Adorni es Milei, la obstinación y el cálculo
El jefe de Gabinete intenta elegir el delito por el cual será juzgado; el presidente lo defiende frenando al Gobierno.
Siempre nos quedará París. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques y el juez federal Ariel Lijo tienen una agenda similar esta semana. Ambos estarán en la capital francesa, para asistir a la reunión del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). Mahiques para defender las políticas del gobierno argentino sobre lavado de dinero; Lijo para entender el marco normativo global para aplicarlas.
Las conjeturas sobre el encuentro entre Mahiques y Lijo son enormes desde que Manuel Adorni decidió iniciar una maniobra temeraria para defender su posición política insostenible en el gobierno de Javier Milei. El jefe de Gabinete se lanzó a un intento desesperado: elegir el delito más benigno por el cual espera ser condenado. El juez al que debe convencer con la artimaña es Ariel Lijo.
Adorni presentó su declaración patrimonial comunicando en público una novedad: encontró fondos propios en un monto suficiente para empatar los gastos que el juzgado de Lijo venía relevando desde que comenzó la investigación a Adorni por presunto enriquecimiento ilícito.
El periódico Financial Times resumió la novedad en estos términos: «El jefe de Gabinete de Argentina, Manuel Adorni, admitió haber ocultado alrededor de $500,000 en ahorros a las autoridades fiscales, mientras que los funcionarios del presidente Javier Milei lidian con un escándalo de corrupción que ha paralizado al gobierno de derecha». Para los amantes de la simetría, la confesión del evasor Manuel Adorni se produjo a un año exacto de la condena por corrupción de Cristina Kirchner.
La maniobra contable y legal de Adorni para zafar ante Lijo incluyó la adhesión previa de él y de su esposa al flamante régimen de «Inocencia Fiscal». Adorni admite el delito de evasión, pero se acoge al régimen vigente para regularizarlo. Sobre todo, busca blanquear un patrimonio previo al ejercicio de la función pública para eludir la condena por enriquecimiento ilícito.
En el ejercicio de esta retorcida ingeniería, Adorni terminó de destrozar su posición política. Inventó un par de embustes nuevos sobre el hallazgo de medio millón de dólares en criptomonedas y una herencia oculta en el domicilio de su padre. Como en el Macondo de Gabriel García Márquez, tal vez el insomnio de los últimos tres meses concluyó en la peste del olvido. Al curarse, el jefe de los ministros habrá encontrado, como la familia Buendía, cartelitos a destajo: «Esto es una vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas; esto es un medio millón en criptos». Lijo sabrá si consume ese caramelo.
Adorni 2031
Ocurre además que estos descubrimientos magníficos desmintieron al mismo Adorni: aquel que había aseverado ante el Congreso de la Nación que ya había declarado todo su patrimonio. Este descrédito escapa a lo jurídico y es de orden político. El siete de diciembre de 2023, Adorni se percibía de otro modo. Ese día, a poco de asumir la Presidencia, Javier Milei desgranó elogios a su hermana Karina en las redes sociales. «El Jefe le ganó a la casta» era el título de un posteo eufórico que Adorni respondió con otro, muy escueto: «Adorni – Karina Milei 2031».
De aquel Adorni que se percibía a sí mismo, acaso con ironía, como presidente tras un segundo mandato de Javier Milei ha quedado, por ahora, solo el evasor jactancioso que encontró medio millón de dólares ocultos en una media vieja, donada a sus olvidos. Para sostenerlo, el Gobierno está obligado a posponer su agenda de reformas porque necesita votos en el Congreso para evitar una moción de censura. Toda la gestión de gobierno entra en pausa para defender la azarosa maniobra de Adorni: la selección de delitos frente a Lijo.
Las declaraciones de Patricia Bullrich, Mauricio Macri y Juan Schiaretti permiten presumir que la Casa Rosada tiene un horizonte oscuro para conseguir aquellos votos en el Parlamento. Pero existe un dato peor: el electorado ya entendió el caso Adorni. El jefe de Gabinete tiene en los sondeos una imagen negativa superior al emblema de la casta, Cristina Kirchner. En el camino del descrédito, Adorni ha llegado a Finisterre.
Esto conduce al verdadero interrogante del caso Adorni: por qué lo sostiene el presidente en el cargo. Javier Milei ha hecho de la obstinación un atributo. Su electorado valora la convicción -áspera hasta la porfía- con la cual construyó su carrera política. Así llegó al poder y del mismo modo lo ejerce. Muchos de los logros del gobierno comenzaron y se sostuvieron en la capacidad de Milei de no ceder a las exigencias que considera injustificadas (que son casi todas las que no coinciden con él).
La defensa cerrada de Milei a Adorni es una duda que ha penetrado en su propia base electoral. Si es una estrategia de afirmación de poder propio e inducción del alineamiento interno, el costo se mide ahora en parálisis de gestión. Si el Presidente cree en la honestidad de Adorni debería revisar sus cálculos: suma la evasión como supuesto «heroísmo», pero no resta las mentiras con las que el jefe de Gabinete humilla a la ciudadanía.
Adorni manoteó, además, un recurso peligroso para Milei: su justificación patrimonial se cifró en maniobras con una criptomoneda. Tocó una cuerda sensible. Justo el tipo de inversión con la que Milei quedó enfrentado a un dilema incómodo durante el caso $Libra. O sabía que hubo una estafa y fue partícipe; o lo ignoraba y el economista digno del premio Nobel fue engañado por incauto.
Siempre nos quedará París. El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques y el juez federal Ariel Lijo tienen una agenda similar esta semana. Ambos estarán en la capital francesa, para asistir a la reunión del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). Mahiques para defender las políticas del gobierno argentino sobre lavado de dinero; Lijo para entender el marco normativo global para aplicarlas.
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