Riesgos y bondades del «homeschooling», la enseñanza en el hogar
Es un sistema de educación que se desarrolla en el hogar, sin necesidad de recurrir al colegio diariamente. Los pro y contras que tiene esta modalidad, incluida en el proyecto denominado de "Libertad educativa".
El nuevo proyecto de ley denominado Libertad Educativa propone en su artículo 43 formas alternativas de enseñanza, entre las que se destaca la enseñanza en el hogar o homeschooling. Para muchas personas, la idea de una educación hogareña, lejos de los requerimientos escolares, puede resultar atractiva. Sin embargo, es necesario advertir sobre sus riesgos.
El homeschooling es una propuesta que vienen llevando adelante distintos movimientos sociales desde fines de los 60 como modelo de crítica al sistema educativo formal. Sus defensores provienen de los sectores más disímiles de la sociedad: grupos anarquistas, mormones, protestantes, etnias radicalizadas, altas clases sociales, grupos religiosos extremos; incluso parte del hippismo. Si bien esgrimen razones distintas, todos se unen en la desconfianza al sistema educativo de masas.
Es un sistema de educación que se desarrolla en el hogar, sin necesidad de recurrir al colegio diariamente. Se lleva adelante monitoreado por el sistema educativo a partir de exámenes periódicos y/ o distintas modalidades de supervisión. La certificación final de los aprendizajes (igual que el sistema con asistencia a las escuelas) siempre queda en manos del Estado. Dicen quienes lo promueven que da mayor libertad a las familias respecto a la gestión de los aprendizajes de sus hijos.
Antes de la existencia de los sistemas educativos con presencialidad obligatoria, y por la inexistencia de edificios para tal fin, la ínfima población que accedía a bienes culturales lo hacía, fundamentalmente a través de la enseñanza en el hogar por parte de educadores particulares. Si la familia era adinerada, costeaba los gastos de un maestro tutor. Otra forma era el mecenazgo, según el cual una familia pagaba los estudios de alguna persona pobre que consideraba válida. Una tercera vía de acceso a bienes culturales -como la alfabetización- fue la Iglesia, quizás un poco más amplia en su alcance, pero lógicamente con la restricción del credo. No debemos olvidar además el papel alfabetizador del ejército en edades más avanzadas.
Un último grupo lo constituyó la enorme masa de la población que nunca se alfabetizó o que aprendió en casa a leer y a operar con números, gracias a la ayuda de sus mayores y sin ninguna asistencia de las instituciones antes mencionadas. Aquí podríamos además ubicar lo que en el ambiente familiar nombraban como autodidactas. También en América Latina, según Adriana Puiggrós, antes de la llegada española, la educación sistemática estuvo dedicada sólo a las clases dirigentes a través de los templos-escuela de los aztecas (calmecac o telpochcalli) o las casas de enseñanza incas (yachayhuasi- acllahuasi).
A grandes rasgos, había tres grandes sectores: los privilegiados con la asistencia privada de un tutor; un segundo sector con asistencia religiosa o militar y un tercero -mayoritario- con asistencia familiar.
Todo esto cambió a partir de los siglos XVII y XVIII, cuando se desarrolló un cerrado consenso respecto a la necesidad de dotar de ciertas habilidades técnicas (leer, escribir, operar con números) a grandes masas de la población. De esta manera, el Estado comenzó a intervenir donde antes sólo lo hacía la familia (el tercer sector nombrado anteriormente). La enseñanza tomó una aspiración de carácter universal que quedó sellada en la expresión comeniana “enseñar todo a todos” de 1632. Durante esos siglos comenzaron a desarrollarse los sistemas educativos que, con algunos matices, han llegado hasta la actualidad. Así, casi la totalidad de la población pudo acceder a lo que antes sólo estaba dado a unos pocos privilegiados.
Las bondades de un sistema abierto y en el hogar son la flexibilidad, adaptación a los tiempos propios, seguimiento remoto y movilidad estudiantil, pero se presentan sólo cuando la asistencia por alguna otra vía está asegurada. Cuando no tiene asistencia, como en grandes sectores, queda a expensas de lo que las propias familias puedan brindar. Vale señalar que muchas de las bondades del homeschooling ya están previstas en los establecimientos educativos actuales dentro del paradigma de la inclusión social y el acompañamiento a las trayectorias escolares.
Dentro de los riesgos está la profundización de la grieta entre quienes puedan adquirir otras vías de acceso al conocimiento y quienes cuentan con el grupo familiar. El carácter socializador de la enseñanza; el encuentro entre quienes saben más y quienes saben menos; la construcción y el afianzamiento del lazo tan necesario para una democracia se verían fuertemente afectados.
Da la sensación de que el nuevo proyecto no trae grandes libertades para la población sino más bien inmensos despojos culturales para las grandes mayorías. Una suerte de Mad Max pedagógico.
Las enormes fisuras que tiene el sistema educativo con presencialidad obligatoria no debe ser excusa para su retiro definitivo de la vida de las grandes mayorías. Pese a sus defectos, el sistema escolar presencial es la manera más expansiva de los bienes culturales que se haya construido jamás.
*Profesor en Instituto de Formación Docente y Universidad Nacional de Río Negro. Investigador en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE).
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