Poesía

Redacción

Por Redacción

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MARíA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com

Las paredes de nuestras ciudades se han vestido de poesía. No deja de asombrarme la magnífica simpleza de la idea: sacar la poesía de los espacios cerrados –libros, bibliotecas– y compartirla para todo el mundo. Enorme. Ya son suficientemente conocidos a través de entrevistas periodísticas. Hombres y mujeres que aman esta expresión artística propiedad, parecía, de pocos. Este concepto que podría caracterizarse de elitista se da contra la pared –literalmente– de frases cortas, impactantes, de alto valor literario, de música propia, esa música que paren las palabras cuando están hermosamente hilvanadas. Antes de hacer pública su obra a través de la prensa, “Acción Poética” ya había cumplido su cometido directamente vistiendo paredones estratégicos. Yo los puedo ver en Neuquén, usted seguramente los habrá disfrutado en otros lugares. Porque este movimiento atraviesa las naciones, circula por los pueblos, es tomado por quienes tengan algo hermoso, sentido, que decirnos. Desde su nacimiento en Monterrey –México– en 1986, se ha desarrollado al menos en toda América. Yo los noté desde hace unos meses, en Neuquén. Los vi trabajar en una calurosa tarde de verano, en un enorme paredón que encuentro camino a mi casa. Pasamos en el auto, mi hermana Margarita y yo, y vimos al numeroso grupo de gente, toda con remera blanca, pintando algo. Letras enormes, tarros de pintura chorreando blanco y negro, mate circulando. *** Hasta ahí, nada especial: el tal paredón está permanentemente horadado de mensajes políticos, declaraciones de amor, proclamas varias… seguimos viaje. Recién al día siguiente vi la pintada completa. Impactante: “NO TENÍA QUÉ PONERME… Y ME PUSE FELIZ”. Y pequeña, discreta, intrigante, la firma: “Acción poética Neuquén”. Luego encontré mucho material en internet, experiencias en muchos lugares, fotos hermosas de palabras hermosas… usted también puede hacerlo, guglea “acción poética” y listo. Cada vez que paso por ese paredón, y es muy seguido, voy deletreando como si fuera a la escuela, a la sombra de la ene o la pe, los enormes puntos suspensivos o la efe, hasta despedir a la zeta. Y cada día agradezco a otros invisibles pintores de temas varios, que respeten la preciosa frase, la poesía hecha calle, tomando la calle. Quizás suscite, como me pasa, ese impacto agradable, esa caricia que es el hilado de palabras hechas poesía, y entonces no se toquen, y puedan formar parte de nuestro paisaje urbano. Este paisaje, que es una torturante postal de vehículos y gentes sin contacto más que el agravio de pasar rápido, y también de amables árboles, de parejas tomadas de la mano, de corazones atravesados en una pared y leyendas elementales de amores encendidos, de perritos paseados al atardecer, ahora luce de fiesta.


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