Patagones: sin consuelo y pocas respuestas
Hoy se cumple una década de la tragedia de la Escuela Islas Malvinas. Todavía hay mucho dolor y faltan reacciones estatales
A 10 años de la masacre
El tiempo ha pasado, pero la comunidad de Patagones sigue llorando a sus víctimas de la masacre en la escuela Islas Malvinas aun cuando hoy se haya cumplido una década, y existen heridas abiertas.
En el establecimiento repican las insistencias para mantener fresca la tragedia ocurrida en la mañana del martes 28 de setiembre de 2004 cuando el joven Rafael “Juniors” Solich empuñó una pistola para acribillar a balazos a tres compañeros y dejar malheridos a otros cinco.
Ese día fallecieron, Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda; quedaron malheridos por proyectiles de la Browning 9 milímetros Natalia Salomón, Pablo Saldías, Verónica Cazasola, Nicolás Leonardi y Rodrigo Torres.
Para este aniversario, el aula de 1° B donde ocurrió el tiroteo, luce distinta y fue convertida en sala de reuniones. La sangre en las paredes aparece derretida por la acción de una segunda pintura, merced a un trabajo de albañilería que le dedicaron algunos alumnos, quienes hoy pasan por el establecimiento.
En uno de sus laterales, se muestra -como si fuera un rollo de película- una línea sucesoria de “hitos relevantes de nuestra escuela”. Refleja los comienzos en 1962 como una escuela profesional, consignan varios actos más, y luego el calendario en franja horizontal remarca la tragedia y todas sus acciones refractarias como la creación de un mural para “Asumir el dolor”, el diseño de la primera bandera universal de la paz, la “Caravana de la paz”, la “Galería de la paz” en 2011, y el acto de nombramiento al aula en “Honor a caídos en Malvinas”.
En el edificio cambiaron los públicos. Hay nuevos docentes y nuevas generaciones de adolescentes. Tanto los profesores como integrantes de la actual matrícula escolar -algunos recién estaban en preescolar o el primario 10 años atrás-, entienden la tragedia y como una historia más de la escuela; y en las conversaciones prefieren compartir sus propios sueños y proyecciones personales.
Como si fuera un mal necesario, la comunidad se vio parcialmente beneficiada tras la conmoción. El hospital Pedro Ecay, que en ese momento no tenía demasiados servicios, cuenta con Terapia Intensiva. La comuna consiguió -con una inversión de 10 millones de pesos de los estados Nacional y Provincial- iniciar los trabajos habilitándose parcialmente un complejo deportivo y recreativo para que los adolescentes puedan recibir contención. Logró montarse, con resultados poco comprobables, un gabinete interdisciplinario denominado Equipo Distrital para Trabajo con Infancia y Adolescencia en Riesgo Socioeducativo (Edia); sin embargo el partido de Patagones cuenta todavía con un servicio de Justicia pleno lo que hace que numerosas causas tengan que ventilarse en Bahía Blanca.
Respecto de los sumarios, la ministra de educación bonaerense, Nora De Lucía, explicó a “Río Negro” que los sumarios a los docentes -incluyendo a integrantes del equipo pedagógico- “están transitando la última etapa de tribunal de disciplina. Cuando se le insistió en que pasaron 10 años, volvió a reiterar que faltan detalles en ese ámbito. Cuando se le pidieron precisiones sobre reparaciones del Estado se limitó a señalar que “se otorgará un subsidio”.
“NO FUE UN HECHO ESCOLAR”
Gisella González, como secretaria general, en Patagones, del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba); fue quien en su momento puso la cara. Lo ocurrido ese día “atravesó a todos los niveles de Patagones, fue muy impactante y ‘shockeante’; y sabíamos que no es un hecho escolar entonces no era cuestión de cuidar corporativamente a los docentes, sino de preservarlos y de los pibes que seguían en esa escuela, y en otras”.
El caso “nos atravesó como una flecha, tuvimos que ser muy fuerte para soportar tanta agresión (de la prensa nacional)” y lamentablemente “si no fue un hecho escolar, no hay a quien hacerle juicio” y además “con los familiares no se discute porque no hay posibilidad alguna de racionalizar el dolor”; sostuvo.
La docente evaluó que la única forma de salir adelante fue “responder con proyectos pedagógicos, había que anillar a la escuela desde lo pedagógico e institucional, y desde todos los niveles”.
Recordó que en el medio de todo esto hubo bajezas institucionales. “Tuvimos que generar anticuerpos y había ‘caza de brujas’ (hacia los docentes), y a excepción de (el entonces ministro de Educación, Mario) Oporto, los cuadros intermedios (de esa cartera) estaban pendientes de que (el hecho) no les afectara su cargo”, afirmó.
Concluyó que en “La Dirección General de Escuelas está en deuda porque está el dictamen (de los sumarios) y no quiero darlo, y hay que destacar la dignidad de los compañeros” involucrados en los sumarios.
“NO TUVIMOS RESPUESTA EN 10 AÑOS”
Marisa Santacruz y Tomás Ponce, son los padres de Federico, uno de los acribillados a balazos, y que en esta década se vienen encargando de enarbolar la bandera del recuerdo permanente.
Sostienen a 10 años que “hay muchas asignaturas pendientes más allá de que en esa escuela se pueda trabajar sobre el tema, pero desde Educación están todas las asignaturas pendientes porque no se trabajaron consecuencias”.
