Chubut: una ciudad golpeada y una disputa sin fin entre el Gobierno y la Justicia

Un nuevo crimen conmociona a Comodoro Rivadavia. El ministro de Seguridad responsabiliza a jueces y fiscales. “Si miran para otro lado esto va a seguir”.

Por Carlos Guajardo

Comodoro Rivadavia es una ciudad que sangra. Por la pareja de jubilados desaparecida en octubre del año pasado. Por el nene de 4 años muerto por los golpes que recibía en su cabeza por parte de su madre y su padrastro. Por los asesinatos que generan los enfrentamientos entre familias y vecinos que llevan en el medio el sello de la droga. Ya hubo 8 en lo que va del año.

Pero también tiene otras heridas. Las que generan el enfrentamiento entre el poder político y la justicia. Peleas que llegan después de los hechos. Nunca antes. Es como llorar sobre la leche derramada. Es no alcanzar las soluciones de fondo que necesitan sino quedarse bien lejos de ellas.

El último asesinato fue este martes 19 de mayo. Mariana Soledad Calfuquir estaba en el momento equivocado y en el lugar equivocado. Todavía no está claro porqué acompañaba a Luis Damián Uribe, un personaje de frondosos antecedentes delictivos e inmerso en las crueles y fatales batallas entre bandas y familias. Para él eran los disparos que partieron desde otro vehículo y casi todos dieron en la cabeza de Mariana. Murió en el acto, como informó diario RÍO NEGRO. Tenía dos hijos y estaba embarazada de un tercero. Uribe resultó herido y lo trasladaron al hospital. Cuando estuvo en condiciones de declarar, dijo: “Yo no soy ningún vigilante, tengo códigos… esto lo arreglo yo”. Patético.

“Pedimos 36 allanamientos y nos habilitaron 11. Así no se puede trabajar y nunca vamos a parar esto. En la ciudad hay revancha tras revancha. La justicia lo sabe y mira para otro lado. Una de las casas que iba a ser allanada era la de Uribe, integrante de uno de los grupos antagónicos que está regando de sangre la ciudad. Y aquí hay responsabilidad de jueces y fiscales”, le dijo a RÍO NEGRO el ministro de Seguridad de Chubut, Héctor Iturrioz.

Detrás de él salieron otros soldados del gobernador Ignacio “Nacho” Torres con las mismas críticas. Esta vez el gobernador prefirió quedarse en silencio. Pero los que no se quedaron callados fueron dirigentes de la oposición. Un caso, el de Federico Massoni, controvertido exministro de Seguridad y potencial candidato a algún cargo (el que caiga) en algún partido (el que caiga) para las elecciones de 2027.

“Es una barbaridad lo que está ocurriendo en Comodoro en cuanto al enfrentamiento entre bandas. Y también lo es el suicidio del joven sargento de la policía provincial José Daniel Díaz cuyas causas representan un encubrimiento político”, dijo.

Díaz se quitó la vida con el arma reglamentaria y dejó una carta. Estaba casado y tenía dos hijos. La carta era difusa y dio para varias interpretaciones que inundaron las redes sociales con toda clase de especulaciones.

Iturrioz le respondió a Massoni y a otros dirigentes de la oposición que criticaron con vehemencia los últimos crímenes ocurridos en la ciudad. “Massoni usó la policía para beneficio propio cuando fue ministro. Es un clown de la política”. Lo trató de payaso.

El crimen de Mariana Soledad Calfuquir se produjo tan solo algunas semanas después que el de Rodrigo Nieves (de profusos antecedentes penales) y Agustina Asencio. A Nieves lo acribillaron en su auto un día antes de declarar en el juicio por el asesinato de su hermano. Era un testigo clave. Y por el crimen hay un detenido. Agustina también murió bajo una lluvia de balas. Iba con Rodrigo. No tenía antecedente alguno.

Comodoro Rivadavia sangra. Las disputas políticas por las muertes le abren más heridas. Por ahora, nadie acercó soluciones. Habló el gobierno y habló la oposición. Y todavía falta el comunicado de la corporativa Asociación de Funcionarios y Magistrados Judiciales defendiendo a jueces y fiscales y repudiando al gobierno.

Este mal endémico se llevó muchas vidas. Y viene de lejos: En una marcha para pedir justicia por la muerte de una nena en octubre de 2013 en Comodoro Rivadavia, un joven llamado Diego Epulef llevaba una bandera reclamando por los asesinatos de sus dos hermanos y su cuñada, como producto de enfrentamientos entre bandas y familias. “Ya mataron a casi toda mi familia y en cualquier momento me matan a mí. Nos van a matar a todos”, le dijo a un periodista.

Un mes después lo balearon en la puerta de su casa. Tenía 34 años. Había anticipado su propia muerte. Pasaron casi 13 años. La muerte de Diego sigue impune.


Comodoro Rivadavia es una ciudad que sangra. Por la pareja de jubilados desaparecida en octubre del año pasado. Por el nene de 4 años muerto por los golpes que recibía en su cabeza por parte de su madre y su padrastro. Por los asesinatos que generan los enfrentamientos entre familias y vecinos que llevan en el medio el sello de la droga. Ya hubo 8 en lo que va del año.

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