OPINIÓN: Las enseñanzas de Von Clausewitz

El general prusiano Karl von Clausewitz escribió hace casi doscientos años un tratado, “De la Guerra”, cuyos principios fueron tomados por los principales ejércitos del mundo y, hoy, parecen tener vigencia en la realidad política argentina.

En la obra se analizan las causas de los conflictos armados, su motivación, planeamiento y estrategia. Sus definiciones, sin embargo, trascendieron el ámbito militar e, incluso, son enseñadas hoy en carreras como marketing y gestión empresarial.

Un sencillo ejercicio consistente en enunciar algunas de sus frases más destacadas y compararlas con la situación política nacional puede arrojar sorprendentes similitudes.

“La guerra constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”.

“Imponer nuestra voluntad al enemigo es el objetivo. Para estar seguros de alcanzar este objetivo tenemos que desarmar al enemigo”.

“No cabe considerar la fuerza como la acción de una fuerza viva sobre una masa inerte (el aguante absoluto no sería guerra en modo alguno), sino que es siempre el choque entre dos fuerzas vivas. En ese sentido, lo que hemos afirmado sobre el objetivo último de la acción militar es aplicable a uno y otro bando. De nuevo nos hallamos aquí ante una acción recíproca. Mientras no haya derrotado a mi oponente, tengo que albergar el temor de que sea él quien pueda derrotarme. Por tanto, no soy ya dueño de mí mismo, sino que aquél me justifica, al tiempo que yo lo justifico a él”.

“Si queremos abatir a nuestro oponente, tenemos que regular nuestro esfuerzo de acuerdo con su poder de resistencia”.

“Vemos, pues, que la guerra no constituye simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de ésta por otros medios”.

“Pero, ahora, tenemos que diferenciar en principio tres cosas que, como tres objetos generales, incluyen todo lo demás: son las fuerzas militares, el territorio y la voluntad del enemigo”.

“Las fuerzas militares tienen que ser destruidas, es decir, deben ser situadas en un estado tal que no puedan continuar la lucha”.

“El territorio debe ser conquistado, porque de un país pueden extraerse siempre nuevas fuerzas militares”.

“La guerra, es decir, la tensión hostil y el efecto de las fuerzas hostiles, no puede considerarse como finalizada hasta que la voluntad del enemigo no haya sido sometida”.

“Si es posible realizar acciones tendientes a desbaratar las alianzas del enemigo o volverlas ineficaces, a atraer nuevos aliados a nuestro bando, a estimular las actividades políticas en nuestro favor, y otras parecidas, resultará fácil concebir entonces que tales actividades pueden acrecentar la probabilidad de éxito y convertirse en una vía mucho más corta para el logro de nuestro objetivo que el que puede implicar la derrota de las fuerzas enemigas”.

“La segunda cuestión es cómo influir sobre el desgaste de esas fuerzas del enemigo, o sea, cómo hacer más costoso el precio de sus éxitos. El desgaste de las fuerzas enemigas reside en la merma de su poder, o sea, en su destrucción”.

“... La tercera vía, sin duda en mayor grado la más importante, debido al gran número de casos en que se aplica, es el desgaste del enemigo. Elegimos esta expresión, no sólo para dar con ella una definición verbal, sino porque la representa exactamente, y no es tan figurada como de pronto parece. La idea de desgaste en una lucha implica un agotamiento gradual del poder físico y de la voluntad del adversario por la prolongada continuidad de acción”.

“Al hablar de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales”.

Las enseñanzas del militar prusiano parecen haber sido tomadas en cuenta en la Casa Rosada.

Si se reemplazan las definiciones netamente militares por otras políticas, y se cambia el término “enemigo” por los protagonistas de los últimos objetivos elegidos por el kirchnerismo (Daniel Scioli, Mauricio Macri, Hugo Moyano, Clarín) las coincidencias resultarán asombrosas.

(DyN)


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