Pablo Sirven: “Los diarios enfrentan nuevos jugadores”
Con más de un cuarto de siglo investigando los medios, Sirven detecta nubarrones crudos sobre el futuro de los diarios ante la mudanza que definen los tiempos, lo cual implica un desafío para el último “bastión” de la calidad de reflexión mediática.
ENTREVISTA
-En relación con la reflexión sobre la política argentina, la prensa escrita ¿está expresando mayor calidad de contenido que los medios, por causas audiovisuales? -Sí, sí. Pero este diagnóstico expresa también un dato dramático: la prensa escrita emerge como el último bastión, en términos de interés, por la calidad de la reflexión. Esto con independencia de si está o no de acuerdo con éste o aquel contenido. Por fuera de ella, asistimos a una creciente baja de esfuerzo por la calidad de reflexión sobre la política para el caso. -¿La definición de bastión conlleva la de un espacio sólido? -No necesariamente porque de hecho la prensa escrita tiene desde hace tiempo varios complejos de inferioridad respecto de otros medios. Una, la televisión, que de hecho le pisa los talones. Otro, internet. Entonces, suele caer en el suicidio de querer parecerse a esos medios sin lograrlo, con lo cual lo único que logra es aparecer más ligera, más liviana. Pierde esa densidad que contiene el buen sentido de la palabra densidad. Es decir, un aporte a pensar en términos acentuados sobre problemas, soluciones, etc. -¿En qué rango colocamos a la sociedad en relación con todo este tema? -No podemos reflexionarlo sin computar la mudanza de hábitos en que está inmersa la sociedad a gran escala. Por caso: vivimos una época de redes sociales con sus manías, o sea, sus mensajes más disruptivos que hacen a una dialéctica más ligera, más caprichosa, menos fundamentada; un proceso que pivotea en el impacto, en lo rápido. -Y seguir y seguir. El mañana es hoy. -Algo de eso, ¿no? -Volvamos a lo que definió como “complejos de inferioridad” que sobrelleva la prensa escrita y a la mudanza de hábitos que se asiste a escala -creo que vale el término- planetaria. ¿La prensa es una opción en decadencia? -El hombre de las cavernas no tenía opciones o en todo caso sus opciones eran muy reducidas. -Si nos metemos en la ontología, antropología y asociados. -No, no es necesario. Digo que en sus 24 horas, día, noche, tenía que dedicarse a sobrevivir. Cazar, defenderse. Sus opciones eran muy puntuales. Hoy, a lo largo de 24 horas, el humano ve cómo se le deslizan ininterrumpidamente, en términos de un tobogán, opciones y más opciones sobre esto o aquello. El mundo de la oferta y más oferta. Me parece que éste es un marco imprescindible de integrar para reflexionar sobre la suerte de la prensa escrita. Los diarios pierden competitividad porque, con independencia de cuestiones que hacen a sus prácticas, están retados por nuevas alternativas de información. Mire por donde se mire, ésta es la realidad. Perdieron la centralidad que tuvieron en la cotidianidad de la gente. No diría que están en un espacio periférico, pero están donde no habían estado nunca. -Marcan mucho de la agenda de la que luego se adueñan otros medios. -Por supuesto. Pero los diarios enfrentan nuevos jugadores. -Graham Green decía que lo que le apasionaba de leer un diario residía en que esa lectura le desdoblaba su existencia. Uno era él en la cotidianidad o sea más suelto, menos exigido por algo. Otro él, concentrado en extremo leyendo un diario. ¿Cómo juega hoy en la suerte de los diarios la exigencia de concentración que requiere leerlos? -Volvemos a lo de las 24 horas y las opciones. El tiempo se parte y se parte cada vez más en el desborde de opciones de mil naturalezas que tiene ante sí la gente. Opciones que incluso generan dispersión, una continua dispersión, estar en esto, en aquello otro, mirar aquí, allá. Oferta y más oferta. Bueno, en este escenario va hacia la marginación la concentración, que es consustancial a la lectura del diario. En línea a esto, hoy el diario que publica una reflexión con alcance de ensayo nada contra la corriente. Ese tipo de producción pierde clientela, queda la clientela muy, muy puntual. Impera una especie de “dictadura” de lo corto… -¿Y lo presente en cuanto a tema? -Sí, pero lo corto en cuanto a extensión. De ahí, de esa “dictadura” emerge, construye gravitación Twitter. Breve, conciso, 140 caracteres y fue. En el campo de la información concreta, de la noticia -por ejemplo-, en la televisión manda la frase, en general, con independencia de mayor explicación, lo breve. -Pero hacer televisión desde ese estilo, desde esa voracidad por el seguir y seguir de presente en presente, ¿se requiere realmente al menos buena formación