Por la sequía, la generación hidroeléctrica pierde el equivalente a un año de renovables

La generación hidráulica viene cayendo a una tasa del 17% anual. De mantenerse la falta de agua, el sector podría dejar de producir 16.000 GWh en este año.




La sequía imperante en buena parte de las principales cuencas del país está generando estragos no solo en las comunidades afectadas, sino también en la generación hidroeléctrica que en dos años ya perdió más de un cuarto de sus aportes y se proyecta para cerrar este año con una caída tan grande que podría equivaler a toda la energía que se espera que en el año aporten los desarrollos renovables.

Las diversas presas y represas del país engloban una enorme capacidad de generación de energía, ya que la potencia instalada alcanza los 10.834 MW.

Si bien no es de esperarse que se produzca un aporte tan grande, los registros oficiales de junio reflejan que las represas funcionaron muy por debajo de esa capacidad, graficando así el complejo momento que atraviesan tanto los desarrollos del Litoral como son Yacyretá y Salto Grande, como también el gran complejo del Comahue que engloba a las represas de los ríos Limay y Neuquén.

A raíz de la sequía imperante, esta semana se declaró la emergencia hídrica tanto en la cuenca del Paraná, como en las cuencas del Comahue y desde la zona se busca ampliar la declaración que realizó la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) para que sea una medida de alcance nacional.

De acuerdo al último informe elaborado por la Compañía Administradora Mayorista del Mercado Eléctrico (Cammesa) durante junio las represas del país aportaron 1.770 GWh, un 34% menos que los 2.692 GWh que se habían generado en el mismo mes del año pasado y un 38,53% menos que en junio de 2019, cuando la generación había llegado a los 2.891 GWh.

Pero si se considera la generación hidráulica desde el punto de vista anual, el impacto es más notorio y da cuenta de una clara línea en picada que baja a un ritmo del 17% anual y que podría llevar a que el cierre de este año esté un 40% por debajo de la generación del 2018.

En concreto, en 2018 las represas del país aportaron 39.952 GWh al sistema eléctrico nacional, un año más tarde ese aporte cayó un 11,46% y cerró el 2019 con 35.370 GWh. Ya el año pasado la caída fue aún más pronunciada, dado que con una generación total de 29.093 GWh, la baja llegó al 17,74%.

De mantenerse los niveles de producción de este primer semestre, el año podría cerrar cerca de los 24.000 GWh generados, llevando así a que en apenas tres años la caída en la generación hidroeléctrica sea del 40%.

Si se observa el aporte de la generación hidroeléctrica en el conjunto de la matriz energética nacional el panorama tampoco es alentador, dado que queda en claro cómo ha ido perdiendo peso.

En 2018 los aportes de los ríos representaron el 29,05% del total de la energía generada en el país. Un 2019 ese nivel cayó al 27%. Y el año pasado se desplomó aún más hasta el 21,7%.

La proyección del primer semestre de este año es aún peor, y podría llevar a que al cierre del 2021 la generación hidráulica apenas represente el 17,3% de la matriz energética nacional.

En contraposición a lo que sucede con la generación hidráulica, las energías renovables van ganando espacio en la matriz energética nacional, tanto por la puesta en marcha de nuevos desarrollos como por la prioridad de despacho que posee ese tipo de energía.

Sin embargo, el desplome de la generación de los ríos es tal que si se contempla la pérdida de generación que habrá desde 2018 al cierre de este año, la caída -de casi 16.000 GWh - será el equivalente a toda la generación que en este año pueda alcanzar el conjunto de los parques renovables.

El costoso y más contaminante reemplazo de la fuerza del agua

La necesidad de reemplazar la generación hidroeléctrica seriamente afectada por las sequías con otras fuentes energéticas implica un serio impacto en el equilibrio de la matriz energética nacional.

Esto se debe a que si bien la generación hidráulica superior a los 50 MW de potencia, es decir todas las grandes represas del país, no son consideradas energías renovables, son una de las fuentes menos contaminante de producción.

En contraposición, el menor aporte de los ríos está siendo compensado con una mayor generación nuclear -a partir de la puesta a punto de las centrales existentes- y una mayor generación térmica.

En este último punto la falta de gas natural de producción nacional está haciendo por un lado que se deba importar una mayor cantidad de gas natural licuado (GNL) con un costo que tan solo para este año rozará los 1.000 millones de dólares solo en la importación.

Pero ese gas no ha sido suficiente y las importaciones de fuel oil y gasoil también se dispararon a los niveles más altos de los últimos cuatro años, disparando también el uso de carbón para la generación, elementos que son mucho más contaminantes.

Mientras la generación térmica multiplica sus costos para poder dar abasto a una demanda que tras el año de la pandemia se reactivó, el reemplazo ya sea por esa fuente de generación como por las renovables es de por sí muy costoso, ya que la energía que generan las grandes represas del país es una de las más económicas por tratarse además de desarrollos que ya están amortizados.


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