Reformaron un histórico bar de Neuquén, crearon su propio estudio y hoy apuestan a la construcción en seco en la Patagonia
La experiencia en proyectos comerciales, viviendas y oficinas llevó a Maximiliano Henning y Franco Ligdas a consolidar MOSH Estudio. Con trabajos en Neuquén, Cipolletti, La Plata y Buenos Aires, ahora incorporan sistemas industrializados que buscan reducir los tiempos de obra sin resignar diseño ni calidad.
La reforma integral del bar Irish, sobre la Diagonal 9 de Julio de Neuquén, fue mucho más que un proyecto para los arquitectos Maximiliano Henning y Franco Ligdas. La obra, de unos 1.200 metros cuadrados, los llevó a unir sus experiencias y empezar a construir un camino profesional propio a fines de 2020 en la Patagonia.
Hasta entonces, Maximiliano trabajaba en Neuquén y Franco en Córdoba, ambos en otros estudios. El proyecto los puso frente a un desafío compartido y abrió la posibilidad de trabajar juntos. Así tomó forma MOSH Estudio, una iniciativa que hoy reúne arquitectura e interiorismo en distintos puntos de Argentina.

Con el tiempo, el equipo amplió su actividad y sumó proyectos de viviendas unifamiliares, remodelaciones integrales, locales gastronómicos, gimnasios, oficinas y espacios industriales. «Nos acompaña la arquitecta Agustina Iglesias, que está con nosotros hace casi cuatro años, y contamos con un equipo de profesionales y colaboradores tanto en Neuquén como en Buenos Aires, que nos acompañan en distintas etapas de los proyectos», afirmaron los arquitectos.
En total, desarrollaron entre 30 y 40 proyectos, principalmente en Neuquén, Cipolletti, La Plata y Buenos Aires. La diversidad de encargos les permitió abordar distintas escalas y necesidades, desde espacios comerciales hasta viviendas pensadas en función de quienes las van a habitar.
Cómo nació MOSH Estudio y qué hay detrás de sus proyectos
En MOSH buscan abordar cada trabajo desde la idea inicial hasta su ejecución, con una propuesta que articule arquitectura e interiorismo. La distribución de los espacios, los materiales, la iluminación y los detalles forman parte de un mismo proceso, en lugar de resolverse como etapas independientes.
“Para nosotros todo empieza por escuchar. Nos interesa conocer a quienes van a habitar o usar los espacios, entender sus necesidades, hábitos y expectativas”, explicaron. A partir de esa información, buscan desarrollar propuestas que respondan a las personas y al contexto, sin repetir fórmulas.
«Creemos que hay tres pilares que definen nuestra manera de trabajar: la escucha, la identidad de cada proyecto y la integración entre arquitectura e interiorismo»,
Maximiliano Henning y Franco Ligdas, arquitectos y fundadores de MOSH Estudio.
La cartera de trabajos incluye viviendas particulares, espacios gastronómicos, reformas integrales, interiorismo, gimnasios, comercios y oficinas. Entre sus experiencias se encuentra el desarrollo de oficinas para Phoenix en Vaca Muerta, un proyecto que recurrió a una lógica de construcción prefabricada para facilitar la ejecución y el montaje en un entorno productivo exigente.
Construcción en seco: qué ventajas ofrece y cómo permite reducir los tiempos de obra
MOSH Estudio trabajó con steel frame en varios proyectos en Buenos Aires, Río Negro y Neuquén. Para el equipo, la construcción en seco ofrece alternativas para resolver distintos tipos de obras, aunque la elección depende de las características de cada proyecto y de las condiciones del lugar.
“Hay que entender que no existe un único sistema de construcción en seco. Están el steel frame, el wood frame y los paneles industrializados, entre otras alternativas”, explicaron desde el estudio. Cada opción tiene particularidades que deben evaluarse al momento de definir el diseño, los materiales y la forma de ejecución.
Uno de los puntos que destacan es la posibilidad de anticipar tareas y organizar el trabajo antes de llegar al terreno. La utilización de componentes industrializados permite planificar el montaje y controlar mejor las distintas etapas, con menos desperdicio de materiales. Esa organización también puede facilitar la coordinación entre los rubros que intervienen en la obra.
