Daiana Neri: la historia de la roquense que transformó su vida gracias a la educación pública

Su mamá fue embaladora de fruta y su papá, administrativo. Fue la primera universitaria de su familia. A los 17 años se fue a la Universidad de Buenos Aires donde se recibió de politóloga. Hoy es secretaria de la Unidad Provincial de Enlace con Universidades del gobierno de Río Negro.

Por Natalia López

La historia de Daiana Neri parece una más entre tantas del interior. Pero si hacemos zoom en los detalles, aparece la fuerza de lo extraordinario, de lo que rompe el molde. Es la historia de una joven que en 1995, en medio de una provincia convulsionada por paros y escuelas tomadas, decidió que su camino no estaba en lo conocido, sino en un aula universitaria que ni ella ni su familia habían visto jamás.

Un legajo con recortes y un sueño «loco»


Daiana es «nacida y criada» en Roca, entre los barrios Bagliani y las 500 viviendas. Su infancia transcurrió en la Escuela 128 y un secundario que le enseñó de política antes que de libros: “Estábamos muy comprometidos en acompañar la lucha docente, en pedir que haya clases porque no les pagaban por meses”, recuerda sobre aquellos años de adolescencia en el CEM 9 y el CEM 1.

Daiana Neri es secretaria de la Unidad de Enlace con Universidades del gobierno de Río Negro. Gentileza.

En su legajo escolar, que su mamá guardó como un tesoro, todavía hay recortes de diario de aquella época donde una Daiana adolescente ya asomaba su compromiso social. Sin embargo, la idea de estudiar Ciencia Política en Buenos Aires sonaba a utopía. “Para mi familia era como: ‘esta chica está loca, es imposible’. Mi papá no terminó el secundario, mi mamá tampoco; no había un solo estudiante universitario en la familia”, cuenta. A pesar de tener la universidad a una cuadra de su casa en las 500 Viviendas, ella sentía que su lugar estaba en un horizonte más lejano.

El gesto del padre: un viaje a ciegas por un futuro mejor


Lo que terminó de empujarla no fue un recurso económico, sino un gesto de amor y confianza. Su padre, un hombre dedicado al fútbol y al trabajo administrativo, decidió que su hija no se iba a quedar con las ganas. Un tío, que había logrado estudiar en Entre Ríos viniendo de una familia muy pobre, fue el encargado de convencerlo: «vale la pena el esfuerzo».

En octubre de 1995, sin internet ni guías, su papá viajó a Buenos Aires con una misión que le resultaba ajena. “Mi viejo, que nunca en la vida había entrado a una universidad, se fue solo a Ciudad Universitaria a hacer la inscripción al CBC de la UBA. Volvió con el librito y el trámite hecho. Yo no sé hoy cómo habrá hecho para orientarse, pero volvió con mi futuro bajo el brazo”, relata Daiana con una emoción que el tiempo no ha desgastado.

Semanas después, el micro de El Valle paró en la calle 9 de Julio. No había terminal, solo el frío de la madrugada y la incertidumbre. “Me fui con mi viejo. Abajo quedaron mi mamá, abuelas y tías llorando, destrozadas porque decían ‘¿qué estamos haciendo?’. Tenían mucho miedo, yo tenía 17 años y era una familia que casi no salía de Roca. Pero yo me subí feliz”, recuerda.

El salto: de las pensiones al Congreso


La vida en Buenos Aires fue un curso acelerado de realidad. Daiana vivió tres años en pensiones de Microcentro, compartiendo techo con estudiantes y trabajadores que apenas llegaban a fin de mes. “Me levantaba re temprano, me tomaba el 45 para ir a Ciudad Universitaria y después toda la tarde era para estudiar. Tenía que sentarme y leer un montón, no me salía de taquito”, explica sobre esos años donde el apoyo económico llegaba desde el galpón de empaque donde su mamá trabajaba como embaladora.

«Tenía que sentarme y leer un montón, no me salía de taquito”, recuerda de su paso por la UBA.

