“No todo está perdido”

Por Redacción

El 18 de octubre nos tocó vivir una situación realmente tortuosa: mi marido tirado en la calle, con fractura de cráneo, pérdida encefálica y hemorragia interna y con escaso pronóstico de vida como consecuencia de un certero golpe cuasi mortal de un martillazo que un malviviente acostumbrado a vivir sin ley ocasionó. La inseguridad no es algo que escapa a la vida cotidiana de nuestros tiempos; hoy es muy común encontrar en los medios masivos de comunicación titulares de muertes, asesinatos, robos, violaciones y las más oscuras miserias humanas rayando lo salvaje, ¡esto aterra pero sobre todo preocupa! ¿Qué pasará con nuestros hijos? ¿Qué pasará con nosotros, principalmente los que seguimos apostando por trabajar, por ganarnos dignamente el pan de todos los días tratando de inculcar a nuestros hijos el valor de la vida, los valores de la familia, de la amistad, del buen vecino, la cultura del trabajo y el respeto a las autoridades? En estos tiempos tan revueltos, con falta de un rumbo claro y de justicia real, que desembocan en niveles cada vez más altos de violencia, sólo nos queda mirar la contratapa, saber que existen muchas personas que padecen las mismas situaciones y deciden, también, poner un granito de arena para construir un futuro mejor. Estos sentimientos encontrados nos llevan a una reflexión profunda al ver nuestra querida Cipolletti, ciudad que nos albergó y nos vio crecer, trabajar y criar a nuestros hijos, convertida en un centro donde el delito es una cotidianidad. Pero también están aquellos vecinos que con sus humildes aportes hacen que haya una luz de esperanza. Ante semejante hecho atroz surgieron como contrapartida innumerables personas que con su apoyo, solidaridad, acompañamiento y fuerza conjunta lograron hacer más soportable el padecimiento. Con ellas estaré eternamente agradecida. En la espera de más de 40 minutos para la llegada de la única ambulancia de traslados del hospital de Cipolletti se trianguló un conjunto de hechos que hoy veo como pequeños milagros y que permitieron que mis hijos sigan contando con la compañía de su papá y yo, con mi compañero, amigo y amor de mi vida. En ese momento casualmente transitaban dos personas con conocimientos en primeros auxilios que no dudaron en accionar para detener la mortal hemorragia… a esas dos personas, mi más solemne respeto y agradecimiento. Debo hacer una mención especial para el personal de guardia del hospital Pedro Moguillansky de Cipolletti, por su atención y rápido accionar. Agradezco la gestión de los Dres. Lucini y Baruff, que se movilizaron y agilizaron en la coordinación de la urgencia, y a la Sra. Susana Mareci, gracias a cuyo desempeño se solucionaron todas las tramitaciones administrativas, pero sobre todo mi principal agradecimiento y admiración eterna a los Dres. Mauricio Roussell y Sonia Hasdeu, neurocirujanos de guardia en ese momento… siendo un sábado por la noche no dudaron en actuar, sobrevaluando su amor a su profesión y al bien común por encima de sus vidas y familias. Hago público mi agradecimiento y tranquilidad de que todavía existan personas capaces de dar lo humanamente posible en pos del bien común… no todo está perdido. Natalia Chemor, DNI 23.867.273 Cipolletti

Natalia Chemor, DNI 23.867.273 Cipolletti