intelectual, académica? -Bueno, ese estilo se despliega sin necesidad de sólida formación. Si existe, mejor, si no… -Hay periodistas en televisión que no saben lo que es el PBI. O caen en un desorden de reflexiones -por caso, en relación con la desaparición del velero “Tunante”-, que expresan un déficit patético de formación no técnica, específica, sino de ponderación de lo que es la naturaleza. Ausencia de prudencia, borbotones desopilantes de palabras y todo dicho desde la “verdad pasa por acá”. ¿Qué opinión le merece este tipo de “estampidas” discursivas? -En todo eso me llama la atención un hecho: la ausencia de curiosidad como factor de formación. Ni usted ni yo teníamos internet. Teníamos archivos, libros. Había que explorar. Y teníamos interés en hacerlo. Hoy está Wikipedia ¿no? Es decir, en muchos planos de los medios hay ausencia de curiosidad más allá del presente y más presente. -En la edición de hoy (sábado) un veterano de “El País”, Miguel Ángel Bastenier, señala -en nota “El periodismo es un humanismo”- que el periodista tiene que tener, como mínimo, familiaridad con la literatura. En tren de fundamentar -entre otros ejemplos que da-, que no estaría mal que el periodista sepa algo de Shakespeare, “el gran psiquiatra del mundo occidental”. ¿Qué le dice esta sugerencia? -Que es muy oportuna, que los periodistas tendrían que darse un tiempo entre este presente y más presente para abordar a Shakespeare. Y mire, recuerdo que me asombré positivamente tiempo atrás, no hace mucho, cuando en uno de sus libros sobre el periodismo argentino, Fernando Ruiz (*) comenta que sugiere a sus alumnos estudiar las tragedias clásicas de Shakespeare para detectar dónde se produce el malentendido en las relaciones sociales, de poder, que a la larga siempre será un malentendido fatal que a modo de bola de nieve desciende e inexorablemente desciende generando sangre, muerte. Y sí, en la vida de un país se muestra mucho de Shakespeare en clave a los malentendidos. No sólo en el campo de la política, de la lucha ideológica, sino incluso en cómo determinados factores -la anomia con que se mueven muchas cuestiones en la Argentina o la desnutrición estructural que nos signa-, terminan cortando y cortando vidas. Sí, sí: Shakespeare. -En todo ser o no ser periodista. -Algo de eso ¿no? > Manda la cuna -Hay en ciertos planos del periodismo argentino una búsqueda ante determinado hecho, que incluso puede ser muy complejo en su genética, de encontrar la culpa, el culpable “ya”. En tren de eso, se escuchan días enteros de dislates… ¿Percibe este proceso?, ¿de qué nos habla? -Lo percibo, por supuesto. Pero es un estilo reflejo de lo que es la sociedad argentina. Muy exitista, compramos a libro cerrado, idolatramos el momento y nos resistimos a escuchar algo en contra de ese momento. La dictadura, ¡Malvinas!… “Vamos contra el imperio británico”, pero a los seis meses recitamos el Preámbulo de la Constitución Nacional junto con Raúl Alfonsín. Cinco años después endiosamos el uno a uno, para una década después ser bolivarianos. Tenemos una definida conducta de evitar reflexionar sobre un tema grave, importante por su proyección, reflexionarlo en términos complejos que nos incorporen como parte del problema. Lo que se busca es siempre enjugar responsabilidades. No es casual el “Yo, argentino”. -¿Pero cómo engarzar a cierto periodismo en esa línea? -Ese periodismo exacerba, busca enfatizar, potencia característica de nuestra sociedad. Se atrinchera en su verdad, no mira en otros términos que no sea ese convencimiento. Y cuando algo que defendió sí o sí cae, bueno “yo no lo voté”. A Menem y a Cristina nadie los votó. > El entrevistado: Porteño y de flamantes 57 años, Pablo Sirven -secretario de redacción de “La Nación” pero con dilatada performance en medios nacionales- es uno de los periodistas con mayor solidez intelectual del país. Un lote no muy amplio que integran -en el campo de los columnistas y valga la paradoja-, entre otros, algunos de los hombres que publican en ese medio: Carlos Pagni, Jorge Fernández Díaz, Eduardo Fidanza. Sirven, especializado en medios, tiene en su haber media docena de libros que encendieron polémicas en algunos casos. Lo escribió a los 26 años: “Perón y los medios de comunicación”, del cual hay dos ediciones. Si bien la primera se centró en la gestión de los gobiernos de Juan Perón, la restante reflexiona sobre el conjunto de mandatarios peronistas y su vínculo con los medios. “Lo paradójico -suele señalar Sirven- es que Perón llegó al poder con todos los medios en su contra y no pudo permanecer cuando los tenía a favor”. (*) Catedrático de la Universidad Austral
Carlos Torrengo | carlostorrengo@hotmail.com