Pettinato hizo reír a los neuquinos





MARÍA PÍA mENDIBERRI pmendi@rionegro.com.ar

NEUQUÉN (AN).- Jóvenes, grandes y más grandes. Tacos, botas, zapatos y zapatillas. Peinados cuidadosamente acomodados y otros descuidadamente desacomodados. Todo eso y mucho más se pudo ver el viernes por la noche en la fila de gente que esperaba ansiosa para ver al multifacético Roberto Pettinato y su show de stand up, “¡Me quiero portar bien!”. Eran las 22, las luces se prendían y se apagaban, pero el ex saxofonista de Sumo se hacía esperar. Cuando los silbidos empezaban a aparecer, las luces se apagaron por completo, se abrió el telón y ahí apareció él. Vestido con un traje brillante y con una bata de baño por encima de la ropa. “Boludo, me escapé, me escapé lejos. Me traje la bata porque estoy en el mismo hotel. Es como estar en mi casa pero con más gente”, gritó Pettinato cargado de entusiasmo ante el delirio de la gente por verlo arriba del escenario. Las risas del público no se hicieron esperar y continuaron hasta el último minuto. Luego de quitarse la bata para lucir su vestimenta, el conductor de televisión dijo “claro, si no soy yo, les queda Dady Brieva o Gasalla”, exagerando su incredulidad respecto al interés del público en ver su espectáculo. En un show en el que el contacto y el diálogo con la gente fue moneda corriente, “Petti” no se privó de nada y dio una lección de ese humor inteligente, irreverente e incorrecto que lo define. Como se esperaba, lejos estuvo de cumplir con el título de su obra. “¿Qué tipo de show quieren?”, preguntó Pettinato en los primeros minutos de la noche. Y sin dejar tiempo a que su público meta bocadillo, sentenció “voy a hacer el del tipo: me chupa un huevo”. En lo estructural, el espectáculo comenzó con la parodia de su viaje en avión a esta capital y la pelea con la azafata que lo obligaba a enderezar su asiento, abrocharse el cinturón de seguridad y apagar el celular. Luego, o mientras narraba la historia del avión, bromeó sobre Neuquén, los neuquinos y todo lo que se le ocurrió sobre esta parte del mundo. También fueron blanco de los chistes de “Petti” la Iglesia, la Biblia y personajes del mundo del espectáculo, la farándula y la política. Además, hizo desternillarse al público con anécdotas sobre sus vacaciones en México junto a su esposa, Karina, y su pequeño hijo Lorenzo (“el cuatro”, como lo definió “Petti”). Poco importa, a fin de cuentas, cuanto hubo de preparación y/o de improvisación en su monólogo. De todas forma quienes pagaron su entrada se fueron felices de ver el fluir de la mente de Pettinato en estado puro. El reloj dio las 23:50 y “Petti” se fue del escenario para abrirle paso a una pantalla donde apareció el impertinente Gato Verdaguer para contar esos chistes que en televisión no le permiten contar. El broche de oro fue la reaparición de “Petti”, esta vez en compañía de su saxo. Y así cerró la noche con cinco minutos de lo mejor de su música.


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