Perú defiende su Constitución

Por Redacción

COLUMNISTAS

La posibilidad de contar con una honesta alternancia en el poder político es uno de los requerimientos esenciales de los países democráticos no siempre comprendidos. A su vez, los líderes autoritarios son quienes encuentran toda suerte de mecanismos para intentar aferrarse, todo lo que pueden, al poder. Esto es todo lo contrario de la alternancia, es obvio.

Hay distintas fórmulas, todas perversas, que se utilizan para tratar de permanecer el mayor tiempo posible en el poder y evitar o frustrar la saludable alternancia.

Una de ellas es la de los políticos que operan constantemente “en yunta”, cual socios. El ejemplo más claro de esto es el de Vladimir Putin y Dmitri Medvedev, en Rusia, quienes se alternan rotando entre ellos como presidente y primer ministro de su país reiteradamente.

Otra, más latinoamericana pero también cínica, es la de conformar un “matrimonio político” cuyos dos cónyuges actúen de la mano, subiendo los escalones hacia el poder conjuntamente, uno tras otro, secuencialmente, de modo que nadie interfiera con el traspaso constante del poder que se pretende del uno al otro, para lo cual usan -y abusan- los recursos públicos y transforman la acción de gobierno en una suerte de permanente campaña publicitaria con el dinero de los demás, obviamente. Ocurre en Perú, como en la Argentina, y también alimenta las ambiciones de una poderosa senadora en Uruguay.

En Perú, sin embargo, esto no es posible. Existe una norma protectora del espíritu de la Constitución y de la esencia de la democracia que no permite en modo alguno ser candidata presidencial a la esposa de Ollanta Humala; que le impide, concretamente, ser candidata (como algunos creen que desea) en las elecciones presidenciales previstas para el 2016.

Me refiero al artículo 107 de la llamada “Ley Orgánica de Elecciones”, que impide postular “al cónyuge y a los parientes consanguíneos dentro del cuarto grado y los afines dentro del segundo, del que ejerce la presidencia o la ha ejercido en el año precedente a la elección”. Sabia. Prudente. Y refrescante, por cierto.

Por esta norma Nadine Heredia no puede aspirar -en modo alguno- a coronarse presidenta de Perú ni postularse, en defensa del antes referido espíritu de alternancia ínsito en las democracias.

Para imitar, por cierto, a la luz de nuestra experiencia política reciente y sus conocidas penurias.

EMILIO J. CÁRDENAS

Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS