Calcatreu: ¿Qué queremos que genere una inversión en Río Negro?
Calcatreu deja una enseñanza: el desarrollo no se decreta. Se construye cuando hay Estado presente, reglas previsibles, trabajadores con oportunidades y comunidades que participan de esa transformación.

¿Alcanza con que una empresa invierta, produzca y genere empleo? ¿O esperamos algo más: que multiplique oportunidades, fortalezca capacidades y deje en nuestra provincia mucho más que el resultado de una operación económica?
Calcatreu no es solamente un proyecto minero. Es la primera operación de oro y plata puesta en producción en Río Negro y representa una nueva etapa productiva para la provincia, con proyección exportadora. El primer despacho de estos metales, concretado en junio de este año, marcó un hito que nos obliga también a pensar qué desarrollo queremos construir alrededor de esa inversión.
El gobernador Alberto Weretilneck decidió impulsar una provincia abierta a la inversión, con un rumbo productivo definido y la convicción de transformar nuestros recursos en trabajo, producción y oportunidades. Con ello, atraer inversiones también exige ofrecer reglas claras y hacerlas cumplir.
Cuando el Gobierno provincial resolvió suspender preventivamente determinadas actividades del proyecto, no estuvo en discusión la inversión. Se trató de hacer cumplir las normas y garantizar condiciones adecuadas de trabajo. El conflicto pudo encauzarse y las actividades retomaron su normalidad. La experiencia deja una certeza: hacer cumplir la ley no es estar en contra de quien invierte. Es, precisamente, construir previsibilidad.
La seguridad jurídica no consiste solo en que las reglas existan: implica que sean conocidas, respetadas y aplicadas, y es allí donde el Estado tiene una responsabilidad indelegable.
También quedó demostrado que el diálogo social funciona. La suspensión precautoria abrió una instancia de diálogo que permitió alcanzar compromisos y soluciones. Hubo intervención estatal y voluntad de las partes para construir una salida. Los 16 puntos de acuerdo alcanzados muestran que los conflictos pueden transformarse en acuerdos cuando existen instituciones capaces de intervenir y actores dispuestos a dialogar.
Y hay otro aspecto que no podemos dejar de mirar: el empleo local.
La Ley Provincial 5804 establece la prioridad de la mano de obra rionegrina y exige que, como mínimo, el 80 % del personal acredite domicilio legal y real en Río Negro, con la antigüedad prevista por la normativa. También contempla mecanismos excepcionales para perfiles no disponibles en el territorio, vinculados con la formación y reconversión laboral.
Es razonable que una actividad nueva demande conocimientos específicos que todavía no estén disponibles localmente. Pero reconocer esa realidad no significa resignarnos a ella. Si la empresa necesita trabajadores capacitados, el desafío es poder formar a esos trabajadores. Allí la capacitación deja de ser un complemento y se convierte en una política de desarrollo.
Entre los compromisos alcanzados se destacan la incorporación progresiva de 30 trabajadores y la capacitación de otras 30 personas y una asignación estímulo por hasta $2 millones de pesos por participante. Eso es diálogo social aplicado al desarrollo.
Porque una inversión también debe medirse por lo que multiplica.
Calcatreu ya genera empleo directo y actividad para proveedores y servicios de la Región Sur. El desafío es multiplicar ese impacto: desarrollar proveedores locales, incorporar conocimientos y generar oportunidades para que los jóvenes puedan quedarse en sus comunidades.
Por eso, la pregunta ya no es solamente cómo atraer inversiones. La pregunta es qué queremos que una inversión genere en Río Negro.
No tenemos que elegir entre inversión y trabajo, producción y controles, desarrollo y empleo local. Podemos recibir inversiones y hacer cumplir las leyes; acompañar al sector privado y controlar; promover la minería y defender el empleo rionegrino; ofrecer seguridad jurídica y exigir responsabilidad social.
Calcatreu deja una enseñanza que excede al proyecto: el desarrollo no se decreta. Se construye cuando hay Estado presente, reglas previsibles, trabajadores con oportunidades y comunidades que participan de esa transformación.
La inversión necesita previsibilidad. El trabajador, oportunidades. Las comunidades, arraigo. Y las empresas, un Estado promotor, regulador y garante.
Ese es el Río Negro que queremos construir: un Río Negro que recibe al que invierte, acompaña al que produce, capacita al que trabaja, controla al que debe cumplir y, sobre todo, hace que el desarrollo tenga rostro rionegrino.
*Secretaria de Trabajo Río Negro.
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