepticismo de la sociedad hacia la política tiene origen -entre otros- en el incumplimiento de compromisos.

Según fuentes oficialistas, «incumplimientos de compromisos» es una advertencia que un sector del partido le dispara al gobernador Pablo Verani. ¿De qué se trata?

De una historia que comenzó hace dos años, al tejerse los acuerdos internos para las candidaturas a cargos electivos del «99. En ese trámite, el presidente del partido Fernando Chironi resignó posiciones para gente propia. Pero obtuvo de Verani el compromiso de respaldarlo para un período más en la conducción de la UCR, o sea hasta finales del 2001.

En junio se elegirá la nueva presidencia. Chironi siente que llegó la hora de que Verani emita señales claras de cumplir lo pactado. Pero presiente que, quizás más por presión del ultraveranismo que por voluntad propia, el gobernador mirará para otro lado.

Un lateral donde está el diputado Luis Falcó, a quien quiere ver liderando al partido.

Si esto sucede, Chironi -presidente del bloque oficialista- promete quejarse fuerte. Y con él, un sector del electoralmente castigado radicalismo de Viedma, que precisamente no ofrece mucho amor a Verani.

En medios partidarios se sostiene que en esta estrategia Chironi juega desde un convencimiento: pocas cosas irritan más a Verani que lo acusen de no cumplir un pacto político.

Es un reto a la consistencia más íntima de su psiquis de hombre que se ufana de ser caballero en todo tipo de lances y entuertos.

Y en estos días Verani y su fiel «valet» de cámara Daniel Sartor computaron una renovación de las resistencias que genera la intrepidez con la que avanzan hacia la integración de la Alianza algunos de sus apadrinados.

El caso más elocuente sigue siendo el del líder del Movimiento de Unidad y Participación de Bariloche, Leonardo De Ferrariis. Un hombre que perteneció a la UCR. No hay verbo agradable para De Ferrariis en el radicalismo. El viernes, en la reunión del Comité Central, fue notorio.

– ¡Yo no entiendo por qué echamos a algunos (alusión a Horacio Massaccesi) y por otro lado nos disponemos a recibir con los brazos abiertos a De Ferrariis, quien nos quebró el partido en el «95 y nos hizo perder la comuna! – chilló muy fuerte un importante dirigente de Bariloche.

Pero distinto es el caso de Julio Arriaga, el intendente de Cipolletti y otros de los bendecidos por el gobernador y Sartor.

En estos días Verani acaricia una ilusión: que Arriaga -con un pie en la Alianza- defienda públicamente al gobierno provincial.

Pero Arriaga no lo hará, al menos por ahora.

Su preocupación presente tiene un único horizonte: organizar en extremo su gente e ideas antes de afiliarse al Frente Grande.

Esta tarea está fundamentalmente a cargo de Alberto Weretilneck, su alfil preferido y hombre que como el legendario Harry Hopkins que operaba para Franklin Roossevelt, se caracteriza por hacer política vía apuestas máximas y nada más que máximas.

Arriaga / Weretilneck y su gente ya tienen la matriz del discurso con que se manejará -una vez en la Alianza- el jefe comunal. Se vertebra alrededor de lo que llaman «Definición totalizadora».

No es otra cosa que una apuesta que presentan sin posibilidad de retorno: «Arriaga para gobernador no significa UCR al poder».

Frase con reminiscencia de tragedia en la historia argentina.

Carlos Torrengo


Ha sido un recorrido paradójico.

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