“La clave está en que el proyecto esté bien resuelto desde el principio. Cuanto más se pueda prever y definir antes de empezar, más posibilidades hay de evitar improvisaciones durante la ejecución”.
Maximiliano Henning y Franco Ligdas, arquitectos y fundadores de MOSH Estudio.
El menor tiempo de obra es otro de los aspectos que consideran relevantes, aunque aclaran que no debe confundirse velocidad con ahorro automático. La reducción de los plazos puede disminuir algunos gastos indirectos, pero también modifica la manera en que se organiza la inversión: en los sistemas industrializados, determinadas compras y desembolsos se concentran en un período más corto.
Construcción en seco en Neuquén y Río Negro
En Neuquén y Río Negro, MOSH identifica condiciones que podrían favorecer la expansión de estos sistemas, como una mayor disponibilidad de proveedores, empresas constructoras y trabajadores especializados respecto de años anteriores. Aun así, consideran que la aceptación también depende de superar ciertos prejuicios sobre la resistencia y la durabilidad.
“Durante mucho tiempo estuvo instalada la idea de que una casa de ladrillos y hormigón es más sólida que una construida en seco”, señalaron. Sin embargo, explicaron que las estructuras de acero o madera pueden ofrecer seguridad y resistencia cuando están correctamente calculadas y ejecutadas.
En la Patagonia, la elección del sistema debe contemplar especialmente las condiciones climáticas. Las amplitudes térmicas y los vientos intensos hacen necesario prestar atención a la aislación, la hermeticidad, el control de la humedad y las uniones entre los componentes de la envolvente.
“No alcanza con elegir un buen material. Hay que resolver cómo se vincula cada parte de la construcción, cómo se evita el ingreso de aire y humedad y cómo se comporta la vivienda frente a las temperaturas de la región”, explicaron desde el estudio.
Esos detalles inciden en el confort interior y en el desempeño térmico y acústico. Por eso, sostienen que una solución adecuada para una zona no necesariamente puede trasladarse sin ajustes a otra: el diseño debe responder a las condiciones concretas del terreno y del entorno.
La elección del lote tampoco requiere criterios completamente diferentes por tratarse de una construcción en seco. Como en cualquier obra, es necesario estudiar la topografía, la capacidad portante del suelo y las fundaciones. El menor peso de algunas estructuras puede facilitar determinadas soluciones, pero no reemplaza los estudios previos ni el cálculo estructural.
“El terreno siempre es parte de la evaluación. Hay que conocer sus características y definir las fundaciones que necesita cada proyecto; no se puede tomar una decisión solamente por el sistema constructivo”,
Maximiliano Henning y Franco Ligdas, arquitectos y fundadores de MOSH Estudio.
La experiencia de MOSH abarca también espacios comerciales y productivos, como las oficinas vinculadas a la actividad de Vaca Muerta, donde la prefabricación permite organizar el montaje de acuerdo con las necesidades operativas. Para el equipo, ese tipo de encargos demuestra que las soluciones industrializadas pueden adaptarse a usos diferentes de la vivienda, siempre que se planifiquen en función de los requerimientos específicos.
Una casa de 90 m²: cuánto cuesta y en cuántos meses puede estar lista
Construir una vivienda de 90 metros cuadrados, de una planta y complejidad moderada, puede costar entre 108.000 y 144.000 dólares, según las estimaciones de MOSH Estudio. “El valor por metro cuadrado se ubica entre los 1.200 y los 1.600 dólares para una vivienda terminada, con características y terminaciones de calidad estándar a media-alta”, precisaron.
Como referencia, los valores de la construcción tradicional en el Alto Valle se encuentran en un rango similar. Según datos aportados por RE/MAX, el metro cuadrado cuesta entre 1.300 y 1.600 dólares, por lo que una casa de 90 metros cuadrados puede demandar entre 117.000 y 144.000 dólares.
En cuanto a los plazos, el estudio estima que la ejecución de una casa de esas características puede llevar entre cuatro y cinco meses, siempre que el proyecto esté planificado y haya mano de obra especializada disponible.
Ese período no contempla el desarrollo del proyecto arquitectónico, la documentación técnica ni los permisos previos.
Los valores son orientativos y no incluyen el terreno.
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