PALIMPSESTOS: El Mississippi




Los ríos fueron y serán esenciales en la historia de los pueblos. Inevitablemente muchos de esos ríos también tienen una tradición literaria, aunque no todos; o si la tienen uno no la conoce, ya sea porque su literatura no es prestigiosa y por ende no llega a determinados mercados editoriales, o bien porque su lengua es minoritaria y existen pocas traducciones, y... las causas de este vacío pueden ser numerosísimas.

Sí hay un río que tiene una larga tradición literaria, el Mississippi. Sus aguas son una espina dorsal de Estados Unidos a lo largo de casi cuatro mil kilómetros. En su desembocadura, en el golfo de México, forma uno de los deltas más grandes del mundo. Su historia está unida no sólo a lo literario sino también a lo musical. Es el río del blues y del jazz.

Y es el río de Mark Twain (1835-1910), el célebre autor de dos grandes novelas sobre el Mississippi: Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Aventuras de Huckelberry Finn (1884).

El río apenas lo vislumbrábamos en los grabados que acompañaban las novelas de la célebre colección Robin Hood. Durante muchos años el Mississippi fue para mí un río de la imaginación, hasta que lentamente fue corporizándose en enciclopedias, textos geográficos y hoy con su patente realidad que llega desde la pantalla de la computadora.

Pero volvamos a este escritor sureño tan influenciado por el río en su obra y en su vida, ya que fue piloto de los conocidísimos barcos de vapor, experiencia que será descripta en un texto autobiográfico titulado Vida en el Mississippi (1883). Además utiliza como seudónimo una expresión que usan los marinos para indicar el calado mínimo de navegación en el río. Sin contar el conocimiento y el uso realista de los varios dialectos que se hablan en sus riberas.

Tom Sawyer es un personaje del que no me interesa hablar desde mi competencia letrada; de él hablo desde el recuerdo, desde la nostalgia, porque Tom es el niño que todos hubiésemos querido ser en nuestras siestas patagónicas, lejos de los ríos, zaheridos por el sol y picados por el viento.

El niño salvaje y aventurero, que desdeña las obligaciones y aprecia a sus amigos, el niño cuyo ingenio nos asombraba y nos hacía reír. El niño de un mundo que imaginábamos perfecto y del que nosotros -ya con un esbozo de vello en la cara- lentamente nos íbamos despidiendo.

Varios años pasan hasta que Mark Twain escribe la vida del amigo de Tom, llamado Huckelberry Finn. El tono ha cambiado y es el propio "Huck" quien cuenta su historia; ya no es una obra tanto para jóvenes, sino que la intención de Twain va más allá y se propone desde la mirada del muchacho dar una visión crítica sobre la sociedad estadounidense, sobre todo la sureña.

También aquí el Mississippi tiene una preponderancia central y moldea el habla y las costumbres de sus pobladores. Sobrevuela en sus páginas un tufillo a desencanto, a confianza perdida.

Mark Twain escribirá muchas obras, tendrá fama y poco dinero, vivirá en el Este rico; y sin embargo son estas dos obras las que lo han salvado para la posteridad, las que siguen vigentes, como el río que cruza por sus páginas.

 

NéSTOR TKACZEK ntkaczek@hotmail.com


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