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Redacción

Por Redacción

• “La Federal nunca hizo una autocrítica pública por sus ejecuciones sumarias, repetidas infinitas veces desde los tiempos de la colonia. Jamás pidió perdón por las represiones masivas de trabajadores, por su tradición torturadora ni por su entusiasmo para entregarse a las manos del poder de turno como herramienta de persecución política. Ni siquiera lo hizo cuando terminaba la última dictadura, cuando los jefes de las FF. AA. salieron a reconocer los crímenes del pasado”.

• “Por el contrario, la Federal tomó la decisión de no depurar a los peores asesinos y torturadores que cobijó durante la represión. La gran mayoría de ellos se jubiló cuando quiso y mantuvo su estado policial aun en retiro. Sus casos salieron a luz por escraches y por denuncias de organismos de derechos humanos, a pesar de que más de 170 oficiales ya figuraban desde 1984 en los listados de represores de la Conadep. Algunos incluso recibieron ascensos durante la democracia. Como el oficial Adrián Pelacchi, destinado en los años de plomo en la temible Superintendencia de Seguridad Federal y hasta condecorarlo en 1977 por ‘abatir a un delincuente subversivo’ de dos balazos por la espalda: no solo llegó a comisario sino que incluso fue, entre 1994 y 1997, jefe de la Federal”.

• “La fuerza jamás entregó a ninguno de aquellos hombres. Tampoco a los que siguieron actuando como si los tiempos oscuros no hubieran terminado, como el comisario del caso Bulacio, Miguel Ángel Espósito. A la mayoría los proveyeron –los proveen– de asistencia legal gratuita, salario y jubilación hasta que algún tribunal ordenó lo contrario. Cuando lo ordenó. Porque tanta impunidad no es posible si no es con la complejidad ciega de una Justicia que, salvo excepciones, siempre prefiere pisar pies descalzaos antes que arriesgarse a tropezar con un borceguí policial”,

(Rolando Barbano –40– es jefe de la Sección Policiales de “Clarín”. Tiene una dilatada carrera académica en el campo de la comunicaciones e interesante periplo como investigador de historia en el género del delito y lo policial. Junto con sus colegas Ricardo Canaletti y Héctor Gambini publicó, en el 2001, “Crímenes argentinos: alguien va a pagar por esto” y con el primero de ellos, en el 2009, escribió “Todos mataron. Génesis de la Triple A: el pacto siniestro entre la Federal, el gobierno y la muerte”).


• “La Federal nunca hizo una autocrítica pública por sus ejecuciones sumarias, repetidas infinitas veces desde los tiempos de la colonia. Jamás pidió perdón por las represiones masivas de trabajadores, por su tradición torturadora ni por su entusiasmo para entregarse a las manos del poder de turno como herramienta de persecución política. Ni siquiera lo hizo cuando terminaba la última dictadura, cuando los jefes de las FF. AA. salieron a reconocer los crímenes del pasado”.

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