Pa’l Alto Valle
Yo vengo desde aquel lao, por donde el sol aparece, de un pago en que el trigo crece y también pasta el ganao, y al Alto valle he llegado donde el manzano florece. ……………………………………. Ha sido largo el camino para llegar hasta aquí y andando y andando oí que al viento a veces se suma lejos el grito del puma y el bramar del jabalí. ………………………………………….. He cruzao también lomadas con profundos cañadones, donde el agua, en ocasiones, en que le da por llover, tormentosa en su correr, junta a la arena en montones. ……………………………………………. Y, finalmente, al llegar, desde la altura yo vi, Imponente desde allí, un valle de maravilla. ¡Pucha!… No es cosa sencilla explicar lo que sentí. Es un tajo colosal que abre el vientre de la tierra, y a este paisaje lo encierran las altas bardas, señores, con sus cambiantes colores, que aquí le llaman “la sierra”. Chicoteando entre verdores, es látigo ‘e plata el río, que allá en los Andes bravíos, nació en las eternas nieves, pa’ que en su camino lleve fecundante poderío. Se extiende la geometría de los cuadros de frutales, en acequias y canales se miran las arboledas y hay un rumor de alamedas en los caminos rurales. Sinfonía natural de agua que canta en las tomas, panal de luz que se asoma tremolando entre el follaje y brisa que en su mensaje trae de la flor el aroma. Viñedos y manzanares, el peral y el duraznero, cultivados con esmero, obra del tesón humano; pa’l chacarero, mi mano, y un recuerdo pa’l pionero. Con las bodegas, cuidao: yo probé un vino güenón, me pareció livianón y capaz que me he pasao, pues salí medio ladeao y medio sin dirección. Cisnes, patos, gallaretas, con su bullicio animal, y, en la hora nocturnal, en un dormido remanso, la luna toma descanso enredada en el juncal. Y madre naturaleza, cuando el calor se sosiega y el otoño ya nos llega, deleitando nuestros ojos, de amarillos, ocres, rojos, su paleta nos entrega. Amigos, vengo de un pago al que siempre le he cantao, pero aquí yo me he asentao, y así, en la ocasión presente, a este pueblo y a su gente mis versos les he dejao. Eduardo Rodríguez