Ocho años
Columna semanal
LA PEÑA
Me pregunté muchas veces qué hubiera sido o cómo hubiera sido su presente si todavía estuviese viva. Difícil de imaginar, pero posible, porque venía con toda la fuerza y tal vez su mejor momento estaba por llegar.
Justo la tragedia se adueñó de ese escenario cuando todo estaba por venir, o cuando lo mejor estaba por suceder.
Ya había conquistado escalones grandes como Cosquín o Jesús María, ya había cantado con los mejores, pero le faltaba instalarse con más fuerza en el país. Esa fuerza que tuvo Soledad en su momento o Los Nocheros o el mismísimo Chaqueño Palavecino.
Estaba cantado que eso iba a suceder en algún momento, porque las tragedias tienen eso de que nadie las tiene en cuenta. Y pasó y Tamara Castro murió muy joven, con apenas 34 años, pero con una trayectoria enorme y que pintaba para mucho más.
Ocho años se cumplieron desde la muerte de Tamara Castro, una de las mejores voces femeninas que haya tenido el folclore argentino. Simple, pero única. Así fue ella y su voz. Así se metieron en el corazón de mucha gente y no tuvieron tiempo de meterse en el del resto del país. Porque cuando la Argentina empezaba a conocerla perdió su vida en un accidente.
Casi casual fue su salto a la fama. Pero si uno ve lo que fue, seguro hubiera sucedido en algún momento. Dicen que fue a cantar a una parrilla en la provincia de Buenos Aires, como lo hacen todos los que buscan ganar el mango y un lugar en los escenarios, y que allí la vio el dueño de un sello discográfico que apenas la escuchó entendió que había capital en esa voz y mucho para dar en corto plazo.
Y así fue, porque en pocos años Tamara Castro, nacida en Ensenada, pero radicada en Brandsen durante toda su vida, recorrió el país y grabó varios discos de muy buena calidad, con temas propios, innovadores y también tradicionales, cantados a su modo y con su estilo.
Se podría decir que desde los once años estuvo ligada a la música, porque hasta esa edad se dedicó al baile y a las danzas. A los once se sumó al coro del pueblo y el día de Reyes recibe de regalo su primera guitarra. Fue como encontrarse con el regalo ideal, porque al poco tiempo su voz y su guitarra recorrían los festivales y peñas del pueblo. Desde ahí no paró jamás de crecer, a tal punto que sus viajes a los pueblos y ciudades vecinas se hicieron frecuentes.
Pero claro, le costó lo que les cuesta a los que no tienen palanca. Intentó una y otra vez, grabó varios demos para presentar en los sellos, viajó a Cosquín, se instaló en las peñas y nadie, o casi nadie le prestó la atención que merecía.
Cantando en una parrilla de General Rodríguez para ganarse la vida, la descubre Titán Amorena, propietario de DBN con quien firma su primer contrato y graba su primer disco cargado de éxito, llamado Pasiones.
Editó seis discos como solista: Pasiones (1997), Revelaciones (1999), Resplandor (2000), Lo Mejor de Mí (2001), La Patria Digna (2003) y Vital (2006).
Tamara Castro se murió cuando su camino estaba lleno de nuevas alternativas, cuando tanto trabajo empezaba a dar sus frutos. Tal es así que estaba invitada a participar por primera vez en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, en Chile. Murió en diciembre de 2006 y la invitación para ir a Chile era dos meses más tarde.
Una gran pérdida, no sólo por lo que era, sino también por lo que prometía ser, porque cada presentación era un nuevo récord, cada presentación era sumar calidad y experiencia, cada festival era entrega total.
Tamara Castro se llevó un enorme capital y desde su partida no surgió una voz con semejante temple y calidad que la pueda suceder. Es que eso se trae y así como se trae se lo lleva consigo misma. Tamara Castro es una figura del folclore para recordar.
Jorge Vergara
jvergara@rionegro.com.ar
LA PEÑA
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