“No merezco tanta crueldad”

Redacción

Por Redacción

Mi trámite jubilatorio fue iniciado el 30 de abril de 2008 ante la Anses, pero en marzo de 2011 opté por la ley 14255 y mis certificaciones laborales pasaron al IPS. Mis últimos servicios no presentan complicación alguna: cuarenta y un años como profesor del Colegio Don Bosco (privado) y más de veinte años continuados en dos CENS, todos de Bahía Blanca. Después de seis años de iniciados los trámites me llegó la jubilación por el Colegio Don Bosco, pero no por los CENS, y por ello debí seguir trabajando en ellos, turno tarde y noche. Esta situación es inexplicable con la tecnología existente, pues los tres colegios formaban parte de una misma e inobjetada carpeta, que fue archivada omitiendo la inclusión en la jubilación de los dos colegios públicos. El 13 de mayo de 2014 mandé una carta a un ministro de Scioli que por dos años fue mi alumno, para interesarlo en la solución de este problema. La respuesta fue, naturalmente, afirmativa, pero ya ha pasado casi un año y medio de la ayuda prometida y aún no tengo la jubilación completa. El 1 de abril de 2015 me llegó la baja laboral de los dos CENS en los que seguía trabajando, y debido a eso hace seis meses que no cobro lo que me corresponde por ellos, y yo tengo urgencias económicas que al IPS no le importan nada pero que a mí me duelen mucho. Aunque entonces no tenía título, mi vida docente comenzó a los dieciocho años en escuelas de Córdoba. Ahora, con setenta y tres años y mi salud tocada, no merezco ser tratado con tanta crueldad por un gobierno “justicialista”. Yo quiero mi jubilación completa antes de morir, porque es mía y no de los políticos. Trabajé durísimo toda mi vida, debo acompañar a mis seis hijos y creo que una espera de más de siete años y medio es tiempo suficiente aún en Uganda. ¿Por qué los que tienen vocación política no se someten a los rigores económicos y maltratos que sufren los que tienen vocación docente? Ambas vocaciones tienen el mismo fin: transformar el presente para mejorar el futuro; pero la remuneración es muy diferente, aunque los resultados no lo justifiquen. Un Estado mal dirigido puede ser tan insensible y perverso como las peores empresas capitalistas. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca

Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca


Mi trámite jubilatorio fue iniciado el 30 de abril de 2008 ante la Anses, pero en marzo de 2011 opté por la ley 14255 y mis certificaciones laborales pasaron al IPS. Mis últimos servicios no presentan complicación alguna: cuarenta y un años como profesor del Colegio Don Bosco (privado) y más de veinte años continuados en dos CENS, todos de Bahía Blanca. Después de seis años de iniciados los trámites me llegó la jubilación por el Colegio Don Bosco, pero no por los CENS, y por ello debí seguir trabajando en ellos, turno tarde y noche. Esta situación es inexplicable con la tecnología existente, pues los tres colegios formaban parte de una misma e inobjetada carpeta, que fue archivada omitiendo la inclusión en la jubilación de los dos colegios públicos. El 13 de mayo de 2014 mandé una carta a un ministro de Scioli que por dos años fue mi alumno, para interesarlo en la solución de este problema. La respuesta fue, naturalmente, afirmativa, pero ya ha pasado casi un año y medio de la ayuda prometida y aún no tengo la jubilación completa. El 1 de abril de 2015 me llegó la baja laboral de los dos CENS en los que seguía trabajando, y debido a eso hace seis meses que no cobro lo que me corresponde por ellos, y yo tengo urgencias económicas que al IPS no le importan nada pero que a mí me duelen mucho. Aunque entonces no tenía título, mi vida docente comenzó a los dieciocho años en escuelas de Córdoba. Ahora, con setenta y tres años y mi salud tocada, no merezco ser tratado con tanta crueldad por un gobierno “justicialista”. Yo quiero mi jubilación completa antes de morir, porque es mía y no de los políticos. Trabajé durísimo toda mi vida, debo acompañar a mis seis hijos y creo que una espera de más de siete años y medio es tiempo suficiente aún en Uganda. ¿Por qué los que tienen vocación política no se someten a los rigores económicos y maltratos que sufren los que tienen vocación docente? Ambas vocaciones tienen el mismo fin: transformar el presente para mejorar el futuro; pero la remuneración es muy diferente, aunque los resultados no lo justifiquen. Un Estado mal dirigido puede ser tan insensible y perverso como las peores empresas capitalistas. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca

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