La agenda dispersa del Gobierno

La Casa Rosada intenta retomar su eje: la reelección; el PJ busca unidad para sostener las Paso.

El Presidente en Madrid, donde sus críticas al gobierno de Pedro Sánchez generaron la respuesta de Felipe González. (Foto: Presidencia)

“¿Cómo se puede ir a un país sólo a insultar? Si Milei visita España 15 veces más, es posible que gane el Partido Socialista”. Lo dijo Felipe González, 84 años, ex jefe de gobierno español y todavía referente del Partido Socialista; aunque un crítico agrio de Pedro Sánchez, quien hoy ocupa el mismo cargo y por el mismo partido. 

Como la mayoría de las encuestas, Felipe González ve a Sánchez perdiendo en las próximas elecciones del 29 de noviembre, pero cree que la visita de Milei solamente ayudó a quien Milei intenta perjudicar. Los defensores de Milei podrían argumentar que lo mismo se dijo cuando el presidente argentino se paseó en Brasil contra Lula Da Silva para ayudar a Flavio Bolsonaro. Hoy se sabrá la verdad. El consultor político brasileño Hiram Pessoa de Melo resumió la clave: “El centro crítico del balotaje es la conversión de los votos que quedaron por fuera de la polarización. Bolsonaro tiene posibilidades de captarlo mejor”. 

Hay una tendencia irreversible que no existía en los tiempos activos de Felipe González: toda campaña es global. Lula y Sánchez también se entrometieron en elecciones argentinas. ¿Acaso no fue Donald Trump quien definió la más reciente? Pero lo que caracteriza a Milei y provocó el rechazo de González es la adicción al improperio. 

El Presidente rellena con ofensas el primer baldío que encuentra en el lenguaje. Hace unas horas, pasó del agravio a la amenaza al referirse a periodistas que investigaron el caso Libra. Celebró de esa manera un sobreseimiento de la justicia local que siguió el mismo camino de los tribunales de primera instancia en Estados Unidos. El nuevo desorden verbal del Presidente -en continuado, de ultramar y cabotaje- volvió a desajustar la agenda política de la Casa Rosada cuando venía cosechando algunas mejoras leves. 

El fallo en el caso de la criptoestafa Libra es relevante porque clausura una imaginería que afiebraba a los adversarios de Milei en los tiempos en que tenían números parlamentarios para intentar alguna alquimia de juicio político. También porque alivia las pesadillas de Karina Milei, quien carece de la protección institucional del Presidente. La Casa Rosada podría haber contrastado el momento judicial favorable con el inicio del juicio a Cristina y Máximo Kirchner en la causa de los hoteles patagónicos que según la acusación formal usaron para lavar dinero mal habido. 

Mientras esto ocurría en Tribunales, los libertarios empuñaron sus armas más pragmáticas en el Congreso para ordenar una agenda que venía muy dispersa. Durante el primer semestre, habían volcado iniciativas reformistas en el Parlamento para aprovechar el viento de cola de la elección de medio término. Con una celeridad impensada obtuvieron la reforma laboral. Pero a mitad de año, tuvieron que remar en desventaja la nueva autonomía del Banco Central. 

La velocidad crucero sólo se mantuvo para la designación de vacantes judiciales. Un regalo de 300 posiciones clave que dejó como herencia la enemistad entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Luego vino el repliegue con la ley de Tierras. La oposición retomó posiciones con los proyectos sobre endeudamiento familiar y los vetos judicializados de 2025: discapacidad y financiamiento universitario. La Casa Rosada se complicó añadiendo el proyecto Malvinas. 

Fue hasta que los libertarios sintieron el peligro en la puerta con la amenaza al DNU 70, la norma de emergencia fundacional para el gobierno. La reacción fue sensata. Antes de que venga el Papa, cedieron presupuesto para encarrilar la gestión en Discapacidad, reteniendo la cláusula de origen del financiamiento. Consiguieron casi dos tercios de los diputados a favor. 


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