¿No hay problemas?

Redacción

Por Redacción

Tanto tienes, tanto vales! El elevado nivel de adhesión -76.07 por ciento- al canje de la deuda externa de la Argentina demostró una vez más que no hay desgracias materiales mundanas que no puedan ser solucionadas con espaldas anchas para aguantar los empujones, una dosis de férrea voluntad y riquezas naturales que garanticen la continuidad de los negocios. Aunque, claro, en el camino quedó una buena porción de bonistas -el 23.93 por ciento-, que se colgará ahora de los faldones del FMI para tratar de entrar un «repechaje magnánimo» (según conjeturó un alto funcionario) o bien apelará a la vía judicial, algo que tiene despreocupado al gobierno.

Es que el presidente Néstor Kirchner, apoyado en un dicho del general panameño Omar Torrijos, desaparecido en un sospechoso accidente en la década del '80, es de la idea de que «el que se aflige, se afloja». Invirtiendo los términos, también podría concluir en que negociar con delicadeza laxa no puede más que agudizar la migraña colectiva que estalló en diciembre de 2001.

Ni Kirchner, ni mucho menos su ministro Roberto Lavagna («ejecutor técnico brillante de una decisión política soberana», según el rionegrino K Osvaldo Nemirovsci), apelaron al exitismo, pero quedó en evidencia, no obstante, que están envalentonados con la aceptación a la oferta de pago con una quita monumental, que no entraba en los planes de las cabezas de los economistas ortodoxos.

Ni lerdo ni perezoso, Lavagna tomará hoy en Washington un café con el titular del FMI, Rodrigo Rato, con quien personalmente tiene muy buena sintonía. Eso no ha sido óbice para que el español haya mostrado dureza (no en sus últimas apreciaciones) y que la instrucción presidencial a su ministro esté dirigida a «defender con uñas y dientes» el interés de los usuarios nacionales, ante los previsibles reclamos a favor de las empresas privatizadas a cargo de los servicios públicos.

La salida del default proclamado en medio de aplausos y gritos de euforia por Adolfo Rodríguez Saá, hace poco más de tres años, es un paso adelante excepcional que aproxima al país al concierto de las naciones, pero insuficiente para escapar del alcance de las llamas del infierno. Lo expresó certeramente, al sentenciar que los bonistas «perdieron por cansancio» el ex presidente del Banco Central, Mario Blejer, quien hoy reside en Londres. Hay expectativas y una gran oportunidad, que será positiva si se actúa con seriedad y con reglas de juego cristalinas, o se convertirá en una nueva frustración si tras vociferar ¡»zafamos»!, seguimos con las mañas arteras.

La postura principista de Kirchner, expuesta ante Lavagna, es que si en medio de la cesación de pagos y vituperados por las naciones más poderosas, el país supo crecer y mejorar su capacidad industrial y productiva, conteniendo a la vez las explosiones sociales, de aquí en más el panorama debe mejorar: estemos más tranquilos –apuntó– volvimos a entrar en el planeta, y ahora preparémonos para ser previsibles y dar certezas a los que quieran venir a invertir.

Le advirtió también que no debe sentirse en inferioridad al sentarse a conversar con Rato, ya que el Fondo estuvo equivocado en sus apreciaciones.

Los estrategas oficiales confían en que el organismo quiere seguir siendo un acreedor privilegiado y como la Argentina está dispuesta a preservar ese trato, «no habrá problemas».

Un proyecto, que sonó fantasioso en su momento y que incluso provocó un papelón chino, volvió a serpentear por algunas mentes afiebradas: ¿y si estudiamos otra vez –expusieron algunos pingüinos- el programa para cancelar toda la deuda que tenemos con el FMI? La alternativa volará y dará letra al periodismo, pero la convicción presidencial más que ceder a ese devaneo es «no arrodillarse ante las recetas y consejos de siempre».

En el Congreso hay en el freezer un marco regulatorio para las empresas de servicios que es resistido tanto en Estados Unidos como en Europa. Las telefónicas sostienen que ya tienen su ley de comunicaciones y las distribuidoras y generadoras de electricidad manifiestan que no tiene sentido imponer controles cuando las cosas funcionan bien.

