Por un presente de igualdad plena
ANA M. PECHEN (*)
El concepto de ciudadanía que se origina en la Revolución Francesa está ligado a los derechos humanos y abolió aquellas jerarquías por las cuales el lugar que los sujetos ocupaban en la sociedad estaba determinado por la naturaleza misma de las personas. Estas jerarquías naturales, según Aristóteles, establecían que el amo es superior al esclavo, el adulto superior al niño, el hombre superior a la mujer… y también que en la naturaleza de uno está mandar y en la del otro, obedecer. Han pasado tres siglos desde aquellos días fundamentales para la historia de la humanidad, los de la Revolución Francesa, y parece increíble que en pleno siglo XXI una mujer –y más aún una mujer política, la Sra. Hilda “Chiche” Duhalde– exprese que debe darse “un debate nacional si la mujer está preparada para ejercer la política per se, con sus características, con sus condiciones y convicciones, o simplemente va a acompañar el proyecto de alguien”. Resulta inadmisible, en este presente de la humanidad, que se pretenda resucitar aquellas concepciones por las cuales un sujeto, por nacer con un determinado sexo, sólo podrá acceder en su vida a un determinado lugar social y deberá someterse a una relación jerárquica preestablecida. Éste es, sin duda, un viejo concepto patriarcal que interpreta la diferencia de sexo como una desigualdad política, como una jerarquía. La igualdad política implica igual capacidad de derechos. Todas las ciudadanas nacen libres e iguales y tienen los mismos derechos. Vale la pena destacar que las mujeres ocupan el 18% de los lugares en los parlamentos del mundo y una cifra similar en lo que concierne a carteras ministeriales. La mayoría de los países ha ido incorporando, al igual que el nuestro, medidas que permitan evitar la subrepresentación femenina en los ámbitos legislativos. Más de 100 países han instaurado en los últimos 15 años políticas de cuotas para promover la representación política de las mujeres. En tal sentido, es importante resaltar una frase de Michelle Bachelet en la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe realizada en Quito, Ecuador, en octubre del 2007: “Cuando una mujer llega sola a la política, cambia la mujer; cuando muchas mujeres llegan a la política, cambia la política y, claramente, uno de los desafíos y necesidades de la democracia es mejorar la calidad de la política”. La historia testimonia la prolífica labor política de muchas mujeres libres e independientes como Alicia Moreau, Elvira Rawson, Juana Manso, Fenia Chertkoff, Julieta Lanteri, Eva Perón, Florentina Gómez Miranda y las madres y abuelas de Plaza de Mayo, entre tantas otras, cuya sola enumeración exime de toda respuesta adicional al debate planteado. En todas ellas se revela tenacidad, decisión, empeño, esfuerzo permanente y un discurso a menudo tajante y mordaz como forma de superar los múltiples escollos que debieron enfrentar. Actualmente la legislación argentina es taxativa en condenar toda forma de discriminación, incluyendo la motivada en el sexo o género. El artículo 37 de la Constitución reformada en 1994 incluye entre los derechos ciudadanos “la igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres para el acceso a cargos electivos y partidarios y se garantizará por acciones positivas en la regularización de los partidos políticos y en el régimen electoral”. También se ha incorporado al sistema jurídico nacional la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de 1979 y una abundante normativa que promueve la equiparación no sólo política sino también civil, económica y cultural en todos sus aspectos. Si bien tenemos una legislación de avanzada, aún hay que propiciar profundos cambios culturales para que la equidad de hombres y mujeres sea una realidad. No cabe duda de la capacidad y vocación de muchas mujeres argentinas para lograr este objetivo, para lo cual se necesita tanto esfuerzo y trabajo como el que protagonizaron nuestras antecesoras. Aunque parezca mentira, el gran desafío sigue siendo luchar por un presente de igualdad plena. (*) Vicegobernadora del Neuquén