Los cambiantes números de Milei

Mejoran de a poco algunos indicadores económicos; crecen los reacomodamientos por las encuestas sobre respaldo político.

Por Edgardo Moreno

La economía de Milei continúa siendo el eje organizador de los bloques políticos para la próxima Argentina electoral. La construcción inicial de esos bloques comenzará a delinearse en el segundo semestre de este año.

Si la reforma política propuesta por la Casa Rosada no avanza en el Congreso, las normas vigentes volverán a promover que la competencia comience temprano en 2027. Se irá desgranando con una cadena de disputas territoriales y no sería extraño que termine tarde, con un balotaje al final del año. 

Para Milei, los números fundamentales del programa económico han comenzado a mejorar de a poco. 

Las proyecciones inmediatas sobre el nivel de precios no predicen una continuidad del rebrote inflacionario de marzo. Tras la última revisión del Fondo Monetario, el clima financiero ubicó el riesgo país de nuevo en niveles más cercanos a la ventana de oportunidad que tuvo el Gobierno en enero pasado para explorar el regreso a los mercados de crédito. 

Es probable que haya incidido en esa mejora el ritmo de recomposición de las reservas. En cinco meses, el Banco Central alcanzó la meta de acumulación comprometida para todo el año. Aun con esa novedad, el valor del dólar se mantuvo estable. 

Existe, no obstante, un debate técnico entre los economistas sobre la sustentabilidad del modelo.

Las prevenciones son varias. Entre las más nítidas: la persistencia oficial de mantener los restos del cepo cambiario e inducir una subvaluación del dólar; las dificultades para continuar la política fiscal por la vía de la reducción del gasto versus el desafío de explorar cambios -como sugiere el FMI- por la vía de los ingresos; la fragilidad todavía elevada de las reservas para enfrentar la incertidumbre electoral; el calendario de vencimientos externos para el cual, pese a la baja, la tasa de riesgo país todavía impide una reprogramación razonable.

Y hay otros números de Milei que forman parte de la misma ecuación, aunque provienen del relevamiento del respaldo social.

La baja en las encuestas de opinión, por ejemplo, donde la mejor novedad para el Gobierno es un freno incipiente al drenaje de los últimos meses y la ausencia de liderazgos emergentes en el espacio de oposición. Pero, sobre todo, los números crecientes del descontento social con la doble velocidad del modelo económico: la macroeconomía está más ordenada pero el costo social del ajuste parece interminable y el Gobierno rechaza cualquier estrategia de mitigación activa. 

Los números políticos de Milei podrían estar mejor si el oficialismo no se hubiese obcecado en la reivindicación de errores graves. La defensa cerrada alrededor de Manuel Adorni no ha sido una disputa entre Milei y sus adversarios, sino entre la credibilidad del Presidente y la decepción de sus propios votantes.

Con todo, el escándalo de un jefe de Gabinete incapaz de presentar en meses una declaración de bienes es menor al lado de otros casos de corrupción más irritantes -como el de la Agencia Nacional de Discapacidad- que el propio Gobierno tuvo que confirmar. 

Esa defección ética de los libertarios es la que está provocando un reacomodamiento embrionario del bloque oficialista. Una escisión incipiente por la vía política de Patricia Bullrich o Mauricio Macri es una señal lanzada al espacio de la incertidumbre política si continúa en el año electoral.

Cabe el ejemplo: el proyecto de reforma política de Milei propone eliminar las Paso, pero precisa de los votos de aliados como Bullrich o Macri que podrían necesitarlas para contener la disputa del bloque oficialista. 

Incógnitas


En el espacio opositor hay un obstáculo mayor. Asoma un candidato como Axel Kicillof cuya competitividad electoral depende del fracaso del modelo económico de Milei.

Kicillof no ha cambiado su mirada sobre la economía. Sigue predicando lo que siendo ministro de Cristina Kirchner ejecutó. Es por decisión propia el referente de la certeza y la incertidumbre. Certeza del regreso al modelo anterior, incertidumbre por la reacción de la economía si crecen sus chances de ganar.

Esta contradicción es la que Luis Caputo intenta describir de vez en cuando, siempre sin evitar dispararse en los pies. 

Kicillof tiene además la complicación de la tobillera activada en San José 1111. Cristina Kirchner es un liderazgo devaluado para el gobernador bonaerense, pero con capacidad residual de daño. La palabra «indulto» es el detonador de control que, de tanto en tanto, le activan a Kicillof desde el kirchnerismo ortodoxo. 

El resto del peronismo no encuentra un modo visible para salir de esa interna tóxica, de modo que lo hace de manera furtiva. Los gobernadores justicialistas diseñan sus estrategias territoriales, resignados a la inexistencia de un proyecto nacional consolidado. 

Hablan con Diego Santilli para reclamar acuerdos incumplidos tras el último ajustazo de Luis Caputo para preservar el supéravit fiscal. Hablan con Patricia Bullrich para buscar un atajo entre la reforma política que quiere el Gobierno y el desdoblamiento electoral que necesitan el año próximo. En esa negociación asoman la idea de unas Paso sin voto obligatorio y otras imaginaciones. 

La variedad de opciones tácticas nace de dos incógnitas que comparten todos los interlocutores políticos. ¿Podrá estabilizar Milei la consistencia de su modelo económico, sin corridas ni sobresaltos, antes de las elecciones? En los últimos comicios, a ese insumo solo se lo proveyó un rescate inédito de la administración Trump.

¿Y cómo hará para mejorar los números de su política? Es decir: recuperar la percepción mayoritaria de apoyo al modelo.  


La economía de Milei continúa siendo el eje organizador de los bloques políticos para la próxima Argentina electoral. La construcción inicial de esos bloques comenzará a delinearse en el segundo semestre de este año.

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