Protección de leñosas
“La cáscara guarda el palo”, pero también puede ayudar reducir los riegos.
A los efectos de esta nota, voy a generalizar la denominación de “leñosas” hacia todas aquellas plantas que cubren sus troncos y ramas con un material aislante que conocemos como “corteza”. Podríamos hacer varias categorías en cuanto a resistencia al frío, pero para simplificar las voy a dividir en tres. Por un lado, agrupo todas aquellas que pierden sus hojas en otoño y entran en reposo absoluto, como son nuestros conocidos frenos, arces, olmos y plátanos (géneros Fraxinus, Acer, Ulmus y Platanus, respectivamente), entre los árboles, y “membrillero de flor” (género Cydonia) y forsitia (género Forsythia), entre los arbustos. Con ellos sabemos que no tendremos problemas con las temperaturas bajo cero. Tenemos otro grupo que, si bien conservan sus hojas durante todo el invierno, también hemos comprobado que se bancan bajas temperaturas. Dentro de los árboles, los más significativos son los robles europeos (los más comunes en nuestra región), que mantienen sus hojas secas hasta que comienza la nueva brotación primaveral, los “siempreverdes” (género Ligustrum) e incluso los nísperos japoneses (Eryobotria) y, dentro de los arbustos, los piracantas (género Pyracantha), esos de frutitos rojos que tanto usamos en los cercos. Y el tercer grupo sería el que más dolores de cabeza nos da en invierno, que es el que abarca a todos los árboles y arbustos de zonas tropicales y subtropicales. Por ser de zonas más cálidas que la nuestra su reposo invernal es “incompleto”, no pierden su follaje y su madera sigue conservando savia, o sea agua propensa a congelarse y reventar sus tejidos. CASCARA PROTECTORA “La cáscara guarda el palo”, dice el dicho criollo y viene como anillo al dedo en esta ocasión, porque es justamente la formación y engrosamiento de corteza lo que otorga protección a las temperaturas bajo cero. En nuestros inviernos observamos que las partes tiernas de los árboles y arbustos sensibles se hielan y lucen secos y sin vida en primavera, por lo que debemos eliminarlas para aliviarle el trabajo a la planta de desembarazarse de este material que no aporta nada. Una de las alternativas interesantes, es disminuir su contenido de savia reduciendo cautelosamente los riegos. Por supuesto, esta medida dependerá del tipo de planta y hay que ser prudente para no pasarse “de rosca” en mezquinar el agua… digamos que, en caso de duda, la mejor medida es mantener el suelo tirando a seco pero no más de eso. Pero indudablemente lo más habitual es envolver troncos y ramas principales con material que complemente el efecto aislante de la corteza y, en ese sentido, he visto usar con éxito la manta antiheladas, que es como un tul que permite el ingreso de aire, por lo que no se junta humedad que pueda afectar los tejidos vegetales.
Teodorico Hildebrandt eljardin@rionegro.com.ar
A
Estos ceibos (Erythrina crista-gallli), llevan ya unos diez años plantados a la vera de la Ruta 6, en General Roca. Allí están permanentemente expuestos a fuertes ráfagas de viento y a heladas, que en el 2007 pisaron los -18ºC. No obstante, envueltos en manta antiheladas, florecen profusamente en verano.