Nuevos adolescentes que merodean en línea

Por Redacción

Sergio Povedano (*)

A partir de los 12 años ya tenemos en Argentina usuarios activos de redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, etcétera). Navegan en mayor medida desde sus celulares modernos y lo hacen durante todo el día. Entre las actividades incluidas se ha identificado una muy curiosa: “merodear”. Y, si bien los más “merodeadores” serían expuestos al llamado bullying cibernético, no se sabe bien cuáles podrían ser los alcances y las consecuencias de esta práctica. En la superficie no se ve nada evidente, sólo jóvenes de hábiles dedos guiando su navegación en la red. Pero en el fondo todo es magia de un leguaje nuevo que el adolescente experimenta por completo. El celular va a todos lados con cada uno de ellos: casa, escuela, plaza, baños, junto a su cama, etcétera. Internet es un mundo invisible tan pesado que es inevitable. “Tan pesado” refiere, repito la obviedad, “al hecho inevitable”. No es posible ignorarlo. Los niños de hoy que rondan los 13 forman parte de la llamada generación Z, iGen o generación net. Son nuestros hijos, por supuesto. Y algunos de ellos, los más “impopulares” o “diferenciados”, los merodeadores en potencia, necesitarán apoyo desde la casa y la escuela. Se deberán revisar las complejidades del bullying cibernético, diferente al bullying tradicional, un problema histórico y antiguo como la sociedad (sólo el nombre “bullying” es lo que suena “nuevo”). Veamos algunos comentarios en torno a este fenómeno. “Una trampa para moscas”, diría un crítico extremo a propósito de las redes sociales. Tal fue el tono de los resonantes comentarios de Umberto Eco en una entrevista con el diario italiano “La Stampa”: “Las redes sociales les dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio nobel. Es la invasión de los idiotas”. Y agregó: “El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. Otra crítica escuchada fue la de Manuel de Prada: “Internet, hoy por hoy, es el principal instrumento del sistema para apacentar a las masas cretinizadas, haciéndoles creer ilusoriamente que fomenta la participación democrática y que fortalece la vida comunitaria, cuando en realidad fue creado para que la herida irrestañable que la destrucción de la vida comunitaria deja en el corazón humano sea anestesiada por un espejismo virtual que no hace sino fomentar la disolución de los vínculos naturales (…)”. Fuertes palabras. Sin embargo, no es nada nuevo ni novedad de ningún tipo dar críticas sobre la red. Y tampoco decir que son innegables sus diferentes atractivos y su afinidad en áreas como la simple comunicación, la globalización o la geopolítica. En un mundo con internet nadie puede hacer nada sin que se enteren todos en un alcance global. Aunque vale decir que la red no está en todos lados y existen países que la restringen (Facebook no está permitido en China, por ejemplo). Como sea, en estos derroteros vive la generación Z, pero sin demasiado drama. Para ellos las redes sociales son un sendero natural. Pero será un camino sin privacidad. Y aún más: en un futuro cercano o lejano el big data puede jugar malas pasadas a los jóvenes de hoy sacando a la luz sus travesuras pasadas en la red. Es sólo un ejemplo de la inocencia de esta generación. Según sondeos hechos en Estados Unidos, dados por CNN, los jóvenes revisan sus redes sociales alrededor de 25 veces o más al día durante los fines de semana sin publicar nada. En un estudio realizado a través de “Anderson Cooper 360°”, se reunió a más de 200 niños de 13 años de escuelas de todo el país. Los jóvenes de 13 años usaban las redes sociales para publicar, tuitear, compartir, agregar o bloquear amigos. Sin embargo, también dedicaban enormes cantidades de tiempo simplemente a “merodear”, observando las listas sin fin de las actividades de sus compañeros sin publicar absolutamente nada. Algunos admitieron que lo hacían alrededor de 25 veces o más al día durante los fines de semana. Los casos más impresionantes admitieron que usan las redes sociales más de 100 veces al día, incluso durante las horas en la escuela. Casi la mitad de los encuestados dijeron que se han sentido excluidos al ver publicaciones de sus amigos en las redes sociales haciendo cosas sin ellos. Y, un dato curioso: más de un tercio dijo que ellos han hecho publicaciones en las redes sociales de manera tal que otros se sintieran excluidos. Los niños de 13 años aseguran que una de las peores cosas que les pueden suceder en la red es del tipo “que mis mejores amigos pasen tiempo juntos sin mí y lo publiquen en Instagram”. O que “mis amigos salgan sin mí y suban fotos en Instagram y que luego nieguen que salieron juntos”, etcétera. Así, el nuevo panorama de la red social es que todos los adolescentes puedan ver imágenes de las fiestas a las que no fueron invitados y de amigos que se divierten sin ellos, imágenes que no verían si las redes sociales no existieran. Su “ausencia”, su “exclusión”, queda expuesta. Los merodeadores sienten que tienen menos oportunidades sociales o menos amigos que otros o que otros son más felices. Casos así se han visto implicados en suicidios. Otros datos de la investigación dicen que el 80% de los niños de 13 años está de acuerdo en que puedes decir qué tan popular es un compañero al ver su perfil en las redes sociales. El mismo porcentaje indicó que sus perfiles en las redes sociales retratan con exactitud su propia popularidad. Al parecer, su vida en la red social puede ser determinante (en su vida). Las horas merodeando en redes sociales podrían ser tiempo para pensar, soñar, resolver problemas, leer, conversar con otros, hacer la tarea, disfrutar de la belleza de la naturaleza o participar en alguna actividad física. El merodear en línea constantemente puede generar estrés y tristeza porque los expone al dolor de la exclusión social, la sensación de que todo el mundo está teniendo un tiempo maravilloso y una vida perfecta y una serie de números que definen tu valor. El cooperativismo y la capacidad de resolver problemas es una oportunidad social que comienza en los niños. Como ya mencioné, la escuela podría ayudar a los más tímidos, a los más impopulares, a los más diferentes, que son los merodeadores típicos. Y los líderes de los grupos, los niños más fuertes, deberían participar en la inclusión del solitario merodeador, increíblemente solo por cierto, frente a su compu, frente a su smartphone. Esta práctica heroica, posible o no, puede ir en favor de una red social democrática. (*) Licenciado en Letras