País fuera de foco
POLÍTICA
Los amantes de la fotografía y los que no lo son van a entender: el país está fuera de foco. La imagen de la cotidianidad es difusa, imprecisa, no sirve. Todavía se escuchan los ecos de lo sucedido en la cancha de Boca pero las noticias de otro calibre, tan duras como aquélla, se suceden tan rápidamente que para la gente es imposible tenerla presente como un serio problema.
¿Es un hecho aislado o expresa a la sociedad tal como es?
¿Ha sido a imagen y semejanza de los defectos de los que habitan la Argentina? Se viene hablando desde hace décadas de que el país “está fuera de la ley”. Un gran jurista como Carlos Nino, al retornar la democracia en la década del ochenta, publicó un libro con ese título y explicaba cómo muy pocos escapan al incumplimiento de las normas, de los límites, y cómo la mayoría elige la impunidad. Así las cosas, el país atrasa, se denigra, reina la ley de la selva.
La película nacional muy premiada “Relatos salvajes” puso en evidencia hasta dónde llegan la violencia, la intolerancia y la locura social en el país. Todos los días se publican noticias con sucesos que no se diferencian de los capítulos de ese filme. Por eso tuvo tanto éxito y fue vista por millones. La violencia está presente, de muy distintas maneras. Y llega junto con el maltrato. Sólo en un contexto como ese pudieron darse los dramáticos acontecimientos de la cancha de Boca. No es necesario consultar con un psicólogo social para indagar sobre qué se requiere para revertir esa tendencia destructiva. Se necesita mucho, pero por sobre todo, años de confiabilidad de unos con otros, de sentir que la conducción presidencial no se equivoca, de crear trabajo decentemente remunerado para todos los que lo necesitan, de estimular el estudio, de premiar el esfuerzo individual y colectivo, de cambiar el sistema educativo enfocándolo hacia las necesidades del presente, de aportarle al ciudadano seguridad, segura protección de salud, una vida menos tormentosa y tan azarosa como la actual. Toda una movida frente a una sociedad que muestra ceguera y sordera desde hace añares y, por el momento, incapacidad de reacción.
Los discursos de los candidatos presidenciales que quieren cambiar nuestro futuro no se diferencian en demasía unos de otros. Las propuestas frente a la crisis de enormes dimensiones, política, social y económica, tienen escaso vuelo o son impracticables, o se acercan a especulaciones o fantasías. Prometen el paraíso. Pero el paraíso no se conseguirá tal como marcha el proceso rumbo a diciembre.
El lunes un candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires del Partido Renovador, Francisco de Narváez, logró atravesar el manto de idealizaciones de sus colegas en la carrera por los votos y aseguró que no hay salida si no se firman acuerdos entre diferentes partidos, parlamentarios o de manejo del poder, si no hay consensos de todo tipo y buena voluntad de las partes. La propuesta de De Narváez no se diferencia mucho de las de algunos politólogos que pronostican: sin ponerse de acuerdo los partidos, seguirá reinando el kirchnerismo-cristinismo de algún modo, directa o indirectamente, o el nuevo presidente puede ser barrido por la ola de descontentos a fines del primer semestre de gestión.
En estos días todo es frágil. No sólo por el caso Nisman o por la arbitraria y perversa arremetida contra el juez Carlos Fayt de la Corte Suprema, la Justicia está en el tembladeral. El garantismo, el falso principio “progresista” de que el criminal es un producto de la sociedad ha ganado a muchos jueces. Tuvieron que salir los legisladores Patricia Bullrich y el senador Jorge D’Onofrio este lunes a exigir sentido común y juicio político a los magistrados que redujeron la pena del abusador de un menor de seis años. Los responsables son los titulares de la Cámara de Casación Penal Bonaerense Benjamín Sal Llargués y Horacio Piombo. Firmaron una aberración cuando aseguraron que el niño tenía “ tendencias gay”. El propio ministro de Justicia de Buenos Aires, Ricardo Casal, lo calificó de “escándalo jurídico”. Declaró Casal con afán aclaratorio: “Tanto el viejo como el nuevo Código Penal que comienza a regir en agosto expresan claramente que todo menor de doce años es incapaz absoluto, carece de cualquier tipo de voluntad y de acción y decisión sobre su persona o terceros”.
No se duda de que el fallo será cuestionado ante la Corte Suprema Provincial. Pero, de todas maneras, que haya sucedido lo que sucedió es propio de un país fuera de foco.
Faltan más datos para describir los acontecimientos diarios. El narcotráfico, por ejemplo, se insertó definitivamente en la estructura social y productiva en la Argentina. Según el reciente informe de la Universidad Católica Argentina, medio millón de hogares presenta problemas de adicciones de todo tipo. El consumo problemático de alcohol es el principal flagelo en las familias, seguido de la ligazón de mayores, adolescentes y menores a la adicción a las drogas ilegales. La marihuana -explica el relevamiento- es la sustancia de más “fácil acceso”. Seis de cada diez jóvenes afirmaron que tienen amigos que consumen marihuana y tres de cada diez que conocen a quienes se valen de la cocaína. No pocos expresaron haber consumido distintas drogas en el último mes. Estas muestras se asemejan a las de los países donde predomina el narcotráfico que le hace frente al poder político, al propio Estado. En la Argentina está faltando Estado para hacerle frente al negocio.
¿Qué dice a todo esto el oficialismo? Fernando “Chino” Navarro, precandidato a la gobernación de Buenos Aires por el Frente para la Victoria, aseguró en un programa de televisión: “No hay narcotráfico sino narcomenudeo”. Se defendió: “Este gobierno hizo mucho contra la violencia, la inseguridad y la droga, construyendo equidad”.
¿Equidad con el 26% de la población inserto en el universo dramático de la pobreza? ¿Contra la violencia, en una administración donde la presidenta habló con cariño y hasta respeto de los barrabravas, asegurando que son “buenos muchachos apasionados”? Los mismos barrabravas que tiraron elementos tóxicos a través de la manga contra el equipo adversario, dispuestos no sólo a herir sino a destruir.
DANIEL MUCHNIK
Periodista y escritor. Miembro del Club Político Argentino
DANIEL MUCHNIK