“No corte, lo comunico… Feliz día”

Por Redacción

María Beatriz Gentile (*)

Ser madre en la Argentina no siempre fue un derecho. “Yo tenía 18 años cuando entré a trabajar en la Unión Telefónica. Para obtener el certificado de buena salud me tuvieron que extraer tres muelas y tuve que insistirle al médico porque me encontró con muy bajo peso”. En 1929 el trust que explotaba los servicios comunicacionales en el país, a través de la Unión Telefónica, era la International Telegraph and Telephone (ITT). El empleo de telefonista en sus orígenes estuvo altamente feminizado. La empresa excluía de manera explícita a las mujeres casadas debido a la incompatibilidad horaria que generaba la superposición de tareas hogareñas con la jornada laboral. La decisión de casarse y/o tener hijos implicaba renunciar al trabajo o correr el riesgo de ser cesanteada, de allí que la actividad recayó exclusivamente en mujeres solteras –tampoco se aceptaba a las viudas– y muy jóvenes, entre 18 y 25 años. Las condiciones de trabajo se enmarcaban en un severo régimen donde no se permitían los tiempos muertos y se imponían severas multas por escuchar conversaciones o dañar el equipo. Bajo el artilugio de nombrar a las telefonistas como “empleadas” y no como “obreras” la empresa había logrado burlar la ley de 1907 –que prohibía el trabajo femenino después de las 20 horas– e impuso su extensión horaria hasta las 22. Con la nacionalización del servicio en 1946 y su estatización en 1948, las condiciones laborales de las trabajadoras mejoraron. La exclusión de las casadas se había levantado en 1935 pero la batería de legislación social y laboral del peronismo posibilitó un nuevo estatuto: “Me casé en 1944 y cuando los teléfonos pasaron al Estado pude acceder a los permisos por maternidad, mis primeros cuatro hijos nacieron durante esos años… después del 55 la cosa cambió, cuando el servicio fallaba nos decían: ‘¡Qué de sirvientas vamos a tener cuando pongan el automático!’. Yo pude jubilarme anticipadamente y con diecisiete años de servicio porque Perón había declarado al trabajo de operadora como insalubre”. La experiencia de las telefonistas de entonces recrea algunas de las particularidades que actualmente aquejan a las empleadas de los llamados call center. Estas empresas privadas ejercen todo tipo de presión sobre su personal, del cual un 60% lo constituyen mujeres jóvenes que lo toman como primer trabajo o trabajo transitorio. En el 2013 fue declarado insalubre por las patologías que genera, como claustrofobia, ataques de pánico, lumbalgia, trastornos de visión, hasta diagnósticos de hipoacusia; razones que explican también el alto nivel de abandono y recambio que se observa en este tipo de empleo. Existe un proyecto de ley en estado parlamentario para regular la actividad en conceptos básicos como salario mínimo, tope de horas de trabajo y de descanso. Una teleoperadora no puede controlar las llamadas entrantes, pero si no responde es sancionada económicamente al igual que si toma un tiempo “excesivo” para ir al baño. En el 2011 la sala VII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo falló a favor de una empleada que había sido despedida por la firma Qualytel Latinoamérica (empresa de call center) por estar embarazada. La excusa utilizada por los empleadores era que se encontraba en “período de prueba”. Ser madre no siempre es un derecho ni una opción. La estructura comunicacional en la Argentina nació feminizada y sin derechos para las mujeres. Con el tiempo algunas conquistas laborales se perdieron. Recuperarlas sería un buen mensaje para dar sentido a una celebración que lo ha perdido en la fantasía del consumo. (*) Historiadora