«Prefiero los teatros pequeños porque la intimidad es mayor»

Por Redacción

SAN ANTONIO OESTE (Especial) Minutos antes de su presentación, Iñaki Urlezaga desenrolla su cuerpo con total laxitud sobre una de las sillas del pequeño camarín y hace girar las puntas de sus pies descalzos. En esas puntas, las marcaciones realizadas en los distintos escenarios del país -que comenzó a recorrer el 17 de este mes- parecen acumularse formando un vertiginoso pentagrama. «Este momento del día es terrible- dice señalando el reflejo de su rostro en el espejo que confirma la fatiga de las horas de ensayo- podemos charlar y tomar unas fotos, pero parado, a esta altura de la noche, no pretendan que haga nada», se ríe.

El joven artista de 32 años, que recorrió los escenarios del mundo como primer bailarín del Royal Ballet de Londres (del que se alejó hace dos años para abocarse a la creación de sus propias coreografías y desarrollarse como primera figura en el resto de Europa) reconoció qué para él «no existen diferencias a la hora de bailar en un reconocido teatro del exterior o en la sala de un pueblo, la preparación y el respeto por el escenario es la misma, claro que las adaptaciones que forzosamente hay que realizar sobre los pisos y el espacio dónde se desarrollará la danza son las que traen otras preocupaciones, pero se compensan porque justamente en esos lugares la comunicación con el espectador es mucho más directa y fluida».

Fascinado con la posibilidad de desplegar su arte a lo largo y ancho de su país, Urlezaga destacó qué «me gusta la comunión con el público en un teatro cerrado, no me convencen los 'megaeventos', en los que los espectadores sólo reciben una 'diapositiva' del espectáculo, y de todos los espacios prefiero los teatros pequeños porque la intimidad es mayor y la comunión con la gente es mágica».

Entre los logros obtenidos en su extensa carrera, que comenzó en el Teatro Argentino de La Plata, su ciudad natal, el bailarín destacó la fundación de su propia compañía de danza, el «Ballet Concierto», que creó en 1999 a los 23 años, cinco años después de su llegada al elenco del Royal Ballet, en el marco de una 'experiencia creativa'que consideró como una de las más importantes que ha materializado.

«En Argentina considero que esta compañía contribuye a brindarle un apoyo muy importante a millones de jóvenes que quieren estudiar danza y no tienen la forma de empezar, porque no encuentran la posibilidad de hacerlo solos, y acá les ofrecemos un camino para poder hacerlo. Esto es fantástico porque es una forma de generar conciencia acerca de la importancia de la formación de artistas, y además permite que pueda llevar mi danza en giras como ésta» precisó Urlezaga.

Con respecto a sus planes futuros, Iñaki manifestó que haber llevado su amor por la danza al máximo nivel «me quitó tiempo y espacio. Esta es una carrera muy sacrificada y si bien no me arrepiento no sé que haré después, porque la esclavitud a la que te somete este trabajo es tan grande que sólo quiero sentirme más libre». La última mirada del artista, sin embargo, se concentra en un sueño ligado a esa gloriosa exigencia que le impone su arte, porque Urlezaga sueña con 'seguir creando, tener esa curiosidad y esa frescura que me permita hacer cosas para seguir mostrando».


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