Nivel académico

Redacción

Por Redacción

Como planteo desde hace varios años –porque lo vengo observando con minuciosa atención–, vi en el programa de televisión “Debate industrial” que ha empeorado el nivel académico en general de las universidades argentinas, sobre todo en la “década desperdiciada”. En el 2003 me hice echar (porque sabía que cobraría indemnización por despido sin causa, como ocurrió) del exprestigioso Colegio Domingo Savio de Roca, del nivel secundario, porque no soporté más las torpezas del director (laico) del momento al pretender que los alumnos calificaran al docente, obviamente porque no había director de estudios competente, cuya cualidad esencial debe ser conocer las materias que se dictan, conocer su didáctica y metodología y hacer las observaciones de clases que por reglamento están contempladas para poder calificar “argumentadamente” a “todos” los docentes. Antes de irme, y luego de una reunión con todo el personal donde este personaje proponía esa “jugada”, hice una encuesta a todos mis alumnos, preguntándoles si dormían bien, si se alimentaban bien, si prestaban la debida atención a las clases que les dictaba tema a tema con gráficos que les hacía con tizas de colores en el pizarrón, si intentaban con dedicación resolver en sus casas los ejercicios que les dictaba luego de resolver juntos algunos en el aula y discutirlos, etcétera, etcétera. Tengo disponible copia del informe con los resultados de esa encuesta que di al director y que nunca me enteré si leyó, porque jamás me llamó para aprovechar esa tarea. Aclaro que les daba Física, Química y Matemática, Industrias Alimenticias y No Alimenticias, etcétera, y que en cada tema los ejemplos eran de fenómenos que en sus casas “veían” diariamente, es decir que en ese mismo momento notaban la “utilidad” del conocimiento. La conclusión final fue que los pibes reconocían su irresponsabilidad y la falta de exigencia en sus casas, así como me lo fueron manifestando cuando ya eran egresados y nos encontrábamos para charlar durante los 38 años en que ejercí la docencia en casi todos los colegios y escuelas técnicas de Roca y los 28 años durante los cuales con mi esposa preparamos a ingresantes universitarios. La culpa de este deterioro, que de seguir así nos impedirá ser un país en vías de desarrollo, no es de los pibes, sino de los adultos que en casa, en las escuelas, en los colegios y en las universidades, salvo honrosas excepciones, ejercen la cobardía y la comodidad de no hablar con ellos desde niños, de no explicarles que los aman y desean charlar de todo, reconocer errores, aclarar los roles de cada uno para vivir tranquilos, convencerlos de que el éxito no es el loto que un día nos tocará sino que debe ser construido escalón por escalón, etcétera, etcétera. Una vez charlamos un rato largo con Jaime Barylko sobre lo que iba a suceder, y está sucediendo, pero tengo aún la esperanza de que “nos demos cuenta” y nos esforcemos, aunque duela, por nuestros queridos pibes… y no tan pibes. Luis Enrique Anzorena DNI 8.149.182 Roca

Luis Enrique Anzorena DNI 8.149.182 Roca


Como planteo desde hace varios años –porque lo vengo observando con minuciosa atención–, vi en el programa de televisión “Debate industrial” que ha empeorado el nivel académico en general de las universidades argentinas, sobre todo en la “década desperdiciada”. En el 2003 me hice echar (porque sabía que cobraría indemnización por despido sin causa, como ocurrió) del exprestigioso Colegio Domingo Savio de Roca, del nivel secundario, porque no soporté más las torpezas del director (laico) del momento al pretender que los alumnos calificaran al docente, obviamente porque no había director de estudios competente, cuya cualidad esencial debe ser conocer las materias que se dictan, conocer su didáctica y metodología y hacer las observaciones de clases que por reglamento están contempladas para poder calificar “argumentadamente” a “todos” los docentes. Antes de irme, y luego de una reunión con todo el personal donde este personaje proponía esa “jugada”, hice una encuesta a todos mis alumnos, preguntándoles si dormían bien, si se alimentaban bien, si prestaban la debida atención a las clases que les dictaba tema a tema con gráficos que les hacía con tizas de colores en el pizarrón, si intentaban con dedicación resolver en sus casas los ejercicios que les dictaba luego de resolver juntos algunos en el aula y discutirlos, etcétera, etcétera. Tengo disponible copia del informe con los resultados de esa encuesta que di al director y que nunca me enteré si leyó, porque jamás me llamó para aprovechar esa tarea. Aclaro que les daba Física, Química y Matemática, Industrias Alimenticias y No Alimenticias, etcétera, y que en cada tema los ejemplos eran de fenómenos que en sus casas “veían” diariamente, es decir que en ese mismo momento notaban la “utilidad” del conocimiento. La conclusión final fue que los pibes reconocían su irresponsabilidad y la falta de exigencia en sus casas, así como me lo fueron manifestando cuando ya eran egresados y nos encontrábamos para charlar durante los 38 años en que ejercí la docencia en casi todos los colegios y escuelas técnicas de Roca y los 28 años durante los cuales con mi esposa preparamos a ingresantes universitarios. La culpa de este deterioro, que de seguir así nos impedirá ser un país en vías de desarrollo, no es de los pibes, sino de los adultos que en casa, en las escuelas, en los colegios y en las universidades, salvo honrosas excepciones, ejercen la cobardía y la comodidad de no hablar con ellos desde niños, de no explicarles que los aman y desean charlar de todo, reconocer errores, aclarar los roles de cada uno para vivir tranquilos, convencerlos de que el éxito no es el loto que un día nos tocará sino que debe ser construido escalón por escalón, etcétera, etcétera. Una vez charlamos un rato largo con Jaime Barylko sobre lo que iba a suceder, y está sucediendo, pero tengo aún la esperanza de que “nos demos cuenta” y nos esforcemos, aunque duela, por nuestros queridos pibes... y no tan pibes. Luis Enrique Anzorena DNI 8.149.182 Roca

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