Volver a la lectura en papel y a jugar en al patio
Para los padres en Río Negro y Neuquén, el desafío es doble: entender que la tecnología debe sumar valor real y que el "ejercicio de las neuronas" también requiere sudor.

Suecia, uno de los laboratorios educativos más avanzado del mundo, acaba de admitir que el futuro no estaba exclusivamente en las pantallas.
Tras reemplazar manuales por tablets, han decidido dar un volantazo de 180 grados porque la digitalización forzada no fabricó alumnos más brillantes, sino estudiantes con mayores dificultades para concentrarse y procesar información compleja. Este giro copernicano («Efecto Suecia»: por qué el país más tecnológico de Europa vuelve a los libros de papel. Diario Rio Negro) es una respuesta contundente de la neurociencia.
Cuando Gutemberg inventó la imprenta hacia el 1450, jamás imaginó que, varios siglos después, se abriría paso a la lectoescritura con fibras de luz que practicamos en la actualidad.
Mientras que tipear es una acción mecánica, el leer de papel y el escribir a mano, activas redes de memoria y procesamiento motor, obligando al cerebro a consolidar el aprendizaje.
Además, como bien explica el Lic. Mariano Sigman en El poder de las palabras: “recuperar un dato a voluntad y sin esfuerzo es necesario para aprender a pensar”.
Creer que ya no hace falta memorizar, porque todo está en internet o en la IA, es un error que vuelve al cerebro cada vez más perezoso y que conspira contra la creatividad, puesto que la imaginación necesita de la memoria, para asociar puntos y construir puentes.
Sin ese sustento interno, que hace al acervo intelectual de cada persona, el conocimiento se vuelve inerte, un dato descontextualizado.
En este regreso necesario a las fuentes, el libro físico recupera su perdido fulgor. Da cierta melancolía, transitando las avenidas de las grandes ciudades, ver el marchitar de los kioscos de diarios y la poca afluencia de público a las bibliotecas populares, públicas o privadas.
Arturo Pérez-Reverte, en sus siempre recomendables Patentes de Corso (“Maestros de tinta y papel “y en “Libros viejos”), nos recuerda que “los libros son compañeros y amigos que nos sacan de apuros cuando el pensamiento se atranca”. Hay una mística que portan la impronta de los años, con sus “puntos de lectura, marcas en las páginas y párrafos subrayados a lápiz” y a la necesidad de acercarnos a ellos con el afecto y el respeto que se le tiene a un “digno y noble veterano”, sabiendo que son supervivientes que han escapado a la ignorancia y la estupidez humana.
A diferencia de la luz volátil de una pantalla, el papel refleja la luz del ambiente y la del saber decantado.
Pero el regreso a las fuentes no termina en el pupitre; se extiende al movimiento. El cerebro no es un dictador solitario, sino que existe una interacción mutua con el cuerpo. Por ello conviene señalar cuales, además de los físicos, son los beneficios cerebrales del movimiento.
Al movernos, los músculos segregan mioquinas, moléculas que estimulan el crecimiento cerebral y detienen el achicamiento del hipocampo, región vital para el aprendizaje.
Los cinco beneficios de la actividad física en este plano son: convierte al cerebro en una fuente de placer al disparar sustancias químicas como la dopamina y la serotonina, estimula la neurogénesis, mejora la memoria y el aprendizaje, aumenta el grosor de la corteza cerebral y la neuroplasticidad
Por ello, para los padres en Río Negro y Neuquén, el desafío es doble: entender que la tecnología debe sumar valor real y que el «ejercicio de las neuronas» también requiere sudor. En tal sentido se ven pasos firmes en nuestra región, desde la prohibición de celulares en aulas rionegrinas hasta la apuesta de Neuquén por la inversión en libros de papel.
Debemos proteger a nuestros hijos de la fragmentación digital y devolverles la capacidad de la lectura profunda y el juego real.
Hagamos que recuperen el gusto por el objeto que se puede tocar y por el espacio donde el aprendizaje no depende de una conexión a la red, sino de la conexión humana.
En ese proceso lento, razonado y activo, es donde realmente se forja el saber. Es hora de honrar la tinta y el movimiento, como las herramientas más genuinas para enseñarnos a pensar.
*Abogado. Prof. Nac. de Educación Física. Docente Universitario. angrimanmarcelo@gmail.com

Suecia, uno de los laboratorios educativos más avanzado del mundo, acaba de admitir que el futuro no estaba exclusivamente en las pantallas.
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