Marisa reflexiona que “se siente el mismo dolor desde 2004, que uno aprende a disimularlo, pero parte de lo que pasó es irresponsabilidad desde Educación, sobre todo porque eso no se trabajó nunca el tema”.
Tomás coincide en que “la pena es la misma, tal cual de los primeros meses, y uno aprende a disimular dado que no se puede compartir la mochila con estas piedras tan pesadas, uno comienza a disimular y siempre debemos poner una sonrisa aunque desde adentro te estés muriendo”.
Sobrellevando, compungidos el caso, cuentan que esta tragedia “es algo no se puede contar ni escribir en un papel, nuestros amigos que nos fortalecen los que conocieron a ‘Fede’ nos llego este tsunami, nos bloqueó, nos hizo pelota con eso aprendes a vivir”.
Agregan que los amigos “son una masa” por el sostén afectivo y de apuntalamiento, y con ellos “vas haciendo experiencia como para afrontar la situación” porque esto “produce mucha rabia que no te deja vivir” en virtud de que “la Justicia jamás tuvo una respuesta”.
Reafirman que “no llamaron a nadie a declarar, nunca tuvimos novedad como para decir que se pusieron a trabajar” y por otro lado “nunca encontraron a la familia Solich (padres de Juniors) como para llamarlo a declarar por el uso del arma, las cédulas de citación las ‘cajonean’ porque no los encuentran, con lo cual la Justicia va a contramano” aún cuando “el padre percibe un sueldo de Prefectura Naval”.
Plantean que “acá lo que quieren hacer ver es que está todo bien, como nos dijo en su momento (el gobernador bonaerense, Felipe) Solá que esto ya pasó…….es un momento………(y para los Ponce)…..un cretino total…., lo cual te ponen más piedras”.
Luego cargaron contra las autoridades y docentes del establecimiento, y sobre quienes pesan ocho sumarios, sin emnargo para los Ponce “están frenados”.
Observaron que a la directora y a la preceptora “les dieron ascenso”, y el profesor de ese horario (fallecido años después fuera de la ciudad), tendría que haber estado preso porque ese día debió estar en el aula y no “tomando mate y hablando por teléfono (oficial) en la sala de Preceptoría con un pariente del Sur”.
Concluyeron en que “fueron todas barbaridades porque los chicos estaban solos, y le dejaron el camino a Junior para que haga lo que quiera, si no se le hubiera trabado la pistola en el segundo cargador, hoy estaríamos hablando de 20 o 30 muertos, si hasta le disparó al kiosquero (Vicente Sofi).
RODRIGO TORRES Y LOS OLVIDOS
Hoy a 10 años, y a la distancia temporal, Rodrigo Torres cree que “se ha tapado mucho, se ha escondido todo debajo de una alfombra….es como que acá no pasó nada, hay personas…. olvidadas, y creo que no sirvió de mucho”. Es uno de los cinco sobrevivientes de aquel día, que los llevó a estar internado en el hospital Zatti de Viedma como producto de las heridas recibidas.
Menciona amnesias. Para él, los omitidos son “las víctimas y la sociedad”, pues a su criterio “afectó a muchas personas, a la ciudad de Patagones, y por eso afectó a nosotros y a la sociedad” por ser la “primer masacre en América Latina por ahí los que hacemos es naturalizar la violencia”.
Hay insistencias de su parte: olvidos y falta de memoria, porque “me paro acá y miro para atrás y a mi alrededor, y puedo decir no sirvió , se ha olvidado decís pasó, laburemos sobre lo que paso, laburemos, y creo la violencia en las escuela las ves, creo que se olvido………”.
De acuerdo a su visión, hay que “llegar a concientizar en las escuelas”. Puso como ejemplo la invitación que recibió de un establecimiento educativo de la vecina localidad de San Javier, y que si bien hay olvidos, se sintió bien en contarle a los chicos y poder -en parte- digerir la violenta situación con sus amigos del grupo católico Fragua.
En la actualidad, este grupo, Dios, su familia y los amigos; son sus principales pilares para sostenerse. “Gracias a ellos, creo que si se puede seguir adelante”, apunta. Asimismo, se muestra agradecido por una gran cantidad de presentes que recibió en estos años de gente que se acercó solidariamente desde distintos puntos de la Provincia de Río Negro.
En cuanto a la contención institucional que debió procurar el Estado bonaerense, éste faltó a la cita. “Tuve más contención de Río Negro que de Buenos Aires, el hospital (Zatti) de Viedma me ofreció una psicóloga (cuando estuvo en su Terapia Intensiva), y (después de esto)……..mi mamá, la psicóloga y la fe; fueron los tres pilares para salir adelante”; asevera. Tampoco suelen llamarlo de la escuela. Lo tiene hablado con su psicóloga. Se ha acercado al edificio de calle San Lorenzo por iniciativa propia. A veces pide sentarse en una silla del aula y quedarse a meditar. Con el tiempo decidió concluir el secundario en Viedma, trabajar en la administración pública rionegrina y compartir un coro. Suele estar en contacto con Nicolás Leonardi, quien estudia en Buenos Aires, y Marcelo Ancella; otro de sus compañeros que salió ileso.
DeViedma