El impacto de la investigación y la extensión en los IFDC

Necesitamos una investigación que ensanche las paredes del instituto, que salga a dialogar sin miedo con las comunidades.

Por Dra Pamela S. Diaco*

La investigación en nuestros profesorados muchas veces ha quedado atrapada en una encrucijada incómoda: de lineamientos externos, de pautas que nos dictan desde afuera, o de lógicas universitarias de producción de conocimiento, que terminan juntando polvo en una revista académica.

Discutiendo con esa epistemología de “arriba hacia abajo” que supone que el saber legítimo lo producen expertos externos para que los docentes simplemente lo “apliquen”, resulta imperioso afirmar que enseñar, investigar y hacer extensión en el territorio no son tareas fragmentadas, sino dimensiones inseparables e integradas de nuestro oficio. Los formadores no somos meros ejecutores: somos sujetos conocedores, capaces de construir saber pedagógico en la arena de nuestras propias instituciones. Esto nos invita a una pregunta compartida: ¿qué pasa cuando dejamos de importar teorías externas y nos atrevemos a mirar la formación inicial en relación con la escuela real y el territorio? ¿Para qué escuela estamos formando y desde qué categorías miramos nuestro propio trabajo?

La formación inicial​

Para reflexionar sobre esto, necesitamos poner la lupa en la formación docente inicial y asumir que suele ser un objeto de estudio desatendido o mirado con lentes inadecuados.

 Nos corresponde a nosotros asumir ese rol protagónico y resistir imposiciones externas, porque somos capaces, a partir de las investigaciones de nuestra propia práctica en diálogo con el territorio, de construir un conocimiento contextualizado y valioso, valorando el escenario donde se producen los problemas y abrazando las dificultades cotidianas.

 Investigar la formación docente desde adentro implica interrogar las tensiones, formatos y saberes que ponemos en juego al formar a quienes van a enseñar.

Pero no podemos hablar de esto en abstracto. Hablamos de investigar, extender y formar en un día a día atravesado por ajustes, presupuestos magros y condiciones materiales que asfixian. Un cotidiano donde enfrentamos la imposibilidad estructural de cumplir con todo lo exigido, sumado a un discurso social y político impiadoso que pone en duda la calidad de nuestro trabajo e instala la idea de que nuestro saber no vale nada.

Frente a la desvalorización y al ahogo presupuestario, investigar nuestra práctica y habitar el territorio no es un lujo ni un pasatiempo: es un acto de dignidad política y de soberanía pedagógica. Sin embargo, no nos resignamos a ser ejecutores precarizados; respondemos construyendo saber de oficio de manera colectiva.

¿Qué tipo de investigación y extensión necesitamos en los profesorados para los próximos años y dónde reside la verdadera potencia de nuestros IFDC?

Necesitamos una investigación que ensanche las paredes del instituto, que salga a dialogar sin miedo con las comunidades y nos devuelva mejores herramientas para transformar nuestras prácticas.

El conocimiento local no es “de segunda”; es el único capaz de responder con precisión a las dinámicas vivas del territorio.

Por su parte, la extensión no es asistencialismo ni “ir a enseñarle al que no sabe” desde un altar, sino un diálogo horizontal de saberes. Lo vemos cuando salimos al territorio a construir proyectos de agroecología urbana y diseñamos canteros de madera con los estudiantes.

Entre el suelo, las plantas y el diálogo con vecinos, docentes y estudiantes, el futuro docente comprende que enseñar no es transmitir un paquete de datos, sino gestionar la incertidumbre de la práctica. Enseñar, investigar la propia práctica y leer el contexto son caras de una misma moneda. El oficio se aprende ensayando, andamiando discusiones y ajustando intervenciones en el diálogo vivo del aula.

​Importancia de la extensión​

La extensión desarma el aula tradicional para jaquear la teoría desvinculada y devolvernos docentes situados. No somos técnicos: somos intelectuales transformativos capaces de construir y transformar nuestra realidad junto con las comunidades.

En nuestros institutos, la articulación entre formación, extensión e investigación cobra sentido al construir políticas propias para los problemas reales.

Detrás de cada proyecto y salida de campo hay escuelas reales, docentes que le ponen el cuerpo al cotidiano y comunidades enteras.

Estamos construyendo un conocimiento situado que no nace de recetas externas ni de grandes presupuestos, sino del desafío de interpelarnos cotidianamente. Ahí habita la verdadera potencia ética, política y humana de los IFDC hoy.

 * Profesora Instituto de Formación Docente Continua (IFDC) Fiske Menuco, General Roca.


La investigación en nuestros profesorados muchas veces ha quedado atrapada en una encrucijada incómoda: de lineamientos externos, de pautas que nos dictan desde afuera, o de lógicas universitarias de producción de conocimiento, que terminan juntando polvo en una revista académica.

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