Ese esfuerzo familiar se transformó en un ascenso imparable. Su primer empleo fue en el Congreso de la Nación, donde entró como secretaria. “Para un estudiante de Ciencia Política, entrar al Congreso era un montón”, afirma. Allí aprendió el oficio, leyéndole los diarios a los legisladores y organizando agendas mientras seguía escalando en su formación académica: becas de postgrado en Salamanca y Barcelona, estudios de doctorado entre otros.

«La educación me dio todo»


A diferencia de quienes heredan apellidos o empresas montadas, Daiana tuvo que construir su red desde cero. “Hay gente que tiene un estudio jurídico ya armado o una trayectoria familiar. Yo de eso no tenía nada, tuve que empezar de cero absoluto y la educación pública fue el único puente”, reflexiona.

Tras su paso por la gestión del PAMI, en 2024 aceptó un desafío inédito propuesto por el gobernador Alberto Weretilneck: crear la Unidad de Enlace con las Universidades. Un espacio que ella misma diseñó para que el conocimiento científico nutra las políticas del  estado provincial y las universidades se vinculen con el desarrollo de la provincia.

Hoy, su mirada sigue anclada en sus raíces: la de la hija de trabajadores que supo que el aula era el lugar donde se rompen los techos de cristal. “Creo fervientemente en que la educación salva vidas. Te abre puertas que de otro modo estarían cerradas bajo llave. Realmente, la educación pública te cambia el mundo”.

Su rol actual: un enlace con el pasado y hacia el futuro


La trayectoria de Diana Neri explica, en gran medida, el enfoque de la Unidad Provincial de Enlace con las Universidades. Su paso por la educación pública, desde que se fue de Roca a los 17 años para estudiar en la UBA hasta su regreso a la provincia, hoy se traduce en una hoja de ruta: lograr que el sistema académico rionegrino funcione en sintonía con las prioridades del Estado.

Como titular de la Unidad, el rol de Neri consiste en articular la oferta de conocimiento de las universidades con las demandas operativas de la provincia y los municipios. No se trata solo de una formalidad institucional, sino de coordinar ejes de vinculación tecnológica y extensión para que la investigación científica tenga un impacto directo en áreas como la gestión ambiental, las energías, la salud comunitaria y la transformación digital.

Uno de los pilares de esta gestión es el sistema de pasantías universitarias (bajo la Ley 26.427). Desde la Unidad se asesora a organismos públicos y empresas privadas para integrar a estudiantes de la UNCo, UNRN, IUPA, UTN y UFLO en grupos de trabajo locales. El objetivo es práctico: que el alumno rionegrino sume experiencia laboral concreta y que las instituciones aprovechen ese recurso humano en formación.

Daiana Neri durante la presentación del programa «Desafíos Rionegrinos», del gobierno de Río Negro junto al Consejo Federal de Inversiones. Gentileza.

Esta articulación se materializó en programas específicos para reducir brechas de formación, como por ejemplo la puesta en marcha una diplomatura en programación en Río Colorado para responder a la demanda de perfiles tecnológicos en la zona. Por otra parte, a inicios de abril se lanzó el programa «Río Negro Bilingüe» que ofrece capacitación gratuita en inglés para mejorar la empleabilidad en los sectores de servicios y turismo.

Días atrás, el gobierno rionegrino lanzó junto al Consejo Federal de Inversiones (CFI) el programa «Desafíos Rionegrinos». Se trata de un fondo de 400 millones de pesos destinados a financiar soluciones técnicas diseñadas por las universidades para problemas específicos del sector productivo y estatal, con aportes de hasta 40 millones por proyecto. Es, en última instancia, el uso de la estructura pública para asegurar que el conocimiento circule y se aplique en todo el territorio provincial.


La historia de Daiana Neri parece una más entre tantas del interior. Pero si hacemos zoom en los detalles, aparece la fuerza de lo extraordinario, de lo que rompe el molde. Es la historia de una joven que en 1995, en medio de una provincia convulsionada por paros y escuelas tomadas, decidió que su camino no estaba en lo conocido, sino en un aula universitaria que ni ella ni su familia habían visto jamás.

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