Prevenciones frente a un campo minado
Acerca del 50º Coloquio Anual de IDEA.
La semana económica
El 50º Coloquio Anual de IDEA, que tendrá lugar en Mar del Plata a fines de esta semana, promete transformarse en una caja de resonancia de las expectativas políticas, económicas y empresarias, no sólo acerca del arduo camino a transitar hasta el cambio de gobierno en diciembre de 2015, sino principalmente después, por lo que ya se perfila como un campo minado para la economía. Al igual que en los últimos años, no estará presente ningún funcionario del gobierno de Cristina Kirchner. Pero sí los principales precandidatos presidenciales (Daniel Scioli, Sergio Massa, Hermes Binner, Julio Cobos y Ernesto Sanz) y sus equipos de asesores económicos. En cambio, Mauricio Macri y Florencio Randazzo no confirmaron si asistirán o no. Scioli, a su vez, abrirá el encuentro en su carácter de gobernador bonaerense, lo cual le permitirá eludir el debate directo con los otros candidatos (que compartirán un panel), pero seguramente aprovechará para bajar línea política. Su caso es verdaderamente especial: pretende ser el heredero político de CFK pese al rechazo del núcleo duro del cristinismo, que busca derrotarlo en las PASO pero no encuentra un candidato con chances. Por su parte, la presencia en una misma mesa de Binner, Cobos y Sanz se perfila como otro capítulo de la interna en la alianza FAP-Unen, que viene tomando temperatura con el debate sobre compartir o no candidaturas opositoras con Massa o Macri a nivel provincial y, especialmente, a nivel nacional. Otra novedad será la presencia en Mar del Plata de dirigentes del Foro de Convergencia Empresarial, que IDEA integra junto con otras cuarenta entidades. Si bien el FCE nació este año con el declarado objetivo de comprometer a todas fuerzas políticas en la búsqueda de consensos sobre políticas de Estado a largo plazo – uno de los ejes del Coloquio-, el gobierno de CFK no tardó en colocarlo en la vereda de los “enemigos”. Por caso, algunas cámaras ya recibieron oficiosas advertencias de que el Gobierno suspendería pagos pendientes a empresas asociadas si persisten en reclamar que la Justicia declare inconstitucional la nueva Ley de Abastecimiento. Si bien los dirigentes del FCE no participarán como expositores, sus opiniones serán buscadas por los numerosos periodistas que cubrirán el encuentro de IDEA y suelen recorrer los pasillos en busca de títulos impactantes. Cada vez son más los empresarios que se animan a cuestionar en público lo que hasta no hace mucho confiaban en riguroso off the record o bien preferían callar. También se podrá comprobar hasta qué punto los precandidatos presidenciales optarán por mantener los mensajes generalistas o arriesgarán precisiones a futuro, acicateados por la polémica frase presidencial de que la oposición “asusta para ajustar”. Y que fue potenciada por un coro oficialista (incluyendo al propio Scioli) que buscó meter miedo al advertir – sin ninguna evidencia- que un gobierno opositor eliminará políticas como el ajuste de jubilaciones, la asignación universal por hijo y hasta la entrega de medicamentos contra el HIV. En realidad, fue una forma indirecta de admitir que la gestión K dejará como herencia una serie de desajustes macroeconómicos que, agravados ahora por el default parcial de la deuda, configuran desde ya la perspectiva de un campo minado. Cuando falta un año y una semana para las elecciones, ese terreno ya muestra las siguientes condiciones: • Déficit fiscal equivalente a 5% del PBI, pese a una presión tributaria récord que no deja margen para subir impuestos. • Desequilibrio externo (más demanda que oferta de divisas) que no puede compensarse con el superávit comercial, debilitado por el déficit estructural de cuatro sectores clave (energía, automotor, electrónica y turismo). • Escasez de reservas del Banco Central para afrontar los pagos externos de la deuda pública (casi 12.000 millones de dólares en 2015) y privada. • Deterioro del tipo de cambio real, tras haberse diluido la mejora de enero. • Brecha cambiaria de 70/80%. Mercados cada vez más intervenidos. • Alta emisión para financiar el déficit fiscal (unos 170/180.000 millones de pesos en 2014, el doble que en 2013). • Fuerte distorsión de precios relativos (tarifas, retenciones) y una enorme cuenta de subsidios estatales (casi 5% del PBI). • Financiamiento cerrado en mercados externos. • Alta inflación (40% anual). Pobreza (27%). Deterioro de ingresos reales. • Recesión (caída de -1,5/-1,8% en el PBI y de -4% en la inversión). • Empleo frenado (o en baja) en el sector privado. • Infraestructura insuficiente (o deteriorada), casi sin financiamiento a largo plazo. • Corrupción y “capitalismo de amigos”. Estatizaciones encubiertas de servicios públicos. • Deterioro de la competitividad (la Argentina descendió del puesto 85º al 104º en el último ranking del World Economic Forum, sobre 144 países). Aunque ningún precandidato opositor ahorra críticas al manejo económico de CFK, hasta ahora la mayoría estaba aferrado al discurso optimista y voluntarista de hace tres meses, según el cual el recambio presidencial de fin de 2015 generaría una automática mejora de expectativas que facilitaría el ingreso de divisas, el fin de los controles cambiarios, la reactivación de la economía y un gradual descenso de la inflación hasta un dígito anual. Sin ir más lejos, Massa sostuvo la semana pasada que “en 100 días se puede salir del cepo cambiario, con un modelo virtuoso que permita atraer inversiones extranjeras y volver al crédito voluntario”, en tanto que Cobos dijo que “del cepo se sale con confianza, reglas de juego claras y respeto a las leyes”. Sin embargo, los efectos del default parcial de la deuda -que casi nadie esperaba- obligaron a sus equipos técnicos a refinar diagnósticos y pronósticos. Por caso, el economista Miguel Bein -asesor de Scioli- sostuvo días atrás que el gobierno de CFK “va a tener que atravesar el desierto con dos cantimploras de agua hasta que pueda negociar a principios del año que viene” con los fondos buitre. “Hay que buscar la forma de negociar. Ni desacato al fallo, ni negociación irracional para entrar al mercado”, subrayó. Para Bein, si hubiera un arreglo con los holdouts y el país accediera los mercados internacionales, “todos los fantasmas van a desaparecer y la economía podría crecer al 5/6% anual en la segunda mitad de 2014”. En cuanto a la inflación, y ante una consulta del diario La Nación, los economistas Ricardo Delgado (Massa) y Santiago Montoya (Scioli) estiman para reducirla a un dígito un plazo de 24 a 30 meses, que Javier González Fraga (Unen) extiende a más de tres años. En cambio, Federico Sturzenegger (Macri) sostiene que se puede avanzar mucho más rápido si se adoptan políticas macroeconómicas (fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos) consistentes con ese objetivo. Con respecto a este último objetivo las coincidencias son unánimes. Pero la incógnita es cómo lo harían; sobre todo si no se logra salir del default. En rigor, que estos problemas se estabilicen o se agudicen durante 2015 depende de lo que haga o deje de hacer el gobierno de CFK. Para 2016, cuanto más minado esté el campo económico y social, habrá menos margen de maniobra para el futuro gobierno o más chances de un cambio pendular de la actual política populista e intervencionista.
Néstor O. Scibona
La semana económica
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