Deportistas, eje de la guerra cultural sobre vacunas






Andrew Dalton *


La saga del astro del tenis Novak Djokovic en Australia es apenas una de muchas en la era de la pandemia. Los deportistas profesionales que se han negado a vacunarse se han vuelto los protagonistas indirectos de una competencia mucho mayor, como rostros famosos que se han vuelto elementos simbólicos en las batallas culturales sobre las vacunas contra el coronavirus.

Novak Djokovic


En la NBA, Kyrie Irving se perdió los primeros meses de la temporada con los Nets de Brooklyn, antes de hacer un regreso parcial. En la NFL, el quarterback de los Packers Aaron Rodgers ha pasado de ser un veterano reverenciado a una figura polarizadora. Y no ha concluido la confrontación diplomática y las consecuencias de la exención dada a Djokovic para jugar en el Abierto de Australia.


Es una cuestión cultural, no de números. La vasta mayoría de los deportistas profesionales están vacunados -en proporción mayor que la población estadounidense en general- y tácita o explícitamente han aceptado la evidencia de su inocuidad y eficacia, pero el puñado de atletas de alto perfil que se niegan representa un nuevo frente en lo que un experto llama el “papel sobredimensionado del deporte” en las conversaciones de la sociedad.


“Nosotros miramos al deporte en busca de una respuesta o para aclarar asuntos de la cultura en general”, afirma Robert T. Hayashi, profesor asociado de estudios estadounidenses en el Amherst College en Massachusetts. “Muchas veces, las conversaciones más detalladas que vemos en la cultura y los medios son sobre el deporte”. Su posición central no se debe necesariamente a que son excepcionales, sino al hecho de que sirven de “avatares” para todos nosotros.


“Ellos son todos individuos diferentes. Tienen enfoques diferentes”, señala Dan Lebowitz, director ejecutivo del Center for the Study of Sport in Society. Y están sujetos a la misma información y desinformación -la misma receptividad o tozudez- que el resto de la población.


“Vivimos en un mundo en el que nos hemos alejado realmente de una serie central de hechos”, agrega Lebowitz. “Ninguno de esos deportistas es inmune a toda la información que les llega de todo el mundo, ni inmune a las divisiones que tenemos”.


Aunque figuras como Irving, Rodgers y Djokovic están en el centro de la conversación, pudieran no estarla guiando. Las vacunas anticovid, en su breve existencia, entraron aceleradamente al grupo elite de asuntos culturales y políticos divisivos: cosas sobre las que la gente tiende a escoger una posición y la mantiene, sin importar lo que suceda.


Mark Harvey, profesor de la Universidad de Saint Mary en Kansas y autor de “Celebrity Influence: Politics, Persuasion and Issue-based Advocacy”, dice que esos son los asuntos en los que la gente famosa pudiera tener la menor influencia.


“El tipo de asuntos en los que ellos no son realmente influyentes son los asuntos tradicionalmente divisorios”, explica Harvey. “Las celebridades no van a cambiar la opinión de nadie sobre el aborto o las armas de fuego. Para la mayoría de la gente, esto (el coronavirus) se ha vuelto parte de lo que es un asunto divisorio”.
Las voces bien conocidas se vuelven entonces otra cosa: herramientas de amplificación, opiniones usadas más como leña para discusiones existentes en lugar de agentes reales de influencia.


“La gente que tiene ciertas creencias que quiere promover… va a aferrarse a esos deportistas como voceros de su causa”, afirma Lebowitz. Eso no significa necesariamente que las voces famosas no tengan efectos reales. Harvey dice que la conexión personal de una celebridad con un asunto puede importar mucho y puede atraer atención.


La posición de Djokovic pudiera resonar de manera similar en Serbia, su país natal, dado el papel de la nación en los conflictos europeos del siglo XX. “Para Djokovic, la comunidad serbia, con su papel en Europa y cómo es presentada como ‘los malos’ y él puede convertirse en un símbolo para algunos ciertamente por reafirmar un orgullo nacional con la forma en que se está presentando”, dice Hayashi.


Aunque el deporte siempre ha sido indivisible de la política y los conflictos públicos, ha habido un cambio mayor en los años desde cuando Michael Jordan hizo de la neutralidad pública en todos los asuntos no deportivos algo esencial para su imagen. Hoy existe casi una expectativa de activismo, especialmente con el precedente establecido por las protestas de Colin Kaepernick y el respaldo de muchos deportistas al movimiento Black Lives Matter.


“Esperamos mucho de ellos”, afirma Lebowitz. “Les pedimos que resuelvan el odio y el dolor. Y ahora esperamos una posición de ellos sobre salud pública”.

* Periodista de AP


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