Un plexo normativo alumbrará, aunque no será tan estricto como esgrime Kirchner para presionar y bajarle el copete a las compañías extranjeras, en un año electoral. De acuerdo con el grado de ponderación que reflejan las encuestas, está persuadido que puede hacer «la plancha» hasta octubre, aunque no es afecto a ese estilo y va tomando nota, con cierta pavura, del descalabro que puede ir sufriendo en los distintos distritos. Para muestra, basta el traspié de Santiago del Estero, donde se hundió el barco armado por el «chueco» Juan Carlos Massón ( ciudadela defendida por Aníbal Fernández y Oscar Parrilli), con el que cañonearon la tesis del jefe de gabinete, Alberto Fernández, quien había hecho fuerza por Gerardo Zamora (finalmente gobernador electo), secundado por el peronista Ríos Olivero, de La Banda.

Siguiendo con el futuro devenir interplanetario, Kirchner alertó que se desconocerá los veredictos del Centro Internacional de Diferendos y Arbitrajes (CIADI) del Banco Mundial, donde hay radicadas demandas de compañías extranjeras por las pérdidas ocasionadas por la pesificación. Desestimando la opinión de varios de sus ministros, el Presidente contribuyó al fastidio de las privatizadas: «Las renegociaciones se someterán solo a leyes locales», afirmó.

El marco brilloso que sirvió para anunciar la salida del default, se vio opacado por hechos graves: sigue el escándalo por el tráfico de cocaína por Southern Winds (SW) y no bajan de la picota ni el secretario de Transporte Ricardo Jaime, ni el titular de Aduanas, Ricardo Echegaray. Hasta el canciller Rafael Bielsa, por contrariar un deseo de Kirchner de no hacer más olas, fue amonestado por haber dispuesto una auditoría en la embajada Argentina en Madrid.

El conflicto con los camioneros de Hugo Moyano también empañó el empuje presidencial en dirección a la normalidad que está lejos de alcanzarse.

La oposición personalista -Ricardo López Murphy, Lilita Carrió y Mauricio Macri, cada uno por su lado-, hace ruido y cosecha pocas nueces. Y los radicales, con sus gobernaciones, intendencias y cargos legislativos, se muestran como islas que no conforman un archipiélago, según ilustró el diputado Jesús Rodríguez.

¿Se pondrá en pie, nacionalmente, la UCR, en 2007? El ex presidente Raúl Alfonsín, distinguido por Kirchner en el Salón Blanco de la Rosada el jueves pasado, le adelantó a este diario que trabajará por ser de nuevo el jefe de los radicales. «Para unirlo y fortalecerlo», señaló con risa pícara. Está disgustado con la conducción del chaqueño Angel Rozas, a quien le pidió que diese un paso al costado.

Alfonsín hace buenas migas con Eduardo Duhalde, Kirchner, a la vez, sigue siendo socio del bonaerense, pero rechaza el oscuro aparato duhaldista y por eso le da aire al gobernador Felipe Solá, en una pelea con final incierto, aunque más inclinada al acuerdo entre peronistas.

El maridaje entre Kirchner y Lavagna se afianzó. «Si Roberto quiere irse, yo no lo detendré», expresa, empero, pragmático el santacruceño. Cierto es que el resplandeciente ministro tiene ambiciones políticas y que a Alfonsín y a Duhalde no les disgustaría verlo como candidato a la Presidencia en 2007.

 

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


Tanto tienes, tanto vales! El elevado nivel de adhesión -76.07 por ciento- al canje de la deuda externa de la Argentina demostró una vez más que no hay desgracias materiales mundanas que no puedan ser solucionadas con espaldas anchas para aguantar los empujones, una dosis de férrea voluntad y riquezas naturales que garanticen la continuidad de los negocios. Aunque, claro, en el camino quedó una buena porción de bonistas -el 23.93 por ciento-, que se colgará ahora de los faldones del FMI para tratar de entrar un "repechaje magnánimo" (según conjeturó un alto funcionario) o bien apelará a la vía judicial, algo que tiene despreocupado al gobierno.

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