Oscuro laberinto

Redacción

Por Redacción

La joven de 17 años que pidió abortar lo hizo desde una profunda convicción. No desea un hijo producto de una violación y además, producto de una violación de su propio padre. Su caso es claramente un caso de aborto no punible, pero aún así tuvo que atravesar por las resistencias que muestran instituciones públicas de Río Negro que en lugar de proteger su integridad psicofísica, la revictimizaron. Trascendió que ella nació dentro de una comunidad mapuche, pero ante todo es una mujer que creció en una cultura diferente a las de sus ancestros, que es la sociedad donde vive, donde se educó, en la cual transita cotidianamente; de otra manera no habría acudido al hospital público y su conflicto hubiese sido “resuelto” en su comunidad. Esta situación –seguramente– no le hizo su decisión más fácil. En el pueblo mapuche –me cuenta una referente de esta cultura– no se aprueba el aborto. “Para nuestro pueblo esto no estaría bien visto porque donde hay vida, no se la toca. El aborto, para nosotros es una cuestión huinca”. Pero la chica no quiso continuar con un embarazo producto de una violación porque –además– tendría una criatura producto de un incesto. Estos temas, como el de violaciones intrafamiliares, embarazos producto de relaciones intrafamiliares, no son temas estancos dentro de estos pueblos originarios. Si bien las “abuelas” acusan resistencias a los cambios, son las mujeres más jóvenes las que han visto las conquistas del colectivo de mujeres en su sociedad, las que quieren una realidad más justa para ellas. En el Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Neuquén, estas cuestiones se ofrecieron al debate y quedaron expuestas las grietas generacionales. “Las jóvenes dicen que habría que aceptar el aborto y las abuelas no se bajan de sus convicciones. Yo soy mujer y soy madre y considero que es muy fuerte tener un embarazo no deseado. En Neuquén participamos mujeres de distintos pueblos originarios de la Argentina, y el debate del aborto se dio fuerte entre una abuela y una joven de Esquel, ambas del pueblo mapuche y aquí hay posiciones encontradas. Pero las más jóvenes no podemos desentendernos de esto. Hay cosas que tenemos que cambiar”, explica. De modo que, en este sentido, la situación que vivió esta joven de Río Negro que pidió abortar tuvo una doble presión. Pero, llamativamente el primer obstáculo no estuvo en “su cultura”, como hicieron ver algunos medios, sino en el hospital público, donde acudió para solicitar la atención debida que le fue negada. La “cuestión cultural” trajo dos casos en los que la justicia tuvo que intervenir, cuyas víctimas eran mujeres pertenecientes a pueblos originarios (una en Chaco y otra en Salta); pero de ningún modo este componente podría haber obstruido el pedido de la joven. Ninguno de aquellos casos fue equiparable con el de Río Negro, porque aquí la demanda de abortar provino de la víctima y de su convicción de hacerlo. No se trata tampoco de una niña, sino de una adolescente de 17 años que, además hace 6 años que vive una situación de violación que terminó en embarazo no deseado. Por fortuna, la joven no estuvo sola, fue acompañada por prácticamente todos los colectivos de mujeres del país que hicieron llegar su solidaridad; y está muy sostenida por la gente que la acompaña desde distintas instituciones de El Bolsón, básicamente porque ella está convencida del paso dado. Claro que desconocía que su determinación transitaría por un laberinto cuya puerta fue el hospital público de El Bolsón, donde sus autoridades manifestaron que todo el servicio de ginecología planteó objeción de conciencia, donde dicen desconocer el “protocolo de atención” existente para estos casos de abortos no punibles, una de las razones por la cual la directora del hospital no garantizó lo que la ley sí garantiza. Tampoco sabía esta joven que se encontraría expuesta y revictimizada por tener que pedir que la ley se cumpla.

Susana Yappert sy@fruticulturasur.com

opinión


La joven de 17 años que pidió abortar lo hizo desde una profunda convicción. No desea un hijo producto de una violación y además, producto de una violación de su propio padre. Su caso es claramente un caso de aborto no punible, pero aún así tuvo que atravesar por las resistencias que muestran instituciones públicas de Río Negro que en lugar de proteger su integridad psicofísica, la revictimizaron. Trascendió que ella nació dentro de una comunidad mapuche, pero ante todo es una mujer que creció en una cultura diferente a las de sus ancestros, que es la sociedad donde vive, donde se educó, en la cual transita cotidianamente; de otra manera no habría acudido al hospital público y su conflicto hubiese sido “resuelto” en su comunidad. Esta situación –seguramente– no le hizo su decisión más fácil. En el pueblo mapuche –me cuenta una referente de esta cultura– no se aprueba el aborto. “Para nuestro pueblo esto no estaría bien visto porque donde hay vida, no se la toca. El aborto, para nosotros es una cuestión huinca”. Pero la chica no quiso continuar con un embarazo producto de una violación porque –además– tendría una criatura producto de un incesto. Estos temas, como el de violaciones intrafamiliares, embarazos producto de relaciones intrafamiliares, no son temas estancos dentro de estos pueblos originarios. Si bien las “abuelas” acusan resistencias a los cambios, son las mujeres más jóvenes las que han visto las conquistas del colectivo de mujeres en su sociedad, las que quieren una realidad más justa para ellas. En el Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Neuquén, estas cuestiones se ofrecieron al debate y quedaron expuestas las grietas generacionales. “Las jóvenes dicen que habría que aceptar el aborto y las abuelas no se bajan de sus convicciones. Yo soy mujer y soy madre y considero que es muy fuerte tener un embarazo no deseado. En Neuquén participamos mujeres de distintos pueblos originarios de la Argentina, y el debate del aborto se dio fuerte entre una abuela y una joven de Esquel, ambas del pueblo mapuche y aquí hay posiciones encontradas. Pero las más jóvenes no podemos desentendernos de esto. Hay cosas que tenemos que cambiar”, explica. De modo que, en este sentido, la situación que vivió esta joven de Río Negro que pidió abortar tuvo una doble presión. Pero, llamativamente el primer obstáculo no estuvo en “su cultura”, como hicieron ver algunos medios, sino en el hospital público, donde acudió para solicitar la atención debida que le fue negada. La “cuestión cultural” trajo dos casos en los que la justicia tuvo que intervenir, cuyas víctimas eran mujeres pertenecientes a pueblos originarios (una en Chaco y otra en Salta); pero de ningún modo este componente podría haber obstruido el pedido de la joven. Ninguno de aquellos casos fue equiparable con el de Río Negro, porque aquí la demanda de abortar provino de la víctima y de su convicción de hacerlo. No se trata tampoco de una niña, sino de una adolescente de 17 años que, además hace 6 años que vive una situación de violación que terminó en embarazo no deseado. Por fortuna, la joven no estuvo sola, fue acompañada por prácticamente todos los colectivos de mujeres del país que hicieron llegar su solidaridad; y está muy sostenida por la gente que la acompaña desde distintas instituciones de El Bolsón, básicamente porque ella está convencida del paso dado. Claro que desconocía que su determinación transitaría por un laberinto cuya puerta fue el hospital público de El Bolsón, donde sus autoridades manifestaron que todo el servicio de ginecología planteó objeción de conciencia, donde dicen desconocer el “protocolo de atención” existente para estos casos de abortos no punibles, una de las razones por la cual la directora del hospital no garantizó lo que la ley sí garantiza. Tampoco sabía esta joven que se encontraría expuesta y revictimizada por tener que pedir que la ley se cumpla.

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